#Cuéntalo: Aquellos compañeros de trabajo. El primero, Carlos / La Independent / Noticias género

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Violencias - Violencia machista

La Independent continua apoyando a la campaña #Cuéntalo, iniciado por la periodista Cristina Fallarás, para denunciar los abusos y violencias de carácter sexual que sufren las mujeres a lo largo de su vida. En esa ocasión lo explica nuestra colaboradora y sindicalista Macu Gimeno.

"Tenía 23 años. Era un viernes noche y varias personas de mi despacho estábamos cenando en el chalet de una de ellas. Llevaba poco tiempo trabajando allí, así que aquella reunión me pareció una buena idea para conocernos más.

 

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Comimos, bebimos y escuchamos anécdotas con la música de fondo. Todo mi normal, salvo que cada vez tenía más cerca a Carlos, un insufrible ligón que no podía quitarme de encima.

En un momento en que fui al lavabo me siguió e intentó abrazarme. Le di un par de manotazos y conseguí quitármelo de encima. Al volver al salón comprobé que no estaba y sentí alivio. Me daba vergüenza la situación y que el resto de gente se diera cuenta de lo que pasaba. Como si yo tuviera la culpa. Lo de siempre. Me habría ido de allí, pero no conducía ni llevaba coche: tenía que esperar a que se fuera el compañero con el que había llegado. Así que me relajé y seguí conversando e intentando pasarlo bien.

Volvió, estaba más borracho todavía. Tambaleándose se me vino encima. Se me tiró literalmente. Yo en el sillón y él encima de mí. Las risas de unas y otros me dieron arcadas. Nadie parecía comprender lo que me estaba pasando. Mientras intentaba zafarme me manoseó los pechos e intentó morderme en el cuello. Pude levantar la rodilla para darle en los huevos, tenía ganas de vomitar. Al final otro compañero, Pepe, bastante más mayor que el resto, me lo quitó de encima y ya no separó de mí hasta que me llevó a casa. Me sentí imbécil, indefensa, me dio mucha rabia que tuviera que ser otro hombre quien me sacara del apuro, mientras otras chicas reían las gracias del borracho abusador.

Al día siguiente actuó como si no pasara nada. Fui incapaz de decirle nada. Pero el desprecio y el asco que sentía por él nunca desapareció. Años más tarde, si alguna vez me cruzo con él o sale su nombre en algún sitio, todavía siento sus manos sobre mí y su aliento en mi cuello y se me revuelven las tripas".