sábado 25 mayo 2024

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Bélgica: Del dolor a la organización de las madres de terroristas / La Independent / Notícies gènere

 

 

Molenbeck, un barrio blindado, desde los días de la caza a Salah Abdelslam y los atentados del 22 de marzo, es ahora el barrio más famoso de Bruselas. Situado a veinte minutos andando de las instituciones europeas, tiene unos cien mil habitantes, la mayoría magrebíes, turcos y mediorientales, que llegaron en los años Setenta, justo cuando la desindustrialización comenzaba a crear dificultades a la población inmigrante. Ahora allí el desempleo juvenil es alrededor del 50%.

 

Belgica, según Europol, con sus 450 foreign fighters, tiene el mayor numero de combatientes de IS en relación al número de habitantes; Francia, con sus 1200, el mayor número absoluto. En total, son entre los 3000?5000 jóvenes europeos que se unieron a la jihad: se trata en su mayoría de inmigrantes de segunda generación.

Uno de ellos, el belga Sabri Ben Alí, murió a los 19 años, en la primera batalla en que participó en 2013, recién llegado en Siria. Había dicho a la familia que iba a un “matrimonio islámico”, y no lo vieron más. Desde ese entonces, la madre Saliha Ben Alí decidió reunir periodicamente “las huerfanas de los niños”, las madres de los chicos que se han radicalizado y han desaparecido del mapa, sembrando o recibiendo muerte.

Sahila, como las otras madres, necesita entender lo que pasó, cómo pudo ser que un “buen chico” un día se fuera hacia un destino de violencia. Necesita ayudar las madres de los barrios de inmigrantes a prevenir y derrotar esa elección de muerte. Por eso han fundado la asociación “Les parentes concernés” (Los padres y madres preocupados) que se encuentran cada semana en el centro “Vaartkapoen” (en flamenco “Chicos malos”), para preparar actividades de sensibilización en las escuelas y en las casas.

El caso de Sabri, el hijo de Sahila, es emblemático. De niño tuvo dificultad en las relaciones con sus compañeros de colegio, por su origen y su fe, después se sintió frustrado al no poder entrar en el ejército y en los bomberos. Y un día renunció a un puesto de barrendero (despreciado por su padre), pensando “mejor terrorista que barrendero”.

En la mayoría de los jóvenes foreign fighters, más que la motivación religiosa, a veces casi inexistente, hay la rabia y frustración social, opina entre otros analistas el docente Fabio Merone, de la Universidad de Antwerpen. Aunque no siempre: la familia de Salah, por ejemplo, es acomodada.

¿Cómo enfrentar el peligro de radicalización entre los jóvenes que no se sienten ni belgas ni norteafricanos o mediorientales y buscan una identidad propia?

El problema es con frecuencia cultural y linguistico, pues en Belgica se requiere conocer el francés y el flamenco, si se busca trabajo, mientras muchos hijos de inmigrantes dominan escasamente el francés.

Que sean muy importantes las iniciativas conjuntas con la comunidad musulmana, lo afirma Annalisa Gadaleta, una profesional italiana ahora consejal de Educación en el ayuntamiento de Molenbeek para los Verdes. Desde el 94 en Belgica, había trabajado anteriormente en el sur de Italia, donde (hasta su muerte por un atendado en 1992) los heróicos magistrados Giovanni Falcone y Paolo Borsellino habían librado una batalla cultural contra la silenciosa complicidad de la población con la mafia.

Esa misma batalla cultural es necesaria ahora en Europa: sin embargo el “Plan Canal”, un programa de 300 millones de euro propuesto por el Ministerio del Interior para contrarestar el islamismo radical en los municipios en riesgo en Bruselas prevé el refuerzo de la policía, pero muy poco para los servicios sociales y la sensibilización social.

Las instituciones parecen no entender que la represión es solo la cura extrema de una enfermedad que deberían ser prevenidas, afirman también las madres de “Les parents concernés”.

El riesgo es que la ciudadanía se polarice y divida fijándose en dicotomías como Islam ?cristianos, arabes?occidentales etc., que son groseras simplificaciones que evitan tratar los verdaderos problemas sociales y culturales que se están viviendo en Europa y en el mundo. Por eso las iniciativas interculturales que tratan de romper esquemas y acercar las “personas” más allá de las etiquetas, en vista de objetivos comunes, son las más oportunas.

 

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Tona Gusi

Fundadora i Co-coordinadora de La Independent. També és psicòloga menció en Psicologia d'Intervenció Clínica i menció en Psicologia del Treball i les Organitzacions.
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