jueves 25 abril 2024

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Ngozi Okonjo-Iweala, primera mujer en la dirección del WTO

 

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“Soy la candidata más adecuada, declaró recientemente Ngozi Okonjo-Iweala, para este cargo”. Leer para creerlo.

Está por ser nombrada directora del WTO, por primera vez, una economista de gran experiencia, considerada por Fortune en 2015 una de los 50 grandes lideres en el mundo, y por Forbes en 2012, una de las 3 mujeres más poderosas en África.

Ngozi Okonjo-Iweala, de 66 años, ha ocupado durante 25 años altos cargos en el Banco Mundial, y sucesivamente, como ministra de Finanzas en Nigeria en dos oportunidades, ha realizado importantes reformas. A lo largo de su carrera se ha ocupado de muchos temas, desde el desarrollo económico de Àfrica, a finanzas y deuda externa, salud y educación globales, y recientemente de la Covid-19, no solo a nivel institucional, sino también desde la empresa privada (como Danone, Twitter, Lizard etc.) y las Ong (Women’s World Banking, Nelson Mandela Institution etc.). Vale la pena conocer algo de su historia y sus logros.

En una entrevista en “The Guardian” en 2015 Ngozi Okonjo-Iweala se define una “luchadora, más dura que mi padre, un hombre maravilloso y amable. Pues si alguien pone trabas en mi camino, recibirá patadas”, bromea. Sin embargo no es exactamente con la fuerza bruta que esta mujer se ha vuelto una líder mundial. Ser hija de un Obi (rey local en el estado del Delta del Niger), profesor de sociología y economía, obviamente le fue de gran estímulo en la niñez, pero durante la adolescencia todo se vino abajo, con la guerra de Biafra, cuando la familia llegó a pasar hambre.

Un episodio de este periodo da muestra de su personalidad. Mientras su mamá estaba enferma, y su padre lejos, combatiendo en el ejército de Biafra, una hermanita suya de 3 años se enfermó gravemente de malaria: ella se la cargó en la espalda, y caminó durante 3 km para llegar al médico, que en ese momento tenía que atender a 600 personas en espera. Sabiendo que la niña podía morir de un momento a otro, Ngozi Okonjo-Iweala se abrió camino entre el gentío, subió a la ventana, e hizo que el médico salvara la vida a la niña con una inyección. Un ejemplo de cómo aprendió a tomar las cosas, con gran determinación, focalizándose en el objetivo. Y “si alguien habla mal de ti mientras estas trabajando, no importa, pon el ego en la cartera. Adelante, sin distraerse”. Estos son puntos firmes en la vida de Ngozi Okonjo-Iweala la “luchadora”, que sin embargo aparece a los periodistas del Guardian también como persona cálida y carismática.

 

 

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Sigamos con su historia. Después de la graduación en Harvard y el doctorado en el MIT en economía, se casó con el amor de su niñez, vuelto un neurocirujano, tuvo cuatro hijos, y ya era vicedirectora del Banco Mundial en Washington cuando el primer presidente democrático nigeriano, Olusegun Obasanjo, en 2003 la llamó para enfrentar desde la cartera de Economía los graves problemas del país, segundo en el mundo por índices de corrupción, y agobiado por la deuda externa, y la pobreza. 

Ngozi Okonjo-Iweala aceptó el desafío, dejó la familia en Washington y se fue a Abuja trabajando de las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche por su país, al que sentía como un hijo descarrillado, con muchas potencialidades que había que reorientar. “Las mujeres podemos hacer esto, somos multitasking, capaces de ocuparse de varios temas y con varias personas a la vez”, afirmó en entrevistas. 

En ese momento Nigeria tenía 137 millones de caóticos habitantes, muchos viviendo con menos de un dólar al día, y sin contar con luz, otros dedicándose a trampas informáticas o robar petróleo de los oleoductos, en fin, “un país para no aburrirse”, como ella dijo. Pero lleno también de jóvenes geniales y mujeres determinadas y creativas que valía la pena apoyar.

El primer objetivo, era dar un golpe a la corrupción, que llevaba afuera de África el doble de la ayuda que recibía. En Nigeria lo hizo creando una plataforma electrónica para gestionar los ingresos del petróleo de forma transparente, reorganizando el público empleo, inflado con 62.000 funcionarios fantasmas, negociando la deuda externa con el Club de París, y favoreciendo una revolución en las telecomunicaciones, que aumentó exponencialmente el número de móviles en el país. Todo esto llevó a una mejora sustantiva del presupuesto del estado, y fue posible, entre otras acciones, crear millares de empleos para mujeres (a través del programa GWIN) y jóvenes (YouWIN), apoyando sus empresas innovativas.

Obviamente, afectar privilegios de políticos corruptos, no fue sin consecuencias: como contó en el libro “Fighting the corruption is dangerous” en 2018, le costó amenazas y el rapto de su mamá (que se salvó venturosamente) pero la consolidó como líder de gran alcance, capaz de aglutinar 32 países alrededor de la iniciativa “Africa Risk Capacity”, una forma de seguro frente a los desastres naturales, enfrentándolos de forma autónoma, sin esperar ayuda externa. Todo un cambio también en el modo de encarar los problemas, cambiando la imagen de una África eterna víctima de desastres, a ser protagonista de su propio destino.

Este es un concepto del cual Ngozi está profundamente convencida y repite en varias entrevistas. Demasiadas veces se presenta África solo como tierra de enfermedades, conflictos y pobreza, (que por cierto existen), afirma, pero es sobre todo tierra de oportunidades que merecen ser conocidas y valoradas, mejorando la gobernanza. “Tenemos en la última década una tasa de desarrollo más alta que el promedio OCDE, recursos mineros por explorar con nuevas reglas de partnership, para beneficiar más la población local, oportunidades de un turismo menos elitario del actual, posibilidades de diversificar la producción superando el modelo de exportación de puras materias primas, y la energía más allá del petróleo. Cada vez más pueblos están hartos de los políticos corruptos, y una vez que se estabilicen las finanzas y los bancos, se pueden atraer inversiones (las de China no son suficiente), para mejorar la productividad en agricultura y valorar más nuestros recursos humanos. Tenemos mujeres en Ruanda capaces de producir y vender flores hasta en Amsterdam, y otras en Tanzania capaces de vender prendas creativas hasta Wal Mart…”.

En fin, menos caridad y más apoyo a la creatividad y el trabajo de jóvenes y mujeres, ésta es la filosofía de la flamante futura directora de la Organización del Comercio Mundial: justamente para los sectores más golpeados por la pérdida de trabajo durante la pandemia, también en Europa. Para una distribución más equitativa entre países ricos y pobres y derrotar el virus será necesario, además, abolir los brevetes de las vacunas, afirmó Ngozi. 

 

 

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Fundadora i Co-coordinadora de La Independent. També és psicòloga menció en Psicologia d'Intervenció Clínica i menció en Psicologia del Treball i les Organitzacions.
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