domingo 14 julio 2024

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8M: ¿Y ahora ¿qué?

 

Laura Nuño

 

OPINIÓN

La huelga feminista pero, sobre todo, las manifestaciones multitudinarias que se han celebrado a lo largo y ancho del país, han pillado a más de uno/a con el píe cambiado.

Cómo negar que el seguimiento de las movilizaciones hubiera resultado tarea harto compleja, pronto se han apresurado a sumarse al éxito de la jornada. Lo que antes del día 8 de Marzo era una convocatoria merecedora de oportuno boicot por elitista, anticapitalista, sectaria o incluso inútil, hoy es un justo clamor popular por el que todas las fuerzas políticas se felicitaban. Todo ello, sin despeinarse. Pasado el estupor de la repentina avalancha hacía los brazos del feminismo de personas sin sensibilidad conocida hacía la igualdad de género o los derechos y libertades de las mujeres. Conviene analizar con cierta perspectiva el escenario en el que nos hallamos.

Hasta la fecha, es cierto que la igualdad de género había adquirido -por fortuna del feminismo- un estatus de legitimidad. De forma tal, que nadie en su sano juicio hubiera salido defendiendo abiertamente ser partidario de la discriminación o la opresión de las mujeres sin más. Aunque, pasadas fechas de obligado alegato institucional (como el 8M o el 25N), erradicar las mismas tampoco parecía algo urgente ni relevante. De forma tal que incumplir las leyes sobre igualdad es una tónica tan habitual como señalar a la educación como principal motor de cambio.

Ninguna, ni la Ley Integral contra la violencia de género, ni la ley de igualdad, ni aquellas disposiciones normativas que incorporan la obligatoriedad de incluir la igualdad en la formación o la investigación, se cumplen.

La igualdad está ausente en todo el currículum educativo y la transversalidad de la perspectiva de género en las políticas públicas brilla por su ausencia. Una suerte de cultura del simulacro que vendría a resumirse en que la igualdad es importante, pero no importa. La foto que ofrecen los Presupuestos Generales del Estado no deja lugar a la duda. La suma de las partidas destinadas a la promoción de la igualdad y la erradicación de la violencia de género, supone el 0,01% de los gastos consolidados. Un 0,01% para un problema que declaran importante y que afecta al 52% de la población.

El desprecio a la vida, a los derechos y a las libertades de las mujeres y la desidia institucional con el cumplimiento de leyes o compromisos internacionales, se ha topado con un feminismo que, como teoría y movimiento social, tiene cada vez mayor predicamento. Un movimiento que está cobrando unas dimensiones a escala global desconocidas hasta la fecha, que concibe la desigualdad entre mujeres y hombres, los privilegios históricos de los segundos o la violencia de género, no sólo como algo ilegítimo o irracional sino como una injusticia intolerable.

Tras el 8M, la agenda del feminismo y sus reivindicaciones están ocupando parte de la agenda mediática. Y se agradece, la verdad. Se busca con repentino interés cuáles son sus demandas, como si de una compleja investigación policial se tratara. Pero, como suele advertir Ana de Miguel, conviene no perder el tiempo descubriendo el Mediterráneo… La agenda del feminismo, salvo en lo relativo a la igualdad formal y la prohibición de discriminación que está garantizada en algunos territorios, sigue siendo la misma. Interpelar el androcentrismo como neutralidad, la lucha contra las diferentes formas de violencia contra las mujeres (incluida la sexual), los derechos sexuales y reproductivos, la igualdad en el empleo y los cuidados, la feminización de la pobreza, la coeducación y, en general un reparto equilibrado del poder en el espacio público y en privado.

Abandonar su estatus de segundo sexo, de cuerpos sexualizados objeto de usufructo sexual y reproductivo ajeno o, en última instancia, la demanda ilustrada de ser sujetos del derecho. Una pretensión histórica muy alejada de alguna oportuna sandez que, tras el 8M, pretende convertir las demandas del feminismo en algo así como “no se puede ser hombre”.

Lo que no se debe, aunque por desgracia se puede, es seguir instalado en la cultura del privilegio que significa serlo y reducir a las que no son asignadas a tal condición al nacer a seres subalternos objeto de sumisión, violencia, opresión, explotación y discriminación. Por lo demás, y a las pruebas podemos remitirnos, por ser… Se puede ser descubridor del mediterráneo, investigador policial, oportunista o incluso machista con pretensión de carnet de feminista.

(*) Laura Nuño es Directora de la Càtedra de Gènere del Instituto fe Derecho Público. Universitat Rei Juan Carlos.

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Drina Ergueta

Periodista y antropóloga. Comunicación y feminismo son sus temas predilectos desde hace más de una década. Articulista en medios bolivianos y portales feministas de España/México.
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