sábado 13 julio 2024

sábado 13 julio 2024

Si nos empujan a la hoguera, respondemos con el contrafuego del AMOR…

Por Mónica Vaccaro*DDF / La Independent

«No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros, otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende». Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

Hace tiempo, el mundo comenzó a desconfigurarse, el impacto en las subjetividades no es ajeno, los malestares, se apropian de cuerpos y almas. En la escena de la vida cotidiana de todas las personas, los síntomas se diversifican, la situación se agrava ostensiblemente, resonando en la salud-salud mental, decantando en afectaciones en la salud integral, en particular en las mujeres.

El retroceso en materia de derechos es tan notorio como doloroso, el rumbo de la gestión política, no está direccionado hacia un camino que aloje humanidad, por el contrario, el dios mercado es venerado y puesto por encima de absolutamente todo, al punto tal que no se garantizan derechos humanos básicos, en nombre de una libertad que no existe (y que, por el contrario, atrasa), se instala un discurso, «comandado» desde redes sociales por no humanos ,apareciendo los bots, un bot es una aplicación de software automatizada que realiza tareas repetitivas en una red. Dicha aplicación sigue instrucciones específicas para imitar el comportamiento humano, pero es más rápida y precisa. Este modelo» es acompañado por ejércitos de trolls, al hablar de trolls nos referimos a una persona con identidad desconocida que publica mensajes provocadores, irrelevantes, polémicos o fuera de tema en una comunidad en línea. Su principal intención es molestar o provocar una respuesta emocional negativa con fines diversos.

Traigo estos conceptos considerando necesario, darnos la oportunidad de incorporar información veraz, que dé lugar a debates saludables en el marco del respeto y el conocimiento, ya que comprobado está, los riesgos que implica instalar discursos de odio y avalar su repetición vacía de contenido, discursos propiciados, desde un sector de la sociedad que desde una realidad paralela, habitada por poca gente, autodenominada «gente de bien», promueven confrontaciones entre pares llevando los desencuentros a lugares muy oscuros, sin retorno, donde prima la crueldad, el desatino y el desprecio por la otredad.

La sucesión de los acontecimientos se produce en forma vertiginosa. Uno de los ejes de este plan sistemático de destrucción es la provocación permanente, que distrae y «entretiene», mientras el terrorismo económico se instala y la entrega de soberanía se ejecuta.

Aún resuenan los ecos de las últimas movilizaciones, a pesar del intento de invisibilizar y criminalizar, son indicadores de un pueblo que sufre, al cual le quieren quitar la alegría y cercenar todos sus derechos, pero más allá de la aparente anestesia colectiva, está de pie. La multitudinaria marcha federal por la educación pública, en defensa de las universidades públicas nacionales fue de alto impacto, a tal punto, que el «poder» cambió la estrategia por el «divide y reinarás» ,a modo de desarticular la unidad y el reclamo colectivo.

Durante el transcurso de la misma, el hostigamiento a través de las redes sociales apareció bajo la consigna «lágrimas de zurdos» (con 0 de patriarcado) desde la furia incontrolable y la falta de capacidad para leer los reclamos de esta humanidad que defiende sus derechos.

A esa agresión, respondemos con los «contrafuegos» que se encienden con miradas húmedas de emoción, emoción desconocida para quienes no conocen el andar codo a codo, pañuelo a pañuelo, canción a canción, bandera con bandera, abrazo con abrazo, disfrutando del encuentro en las plazas que propician tibieza en los corazones, esos que se funden en la esperanza del grito urgente y la salida colectiva.

Claro que cada día estamos más lejos, porque mientras hacemos fueguitos entramando redes alojadoras, el despiadado intento colonizador avanza, eso es lo único que avanza, porque la «prometida» libertad atrasa y mucho, muchísimo.

Claro que hay un abismo, no solo ideológico, sino de compromiso social, de enlazar ternura y amorosidad con proyectos de vida, de caminar territorio y entender el lenguaje del pueblo, de las demandas que se hacen consigna, al encenderse las alarmas ante la vulneración de derechos.

Son mundos paralelos, el de la crueldad y desprecio por la otredad, sin ningún tipo de contacto con la humanidad que sufre y quienes, sin distinción de lugar, trabajo o población, nos expresamos colectivamente por igualdad de oportunidades, las mismas que brinda la educación-universidad pública y el acceso a todos los derechos conquistados.

Las convocatorias a las movilizaciones no cesan, tampoco los «disparadores» teñidos de odio, se pretende herir de muerte el derecho al reclamo, sin embargo la defensa del mismo y también de los demás derechos, está más viva que nunca.

Se escucha «vayan a laburar vagos» «agarren la pala» «el país se saca adelante laburando» «son todos planeros» «yo me levanto todos los días a trabajar gobierne quien gobierne»… dicen y dicen ¿A quién le dicen y quienes dicen?

¿Le dicen a las mujeres? en su gran mayoría a cargo de las tareas de cuidado, le dicen a quienes sienten propio el frío y el hambre de niñeces desamparadas, mientras revuelven las ollas del amor, haciendo magia con los pocos recursos que la misma comunidad aporta, ante el corrimiento de un estado fantasma que no tiene límites en su crueldad. ¿A las que asumen sin acompañamiento las crianzas? ¿Le dicen a jubiladas y jubilados que no cuentan con insumos para su alimentación básica y el cuidado de su salud? ¿Le dicen a ese varón que reclama por salarios dignos para cobijar las necesidades de su hogar?¿A chicas, chicos y chiques que temen perder la posibilidad de estudiar en la universidad pública, sabiendo que corre riesgo su proyecto de vida?

¿Les dicen a las personas de la comunidad LGBTIQ +a quienes acompañamos en sus pérdidas, ante los crímenes de odio que viven día a día?

¿Les dicen a las personas que quedan en situación de calle porque no pueden pagar un alquiler? ¿O le dicen a quién de un momento a otro recibió una notificación de despido y permanece en estado de shock?

¿Cuándo dicen, por decir, porque la «gente de bien» dice, miden algo del impacto en las subjetividades, del dolor y la angustia que atraviesa a las personas? Seguramente no, porque el goce por la destrucción es la contracara de la solidaridad, la empatía y la construcción en comunidad.

Por el contrario, alimentan los discursos de odio, y combustionan, el humo pasa a ser fuego y se transforma en hoguera, hace pocos días la acción criminal de un varón desbordado de odio, se llevó la vida de tres mujeres, por pobres, por lesbianas, que construyeron como pudieron, en medio de esta jungla, su propia comunidad.

La imagen de la hoguera nos retrotrae a lo primitivo, a varios siglos atrás, al horror al que la humanidad no merece estar ni cerca.

Aún sin poder recuperarnos del dolor y del espanto, abrazamos a la compañera sobreviviente a ese crimen de odio, sosteniéndonos en el entramado sororo como refugio, una y otra vez, todas las veces que sean necesarias porque de eso sabemos, sabemos de lazos amorosos que salvan, de la fuerza de las tramas como refugio de la ternura, ante la provocación, la profunda crueldad, las amenazas y el intento de disciplinamiento.

Esas tramas de amor serán contrafuegos ante la deshumanización y el desatino, las chispas, serán chispas que enciendan la esperanza con todos los colores, nuevos aires, otras letras y muchas canciones, con todas las músicas y multiplicidad de voces, promoviendo vínculos saludables y Salud Mental en comunidad.

Parafraseando a Galeano, anhelo que el mundo sea un mar de fueguitos, fueguitos del encuentro, de la fuerza en luchas que no se detienen en defensa de todos los derechos siempre. Fueguitos que encienden igualdad de oportunidades, que promuevan respeto por todas las personas y alojen su SER en el mundo.

El grito sigue siendo URGENTE, la construcción y la salida son colectivas, ¡¡¡Siempre!!!

(*) Trabajadora de la Salud Mental y activista de Derechos Humanos.

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