jueves 25 abril 2024

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Mi casa es el mundo, Antartida incluida

  

Antartide - còpia

Conversación con Sara Catella
“Soy una mujer que tiene amistades y gente querida en muchos rincones del planeta, y me siento cómoda en cualquier lugar. 

 

Después de haber trabajado y viajado a lo largo y lo ancho de África, Asia, Europa y Estados Unidos, ahora desde Florida espero que termine la covid-19 para trabajar como guía turística en la Antártida. Os voy a contar como sucedió, por si mi experiencia puede alentar otras mujeres. 

Crecí en una familia no rica, pero amorosa, cerca de Milán, que poseía una casita en la montaña desde donde subirse al Monte Rosa y tocar las nubes. Mi padre me transmitió el amor a la montaña y la idea que siempre se pueden superar las dificultades, mi madre el sentido de responsabilidad junto con la libertad. Aproveché estos valores a lo máximo. La curiosidad en cambio la tenía en mis genes, si a los tres años decía que quería viajar, como mi padre, (que en cambio no amaba hacerlo). A los 19 años estudiaba y trabajaba, mientras era atleta en un equipo de volley, o sea me levantaba a las 6,30 y regresaba a casa a la una de la noche, beata juventud.

Después de graduarme en Relaciones Públicas entré como secretaria administrativa en una empresa que vendía paquetes tecnológicos a grandes holdings en los mercados de África y Asia. Un fino trabajo de diplomacia y conocimiento de mercados, reglas bancarias internacionales, etcétera, que podía durar año y medio, con los posibles clientes, antes de concluir con la firma de un contrato.

 

 

Namibia

 

 

Así pasaron para mí, 32 años de idas y vueltas entre Milán y las ciudades de China, Indonesia, Vietnam, India, Japón, Thailandia, donde se encontraban los clientes.  En algunos casos viví dos años en un país, como Algeria. Me encantaba el Maghreb, el desierto con la Kabilia y los Tuareg, la mezcla de culturas diferentes sea de África que de Europa.

Para mi sorpresa, descubrí que los musulmanes moderados trataban las mujeres con mucho respeto, en Algeria el sábado los hombres se dedicaban a las mujeres. Respetaba su cultura vistiéndome sin exponer demasiada piel al aire, me recogía mi abundante melena rojiza en una trenza, o me ponía el velo, e iba por todos lados sin problemas, evitando ir sola en la noche.  Hasta en Arabia Saudí me fue posible una larga conversación con una pareja local.

 

 

Iran

 

NEPAL aiutop vendita frutta

 

 

 

 

Una cosa son los regímenes, otras las personas, pude constatar entre los amables iraníes o los abiertos sirios. En Damasco, podía pasar horas conversando y tomando té con los vendedores del suk, que me hablaban de sus familias, y en China, aunque no viviera allí, cada vez que llegaba en la misma ciudad, tenía mis chicas que me conocían por pintarme las uñas todas las veces que iba, por el puro placer de vernos, conversar con gestos, abrazándonos como viejas amigas. He visto cambiar China, de las chaquetas al estilo de Mao, escorpiones y sopas de tortuga en los pueblos remotos, a los rascacielos de Shangai, que de todas maneras son solo una parte de China.

 

 

 

Damaraland NamibiaHimba people

 

 

Aborigeni

 

 

Pero hubo, entre las miles de emociones de estos lindos encuentros humanos, dos momentos en particular que marcaron mi vida. Uno fue cuando viajando por Eritrea, topamos de casualidad con un campamento de prófugos de guerra. Una visión desgarradora, de niños sin nada de nada, ni alimentos suficientes, y mujeres altas y dignas, a pesar de su extrema pobreza. Entendí en estas imágenes que, por cuanta crisis podamos vivir en Europa, el simple hecho de haber nacido, por azar en nuestro continente nos define la vida como “afortunada” respeto a otras partes del mundo, la mayoría. Y como no podemos ignorar nuestra responsabilidad hacia ellos y ellas.


El otro momento clave para mí hubo en el desierto de Kalahari, en Botswana, donde vivimos unos días con los boschimanes, que nos mostraron como encontraban bajo la arena, agua o raíces escondidas que exprimían, y otras técnicas de supervivencia en el desierto. Tenían miradas calmas y profundas, ellos también con una dignidad que me asombraba, en la nada aparente de su mundo, pero con una conexión con la naturaleza que nosotros hemos perdido. No es de sorprender que cuando he podido, aparte del trabajo, he viajado a los lugares más remotos del planeta, desde Alaska o Groenlandia, o viviendo dos años en las Maldivas en un barco de 30 metros como instructora de sub. (diving), para sentirme cada vez más parte de la naturaleza y del cosmos. Descubriendo que en la naturaleza siempre hay un equilibrio entre preda y predadores, sin la crueldad que pertenece a los humanos.

 

 

Amici incontrati in Alaska

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sorpresivamente, disfruté como compañía en los viajes, conociéndolas en “hostales de la juventud”, mayoritariamente a mujeres. Sí, hay mujeres originarias de los países del norte Europa o de Estados Unidos, que viajan solas también a África, pero poco o nada  las del Sur. Sin embargo, viajar “overland”, en grupos organizados de viajeras y viajeros, mayoritariamente de mujeres, como hago también yo, es una manera muy segura e interesante de viajar, fuera de los circuitos turísticos. Nunca nos ha pasado nada, en tantos años. Creo que viajar es tan peligroso como vivir en Milán o Madrid. Es la vida misma, fuente de peligros, pruebas y aprendizaje, y por ende de toda la felicidad que logramos alcanzar.

 

 

Antartide

 

 

¿Por qué ahora me preparé para hacer de guía en la Antártida? Porque después de muchos años de trabajo intenso, quería vivir más libremente. Los paisajes inmensos y el silencio de la tierra al fin del mundo, la Antártida, me cautivaron. Pasé más de un año entre Estados Unidos y Dinamarca aprendiendo oceanografía, biología polar y otros temas sobre los polos, consiguiendo los brevetes de Polar Expedition Guide para navegar en este ambiente extremo.

No sé qué va a sugerir mi historia a quien me lee. Quizás alguien se pregunta que lugar han ocupado novios o novias en mi vida, entre aeropuertos y desiertos, sin una casa mía con gato y perro. He tenido dos relaciones importantes, pero al final he seguido sola mi camino porque es difícil encontrar con quien compartir plenamente tu estilo de vida. Soledad y amor son componentes de todas las vidas, en cualquier situación sentimental nos encontremos. La soledad no es una tragedia, si aprendemos a conocernos y amarnos a nosotras mismas, aceptándonos también en los momentos de fragilidad, sin una pareja como salvavidas. Y el amor y la felicidad están en abundancia en el mundo, si abrimos la mente y el corazón al otro, a la otra. No solo con té en una tienda tuareg bajo el cielo más estrellado del mundo, sino en una pasión compartida con otros seres humanos, aquí a la vuelta de la esquina. Una pasión, un gusto, un sueño, una curiosidad, que dé sentido y vida a nuestro “ser humanos”.

 

Bolivia

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Tona Gusi

Tona Gusi

Fundadora i Co-coordinadora de La Independent. També és psicòloga menció en Psicologia d'Intervenció Clínica i menció en Psicologia del Treball i les Organitzacions.
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