Per Montse Fernández Garrido
La revista Vindicación Feminista (1976-1979) publicó artículos sobre temas relacionados con diversas problemáticas de mujeres, que no se habían tratado en otras revistas o diarios, salvo de forma excepcional, como hizo la periodista y escritora gironina Carmen Alcalde, que fue la Directora de varios medios y luego, de la mencionada revista (para la que tuve la suerte de trabajar unos meses, y luego, el honor de escribir y publicar en algunas ocasiones, junto a magnificas plumas, tanto de escritoras del país como internacionales, así como a las dos mejores fotógrafas de la época: Colita y Pilar Aymerich).


Me refiero a temas muy espinosos, como eran, por ejemplo, el mal llamado Patronato de Protección a la mujer, (donde se hacía todo lo contrario a protegerlas, ya que eran verdaderas cárceles, sin condena, cuando no habían cometido delito alguno, y donde según ellas, sufrieron un verdadero infierno, a veces durante años, lugar de los horrores que continuó encerrando, maltratando y explotando a jovencitas hasta 1985).
No ha sido hasta octubre de 2025 cuando la viuda de Eva García de la Torre (la abogada Silvia Fernández) ha recibido un documento del Gobierno español, expedido como Declaración de Reconocimiento y Reparación personal, que la reconoce como la primera víctima del Tribunal Tutelar de Menores y del también franquista Patronato de la Mujer, vejada por su homosexualidad. La que había sido alcaldesa de O Porriño (Pontevedra), que había fallecido en 2022, ingresó en esa institución tras ser denunciada por su orientación sexual. Sobrevivir a esas cárceles franquistas de adolescentes fue durísimo. El referido documento declara ilegítimo el tribunal Tutelar de Menores y la resolución que acordó su ingreso en esta institución franquista, bajo la “sospecha de homosexualidad”. (Artículo publicado en elDiario.es, el 16.10.2025) . Esperemos que seguidamente reciba un documento en el mismo sentido, en primer lugar, la magnífica y valiente escritora Consuelo García del Cid, que durante tantos años ha luchado por sacar a la luz ese infierno, donde ella estuvo injustamente encerrada seis años. Y luego todas y cada una de las mujeres que padecieron en esa institución franquista tan deleznable. i
En esa época hubo otros centros, con uno u otro nombre, el más conocido Manicomio, en los que se encerraban a las mujeres, tildándolas de enfermas mentales, de” locas”, cuando lo que realmente sucedía es que tenían comportamientos rebeldes, por tanto, diferentes a lo que se esperaba de ellas como mujeres: que fueran calladas, sumisas, beatas y heterosexuales.
En muchas ocasiones, las mujeres eran encerradas en psiquiátricos por maridos a los que por una u otra causa molestaban, o por familiares: un padre o un hermano, a veces por cuestiones de dinero, de herencias, así como por diagnósticos erróneos, que también tenían que ver con el género.

Ahora se acaba de publicar un magnífico libro titulado “Voces apenas escuchadas, jamás creídas”. Su autora, Isabel Gamero, filósofa y antropóloga, que aborda la injusticia hacia los miles de mujeres que fueron internadas en el Asilo de Dementes de Leganés, por “locas” (Editorial Piedra Papel).
La autora, en una entrevista realizada por Alejandra Mateo Fano, redactora de Público, publicada el día 10 de octubre, afirma que “es imprescindible recuperar la memoria desposeída, rescatar las palabras cercenadas por la represión del régimen patriarcal”. Y continúa “Hay que reivindicar que se siga visibilizando que esas mujeres estuvieron allí, y que se cometió una injusticia contra ellas”.
Muchos malos diagnósticos, algunos por error y otros simplemente inventados por mala fe y también por razones espurias, que justificaron muchos encierros de mujeres que llegaron a pasar hasta cuarenta años en un manicomio, sin tener patología alguna: acusaciones de demencia, psicopatías y alucinaciones, paranoia familiar, personalidad perezosa y” desviación del afecto”, (es decir, homosexualidad) sin razón médica alguna.
Habla la autora de “castigo social” por “incumplir y desafiar los mandatos asociados a su género”. Subversivas por no querer ser abnegadas esposas ó simplemente no querer ser madres. También por no querer dedicarse a “las labores propias de su sexo”, o ser “conflictiva”: (por declararse atea). “Había que silenciar, castigar y disciplinar a las mujeres”, “encerradas durante muchos años en condiciones terribles, totalmente aisladas”.
En este centro, como en todos los demás de ese estilo “hay también una enorme influencia de la religión que se concretaba en la persecución y patologización de quienes no respetaban el dogma católico”.
“Una herramienta más del sistema patriarcal para corregir a las que se atrevían a poner en entredicho la férrea moral cristiana y sus imposiciones. También para soterrar lo que pudiera hacer tambalear los esquemas, sostenidos a través del miedo”. Si desobedecían al marido, descuidaban las labores impuestas como propias de mujeres, se negaban a tener hijos, no iban a misa o se denominaban ateas. O se les conocían deseos hacia otras mujeres: acababan en el manicomio, quizás hasta su muerte, donde nadie las visitaba nunca.
Como esas mujeres encerradas no tenían enfermedad mental alguna, no había tampoco tratamiento, aunque “la redención se hacía realizando tareas apropiadas, como taller de costura, ir a misa o dejar de actuar de forma crítica”. Y para educar en la obediencia ciega, lo intentaban (porque no siempre lo conseguían) mediante “una monótona rutina y rígida y control absoluto para generar individuos sumisos”
No pocas mujeres encerradas en manicomios intentaron denunciar a sus familiares o a sus carceleros, buscaban justicia, mientras intentaban justificar que no tenían patologías mentales, pero sólo podían conseguir la libertad a cambio de aceptar ser a partir de entonces sumisas, obedientes, heterosexuales y beatas. En definitiva, dejar de ser ellas, de ser libres y rebeldes.
Estas y otras muchas y terribles situaciones, han ocurrido a lo largo de la historia contra las mujeres: desde ponerles un bozal, quemarlas a miles acusadas de brujas, (por conocer plantas y remedios para curar), negarles la inteligencia y hasta el alma, padecer todo tipo de violencias, algunas tan graves como los feminicidios, la violencia vicaria y las violaciones (a veces grupales, en guerras y hasta por los cascos azules de la ONU) en manada, casarlas a la fuerza .También ser las más pobres del mundo, a pesar de ser las que más trabajan. Y las que menos educación han recibido. Y, claro, ser acusadas de “locas” para encerrarlas en manicomios….
Avanzamos poco a poco, gracias a la lucha feminista, (muy dura y difícil tantas veces y en ocasiones con retroceso), pero no olvidemos nunca todos los sufrimientos, discriminaciones y explotaciones que hemos vivido. No olvidemos nunca a todas las mujeres que nos han precedido, que han sufrido y luchado por mejorar su vida y la de sus semejantes.
Montse Fernández Garrido es abogada, defensora de Mujeres y sus hijos/ Profesora de Master (UB)/ Militante feminista desde 1976. Autora de “Tres generaciones rebeldes”, (Memoria Histórica y Feminismo): biografía de su familia, libro dedicado a su abuela y a su madre, heroínas silenciadas.