martes 28 mayo 2024

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La utilización de drogas para violar, lejos de una leyenda urbana, es una realidad creciente

 

  

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Al menos el 30% de las agresiones sexuales son por sumisión química. Los expertos advierten de que se necesitan protocolos unificados y una mejor coordinación con el sistema de Justicia.

 

En marzo pasado, Camila y una amiga fueron a tomar algo a media tarde en un bar de Ópera (Madrid). Tras la segunda copa en la terraza, decidieron bajar las escaleras del pub para oír la música. Entonces, el camarero les ofreció un chupito. Después de eso llegó la nada. «A partir de las 19:30 mi amiga y yo dejamos de ser conscientes de las cosas, y no sabemos qué pasó», relata en su cuenta de Twitter. Cuando despertaron cada una en su casa no eran capaces de recordar nada. Ni un flashback. Ella tenía moretones en todo el cuerpo. Su amiga, el tanga y las medias rotas. Nunca les había pasado nada parecido. Dos copas y un chupito no era una combinación extraña y nunca habían tenido una reacción similar.

Se hicieron una prueba de farmacia para saber si había restos de tóxicos y dieron positivo en Benzodiazepina, un fármaco que disminuye la excitación neuronal y que tiene efectos antiepiléptico, ansiolítico, hipnótico y es un relajante muscular. Entonces decidieron denunciar. Ahí empezó otro calvario. «El proceso ha sido un infierno», relata. «En todo momento la policía nos ha mirado con cara de locas borrachas, intentando quitarle todo el peso llamándolo una mala borrachera«. «Tardaron muchísimo en hacernos las pruebas. Nos han hecho sentir vergüenza, ridículas y culpables, quitándole importancia a la situación y diciéndonos que aprendamos a beber si queremos salir».

 

 

 

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La utilización de drogas para violar, lejos de una leyenda urbana, es una realidad creciente

El relato de Camila no es una excepción ni un hecho aislado y su experiencia sigue un patrón ya muy conocido por los expertos en violencia sexual, que afirman que este tipo de agresiones no son un mito urbano, que existen y que han ido claramente en aumento en los últimos años, aunque se trata de uno de los delitos menos denunciados y más difíciles de probar.

Recientemente, los delitos de violación por sumisión química, como se llama a este fenómeno de drogar a la víctima para que pierda la conciencia y no recuerde lo ocurrido, han saltado a la luz púbica por una campaña que comenzó en octubre en Bélgica y que bajo el lema Denuncia tu bar (Balance Ton Bar), se ha ido extendiendo por diversos países del continente, incluida España. Una reivindicación que pretende introducir en la agenda pública este tipo de delitos y que señala con nombres a los locales en donde se han producido, exigiendo protocolos y medidas de protección en el ocio nocturno e involucrar a los locales en la prevención de estos delitos. La cuenta de Instragram de la campaña (@balancetonbar) acumula ya casi 30.000 seguidores y una ingente cantidad de mensajes anónimos de denuncia. En nuestro país esta iniciativa (@denuncia_tu_bar) ha cobrado fuerza en torno al 25 de noviembre, Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres.

La campaña también pretende detectar patrones de comportamientos de los locales de ocio, ante la sospecha de que estos delitos se pueden estar produciendo con mayor frecuencia en algunos bares y discotecas. En Madrid, por ejemplo, ocho meses después de la denuncia de Camila, otra joven hizo publica una historia similar que le ocurrió en el mismo bar de Ópera cuando en noviembre fue a tomar unas copas con un amigo. Los dos acabaron sin conciencia de lo ocurrido durante varias horas y María (nombre ficticio), con signos de haber sido violada. La denuncia en redes la realizo la youtuber y activista feminista Sindy (@sindytakanashi en Instagram).

Un delito que va en aumento

Los datos indican que la violación utilizando sustancias químicas para anular la voluntad de las víctimas y producir amnesia va en aumento. O al menos se denuncia más y las víctimas acuden con más frecuencia a los hospitales. Los datos de la Fiscalía de Madrid afirman que si en 2019 se registraron un 14% de denuncias de violación utilizando este método, en 2021 este porcentaje se incrementó hasta el 35%. Unas cifras que concuerdan con los registrados en los servicios hospitalarios especializados en las agresiones sexuales. El Hospital Clinic de Barcelona ha hecho público recientemente un informe en el que señala que entre enero y octubre de este año atendieron en urgencias a 368 víctimas de agresiones sexuales, de las cuales en el 30% se observaron indicadores de sumisión química. De éstas la mayoría (55%) eran menores de 25 años.

Ana Martínez: «En los últimos cinco o seis años hemos visto un incremento de delitos sexuales realizados con sumisión química»

Ana Martínez, doctora y presidenta de la Comisión de Violencia del Hospital La Paz (el centro de referencia en Madrid en agresiones sexuales) ratifica estos datos. «En los últimos cinco o seis años hemos visto un incremento de delitos sexuales realizados con sumisión química. Los datos que manejamos son similares al informe del Clinic, puesto que el 35% de las agresiones sexuales que recibimos lo son por sospecha de sumisión por sustancias tóxicas. Aunque este método se utiliza también para robos, especialmente de personas mayores, el perfil más numeroso de víctimas es el de una chica joven que ha salido de fiesta o a un local de ocio y que sufre agresión sin recordar lo ocurrido», explica a Público.

El problema de la detección y la credibilidad de la víctima

Uno de los principales problemas para detectar las agresiones sexuales por intoxicación química es la vergüenza y la culpabilidad que siente la víctima. Otro es la corta vida que los tóxicos tienen en el cuerpo. Y, tal como explican diversos expertos a este diario, ambas circunstancias están íntimamente relacionadas. La incertidumbre de lo que les ha ocurrido por la pérdida de memoria y la sensación de que ha sido culpa suya, retrasa la búsqueda de ayuda profesional. Una circunstancia que en muchas ocasiones impide detectar el tóxico en el cuerpo. Tal como explica Lluisa García Esteve, psiquiatra y presidenta de la comisión de violencia intrafamiliar y de género del Hospital Clínic de Barcelona, «en los datos que manejamos en el hospital, las víctimas de violación en las que existen sospechas de sumisión química tardan más de 72 horas en acudir al hospital«. En el caso de las agresiones sexuales sin la utilización de tóxicos, explica, en más del 50% de los casos las mujeres acuden en menos de 24 horas de haber sufrido la agresión.

Este retraso tiene consecuencias importantes, puesto que cuanto más tiempo pase más difícil será demostrar la existencia de tóxicos en el cuerpo, y en caso de denuncia, la única prueba es el relato de la víctima, que en muchos casos es escaso, está fragmentado y en muchas ocasiones no se considera creíble, se achaca a «una mala borrachera» o entra directamente en el estereotipo de la denuncia falsa. Para Miguel Lorente, médico forense y exdelegado del Gobierno contra la violencia de género, hay tres factores que describen este fenómeno: «la voluntad del agresor, la incapacidad de la mujer para saber lo que está pasando y luego la justificación social de que ahí no ha pasado nada, de que es ella la que se lo está inventando».

«La sumisión química te genera amnesia, te da un sentimiento de culpa inmenso. La persona que es reducida físicamente ya ve que no se puede defender y es consciente de que está allí en contra de su voluntad. La que ha sufrido una agresión sexual facilitada por drogas no tiene ni idea de lo que ha hecho, qué ha dicho… Tiene una sensación de abuso, de que la han manejado, utilizado, cosificado. Más allá de la violación, es una situación muy angustiante que genera mucha culpa sobre lo que debías o no haber hecho», abunda García Esteve.

Los delincuentes utilizan sustancias de vida muy corta y de acción muy rápida. Es decir, la sustancia actúa muy rápido, pero se elimina del organismo muy pronto también. Tal como explica Ana Martínez, «existen entre 350 o 400 sustancias que pueden provocar esta sumisión. Si la víctima tarda un tiempo en acudir al hospital, es muy difícil encontrar la sustancia que ha producido esa alteración».

Los protocolos habituales que se realizan en los servicios de urgencia incluyen análisis de sangre y de orina, aunque en muchas ocasiones no reflejan el tóxico si han pasado ya varias horas. Sin embargo, el tóxico puede permanecer en otras partes del cuerpo, como el pelo, durante un período mucho más largo, aunque éstas son pruebas que no suelen estar en los protocolos sanitarios de forma obligatoria. Los protocolos varían en las distintas comunidades autónomas e incluso entre los distintos hospitales. Madrid y Barcelona, por ejemplo, tienen hospitales de referencia (La Paz y el Clinic, para delitos a mayores de 16 años), por lo que las víctimas deben acudir a ellos en caso de agresión sexual. Pero si lo hacen a otro centro de salud, garantizar la profesionalidad del procedimiento o del protocolo se hace difícil.

Otra dificultad con la que se encuentran las víctimas de este delito es que para que se tomen pruebas forenses tienen que haber presentado una denuncia o voluntad de hacerlo. Sin esto, los jueces no activan la maquinaria forense que puede tomar muestras ginecológicas que pudieran determinar la existencia de semen y otras muestras importantes para que la denuncia prospere en un juicio.

«Las muestras vaginales, pruebas forenses donde buscan ADN, no las hacemos. La toma de muestras no debería estar relacionada con la denuncia. Aunque quisiéramos coger esas pruebas, no las podemos custodiar para que sirvan de prueba. Hay un tema de la cadena de custodia porque son las que servirán para un juicio. Si no se custodian bien, no sirven», explica García Esteve.

Los expertos piden que se cambien los protocolos de atención de las víctimas por sumisión química

Por eso, muchos expertos piden que se cambien los protocolos. Recientemente, la ministra de Justicia afirmó que se está trabajando en un protocolo común a nivel nacional para la recogida de muestras en delitos de violación y que permitirá que éstas se puedan recoger aunque la víctima no denuncie o decida hacerlo más adelante. Dichas muestras permanecerán bajo custodia hasta que el delito prescriba, dando así la posibilidad a las víctimas para denunciar cuando estén preparadas para enfrentarse a un proceso judicial.

Sin embargo, la realidad hasta ahora es que estas pruebas sólo se realizan cuando lo ordena un juez y muchos deniegan esta recogida de muestras cuando consideran que las víctimas llegan tarde para la denuncia (más allá de las 72 horas), actuación que muchos expertos consideran fruto de la ignorancia o marcada por estereotipos.

«El sistema judicial está a por uvas»

«En este tema de la sumisión química hay que ir de la mano de Justicia, y la Justicia está a por uvas. Está muy lejos de entender que estas violaciones se deben a una violencia machista sistemática», afirma García Esteve. «Muchas veces dicen que ella han venido muy tarde, pero esto no importa, la exploración forense para recabar pruebas se puede hacer igual. En unas puede que no encuentres nada por haber pasado X días, pero puede que haya aún un hematoma o un pelo del violador… Pero lo habitual es que los jueces y las juezas enseguida lo desestimen, cuando debería ser al contrario. Debería haber lo que se llama diligencia debida. Cuando son delitos contra los derechos humanos, las instituciones, como en este caso la Justicia, tienen la obligación de actuar con esa diligencia debida, es decir hacer todos aquellos esfuerzos que estén en la mano de una administración para que la víctima sea bien atendida y reciba la ayuda que necesita. Y esto es lo que la justicia no hace. No hace nada», afirma García Esteve.

Miguel Lorente: «Se puede estudiar el tóxico en el cabello y para esto es necesario dejar pasar un tiempo»

«Es cierto que las sustancias tóxicas que se utilizan para la sumisión química se eliminan rápidamente. Por eso es necesario realizar cuanto antes los estudios de sangre y orina. Pero también se puede estudiar el tóxico en el cabello y para esto es necesario dejar pasar un tiempo, que puede ser de dos o tres meses sin cortar el pelo. Se puede estudiar el pelo desde la raíz y mirar dónde se acumula el tóxico y analizar cuánto tiempo ha pasado desde su ingesta», explica Lorente. Este experto añade que ésta debería ser una práctica habitual, aunque en pocas ocasiones se realiza.

Sin pruebas, la única carga de la prueba es el relato de la víctima. «Esas mujeres no tienen memoria durante un período de entre seis y ocho horas. No saben qué ha pasado. Esa memoria está dañada, no está funcionando y es muy fácil que la víctima, a medida que relata lo ocurrido o a medida que entra en una terapia, vaya cambiando los recuerdos. No es que se lo invente. Van apareciendo recuerdos que antes no aparecían, están fragmentados, no siguen un hilo… y a los jueces esto les parece que resta credibilidad. Pero debería darle credibilidad. Porque esto es lo que ocurre cuando ha pasado algo así», añade García Esteve.

En nuestro país todavía este tipos de delitos están considerados como abusos sexuales, no como violación. El Código Penal estipula que para ser considerados agresiones los delitos deben ser cometidos utilizando la fuerza o la intimidación, cosa que no se da en la sumisión química porque la víctima no se puede defender ni el agresor necesita forzarla ni intimidarla para violarla.

La ley sobre la libertad sexual, más conocida como del solo sí es sí, que se está tramitando en el Parlamento propone acabar con esa distinción entre abuso y agresión y borrar la necesidad de medir la violación por la resistencia que opone la víctima o el uso de la fuerza o la intimidación. Cuando se apruebe, todos los delitos sexuales serán considerados como violación (agresión sexual).

Los expertos reclaman que haya más formación de los Cuerpos de Seguridad del Estado, así como de los sanitarios, para identificar estas violaciones por sumisión y campañas de información hacia las víctimas. Entre las recomendaciones que todos deben tener en cuenta señalan la importancia de acudir cuanto antes a alguno de los centros de referencia contra las agresiones sexuales cuando haya sospecha, aunque no tengan certeza de lo que ha ocurrido y dejar la culpa a un lado. También explican que es importante no ducharse ni cambiarse de ropa interior, ni enjuagarse la boca, ni lavarse los dientes. Allí pueden quedar restos si hubiera habido un agresión sexual por vía oral o restos de la sustancia que ha provocado la sumisión química.

 

 

 

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Amada Santos

Fotoperiodista i Socióloga. Activista Feminista, Defensora DDHH i Cooperant. Presidenta de la XIDPIC.Cat. Co-coordinadora i Editora de La Independent. Coordinadora Internacional a la RIPVG
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