sábado 25 mayo 2024

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Justicia para los Crímenes de Violencia Sexual

 

Las mujeres colombianas reclaman que se castiguen todos los crímenes de violencia sexual cometidos contra las mujeres en el marco del conflicto armado, justo cuando se está difundiendo internacionalmente el Informe General del Grupo de Memoria Histórica ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad.

 

 

COLOMBIA InformeBastaYa LídiaVilalta

 

Martha Nubia Bello, Rafael Grasa, Gonzalo Sánchez i Andrés Suárez

 

Francia primero y luego Barcelona, fueron los escenarios escogidos por la coordinadora e investigadores del informe del Grupo de Memoria Histórica (GMH) ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad, para dar a conocer en Europa las conclusiones de casi 400 páginas sobre el conflicto colombiano, que señala varias Recomendaciones para las Políticas Públicas en cuanto a los derechos sobre Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición, además de cómo construir la Paz. Los trabajos de investigación se realizaron desde el año 2.000 y según afirmaron en la presentación del Informe se pretende responder a distintas preguntas, sobre todo saber “por qué pasó lo que nos pasó; dónde estábamos?” pero también qué impactos ha tenido en la sociedad colombiana y sobretodo, “para que nunca más nos vuelva a ocurrir.”

Martha Nubia Bello, profesora y coordinadora del informe, Gonzalo Sánchez Gómez, académico y director del ya oficial ‘Centro Nacional de Memoria Histórica’ (CNMH) y Andrés Suárez, uno de los investigadores, contaron sus reflexiones personales sobre el amplio  contenido del Informe ¡Basta ya¡, en un acto organizado por el Institut Català Internacional per la Pau  (ICIPy la Taula Catalana per la Pau i els Drets Humans a Colòmbia. Fue una larga sesión de debate con la participación del público, que tuvo una segunda parte con otras dos ponentes, la abogada feminista Adriana Benjumea, directora de la corporación  Humanas y Dorys Ardila, estudiante e integrante de la Taula, que fue el marco desde donde se exigió Justicia y Reparación para los crímenes de violencia sexual cometidos contra las mujeres por todos los actores en el conflicto. 

 

 

Memoria en vivo y en medio del conflicto

De los primeros ponentes cada quién destacó distintos aspectos. El profesor Gonzalo Sánchez resaltó tres reflexiones 1) “ya tenemos el pulso del país, puesto de manifiesto por la propia sociedad civil; 2) es un desafío, porque estos ejercicios de Memoria están en vivo, pues se dan en medio del combate”, a diferencia de otros conflictos, y 3) “aunque la negociación política está lejos en el horizonte, los temas ya están en la mesa de discusiones” de la Habana. Según el director de la CNMH, “las demandas sociales son tan grandes, que cada entidad local tiene que incluir por Ley la Memoria en sus presupuestos y actuaciones” futuras y, sobretodo, que “la Memoria es ya un proceso” en marcha. En medio de las negociaciones que tienen lugar en La Habana y a tener en cuenta después del resultado de las elecciones de este domingo 25 de Mayo, pues señala qué Políticas Públicas hay que llevar a cabo.

La profesora Martha Nubia Bello resaltó los apartados correspondientes a la “diversidad y heterogeneidad de las víctimas”, el relato de “cómo han padecido y sufrido las personas la guerra”, que son el efecto de “estrategias pensadas” por todos los actores, pero también “del Estado por acción u omisión”. De ahí que se hayan considerado todos sus efectos: “daños morales, daños psicosociales, daños culturales, daños políticos y daños ambientales”. El informe recoge perspectivas diferentes para hombres y mujeres porque ‘sufren de distinta manera los efectos”, según esta investigadora. (La violencia sexual: Cuerpos marcados por la guerra y Daños e impactos según el género y la edad, son los dos apartados específicos en el Informe).

 

Dignificación y Garantías de No repetición 

En general, las víctimas reclaman que se acabe “la impunidad”, que “se aclaren las complicidades, porque alguien les ayudó”; exigen “el fin de la estigmatización” que sufrieron y que “se las “dignifique”. Además, “exigen garantías de no repetición” para la sociedad. Martha Nubia Bello explicó que el informe recoge 3 definiciones de víctimas: 1) persona o sujeto vulnerado, (respecto del Estado y los actores armados), 2) persona o sujeto sufriente (dañada y humillada en muchos casos) y 3) persona o sujeto con dignidad (que fue actor/a política de su resistencia activa).

Andrés Suárez subrayó por su parte que el conflicto armado, que fue “invisibilizado” y negado muchas veces, no fue nunca marginal pues “de los 220.000 muertos, la gran mayoría, 180.000 personas, fueron civiles y 40.000 combatientes”; por tanto, “dos tercios fueron víctimas desarmadas. Hubo 6 millones de personas desplazadas, 25.000 desaparecidas y más de 27.000 secuestradas”. Y todos “los datos son casos reales y documentados, nada de proyecciones: están todas las víctimas” afirmó este investigador.  

 

Alto impacto local y regional sin eco nacional

Según Suárez hubo “pluralidad de violencias”, la más letal de las cuáles fue “la individual e invisible”: el 75% de las (1.892) masacres fueron de 3 o 4 personas y con “continuidad en el tiempo”. De ahí que, por las características de los lugares donde ocurrieron los hechos violentos (80% de las víctimas lo fueron en un 20% del territorio), tuvo un “alto impacto local/regional pero con muy poca resonancia nacional” pero demuestra que “algo está pasando en el campo”. De ahí que, “uno de los 6 grandes ejes del Informe, sea el problema agrario: el acceso, uso y tenencia de la tierra”.

La violencia sexual, “perpetrada por todos los actores armados” pero “con prácticas violentas y asimetrías distintas”, también ha sufrido un grave ocultamiento, según Andrés Suárez. “Las guerrillas recurrieron más al secuestro y extorsiones, delitos de libertad y contra los bienes e infraestructuras; los paramilitares utilizaron más la violencia física y sexual: iban contra la integridad y la vida de las personas y usaban la tortura en las masacres y expropiaciones y el Ejército, realizaba delitos contra la libertad y asesinatos con falsos positivos” además de violaciones a las mujeres, resumió. El informe escrito recoge “la ferocidad y brutalidad” de esos crímenes pero lamenta “la aplicación de procedimientos legales inadecuados para investigar los hechos y atender a las víctimas”.

 

COLOMBIA DonesGuerra LídiaVilalta

 Dorys Ardila,  Mari Vera i Adriana Benjumea des de l’esquerra

 

Sistematicidad y periodicidad en la violencia machista

 

Precisamente de estas violencias masivas de todos los actores armados contra las mujeres colombianas “como ejercicio de dominación en un contexto de guerra” se centró la segunda parte del acto y, en especial, la intervención de Adriana Benjumea, directora de la corporación Humanas. “Cada 44 minutos una mujer era violada”, según el relato de esta abogada: “el Ejército perpetraba mas violaciones, como estrategia de guerra para cumplir objetivos militares y los paramilitares usaban a las mujeres como esclavas sexuales; Las guerrillas regulaban las relaciones sexuales de las mujeres y los abortos”.

Todos ejercieron “con sistematicidad y periodicidad” la violencia contra las mujeres, “desde el ámbito autoritario y patriarcal”, según Benjumea, en forma de “ataque personal, como control territorial y también con privación de libertad”. A las mujeres “se las obligaba a callar, a dormir con ellos y se las compensaba o exterminaba”, según les convenía a las distintas fuerzas militares y de acuerdo a la zona que ocupaban. En el Informe, que recoge un reducido número de víctimas de violencia sexual (1.754) entre 1985-1012, señala que “el registro oficial cuantitativo resulta alarmante y rebate el falso imaginario de que la violencia sexual en el conflicto armado ha sido un fenómeno aislado, accidental o marginal”.

El jefe paramilitar Carlos Castaño declaró sobre la zona del Catatumbo “ataquen dejando un mensaje claro: masacre, incendios, maten a los hombres y violen a las mujeres al entrar”. Cuando ya se quedaban en una zona, añadió Benjumea, “ordenaban quién sería la novia del jefe.  La violación con amenazas se usaba para el control territorial”. Otro caso que explicó la abogada fueron las declaraciones de otro paramilitar quién, sobre la violación de una niña de 11 años, afirmó que “el placer para él era el dolor de ella”.

 

 

Deuda histórica con las Mujeres

 

En cuanto a los delitos contra las mujeres sólo existe un 9,2% de casos (documentados por instituciones internacionales ONU y Comisión Interamericana de Derechos Humanos), señaló Benjumea. “No nos oponemos al proceso de paz, pero debemos dejar claro que existe todavía una deuda con las mujeres, porque no puede ser que siempre aplacen nuestras demandas”, afirmó. En este sentido, esta abogada expresó el temor de que, en las negociaciones de La Habana, como todos los actores armados han cometido este tipo de crímenes, pueda ser moneda de cambio entre hombres, o como “pactos de sangre, porque como todos hemos hecho lo mismo, nos entendemos” afirmó. Y “no podemos permitir, continuó Benjumea, que no se sancionen socialmente las violaciones, los empalamientos (violaciones con palos u objetos) porque las generaciones que reciban el país sin conflicto entenderían que esto sí se puede hacer y no, en cambio, el secuestro”.

Por eso, la corporación Humanas y otras organizaciones están realizando diversos actos por toda Colombia, para que se deje de culpabilizar a las mujeres y se crean sus declaraciones cuando ellas denuncian y narran los sufrimientos de las que fueron objeto. El último de esos encuentros, tuvo lugar en la capital, Bogotá, el pasado mes de abril bajo el nombre de  Diàlegs en ??Blanc-Púrpura’. Allí hubo diversas intervenciones de sobrevivientes y expertas que brindaron un amplio panorama de la violencia sexual ejercida en el conflicto que, por otra parte, también se documentan los distintos trabajos existentes en Informe ¡Basta Ya¡

 

(Mañana ??24 de Mayo en el Ateneo barcelonés de Nou Barris, habrá un acto de presentación del Informe ¡Basta Ya¡ en el que se proyectará el documental “No hubo tiempo para la tristeza”, que narra los datos del conflicto desde los lugares afectados y con otros paisajes de Colombia

 

 

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