miércoles 26 junio 2024

miércoles 26 junio 2024

No sea que alguien se moleste

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OPINIÓN

Íbamos a comprar una casa. Íbamos a ser felices. Íbamos a ser una familia tranquila. Íbamos a ahorrar. 

 

Iba a continuar mi vida mejor, porque esta ciudad con alma de pueblo era amable. Iba a caminar por sus calles pacificadas con tranquilidad. Iba a disfrutar de hacer teletrabajo. Íbamos. Iba.

 

No se me malentienda. No me quejo por todo. Me quejo por lo que se me ha dicho que me corresponde y no tengo, aun si me esfuerzo como la que más, si hago cosas con sentido, por vocación, por empatía, si vivo de acuerdo a mis principios e intento no hacer daño a nadie.

 

Si hacía todo eso iba a tener mi recompensa, o al menos la tranquilidad que se basa en la consciencia de clase, de origen, de edad, de género. De sexo.

He luchado desde siempre por los derechos de todas, pese a ser hija de una dictadura cruel, inoculadora de ignorancia y egoísmo, desde antes de autodefinirme como “feminista”.

Nada de esto me ha eximido de haber padecido y padecer violencias machistas por parte de hombres y de mujeres. He tenido que tragarme el orgullo cuando una ex despechada (no es mi ex, pero la padezco), víctima del desamor romántico, intenta boicotearnos la vida usando a una persona pequeña como arma. No es lo típico, ya lo sé. La excepción a la norma. Lo sé. Pero lo vivo desde hace 6 años. Me ha tocado, me jodo, lo asimilo, me aguanto y lo llevo lo que mejor puedo, porque sigo pensando que las violencias son machistas y ejercidas usualmente desde el hombre hacia las mujeres. Y convivo con esta dicotomía lo mejor que puedo.

He luchado toda la vida por los derechos de todos los animales, personas incluídas. Soy vegetariana desde hace décadas. He trabajado con colectivos y personas diversas a las que el sistema ha convertido en lo que denominamos “vulnerables”. He sido parte de movimientos, en primera, segunda o décima línea, cámara o letra en mano, siempre atenta a lo que podía aportar, usualmente desde el anonimato de “lo colectivo”.

Me he ganado la tranquilidad de la consecuencia. La lucha es contra el sistema.

 
Pese a esto, soy consciente de que no merezco que, siendo partidaria de la “okupación” de viviendas vacías de especuladores (bancos, fondos buitres, grandes propietarios) unos delincuentes “ocupen” una casa que intentamos comprar a una familia (porque es más barato comprar que alquilar) y se nos exijan 5 mil euros por salir de ella. ¿Se podrían haber pagado esos 5 mil euros? No los tengo, pero supongo que si. ¿Somos personas de recursos? No. ¿Tengo una familia que me avale económicamente? No y nunca la he tenido. ¿Habría pagado avalando este comportamiento delictivo para perpetuar la estafa con otras familias? Jamás. Me niego. ¿Necesito comentarios fascistas diciendo que me merezco que me usurpen la casa, y con ella el futuro, un proyecto de vida, porque creo que las viviendas vacías de bancos y fondos buitres la ciudadanía ya las hemos pagado y con creces y que corresponde que se destinen a vivienda social? Sinceramente, son comentarios enfermos, pero no sabéis el daño que hacen cuando tampoco tienes la defensa de quienes, como tú, creen en los derechos fundamentales de las personas. ¿Llegará la justicia de la que tanto se habla que soluciona estos casos flagrantes de manera brevísima? Lo dudo. Antes, nos arruinaremos la vida por su inacción. Y no le importará a nadie.
 
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Aun sabiendo que todo está en nuestra contra y que nadie, y -hasta ahora- casi ningún colectivo nos ha acompañado y apoyado, estuvimos batallando con las pocas herramientas que tenemos: presión vecinal, de amistades, de una plataforma local por la vivienda digna. Aún así, se vé que tengo demasiados privilegios, que he de morder el polvo antes de que alguien me tienda una mano: he de palpar la miseria y el abandono absoluto, estar en el fondo más oscuro para ser digna de ayuda, de consideración.
 
Soy consciente de que podría perder la compra de la casa, perder dinero invertido en un proyecto de obras, en tasación, en informe de arquitecto, etc., pero pagar a quienes intentan cobrar un “rescate” por algo que es tuyo, eso, que lo hagan los gobiernos con los bancos extorsionadores. Esa práctica no es mía, porque soy decente y porque creía en esa idea que me vendieron de que “la justicia es igual para todas las personas”.
 
Soy víctima de las violencias sistémicas de todo lo que me rodea. No es lo mismo ser mujer de casi 50 años en pandemia, comprando una casa que ocupan para extorsionar o revender, y que intenta teletrabajar con un niño de 4 años sin escuela, y con una pareja al borde de una crisis de nervios por las injusticias que también padece, que no serlo.
 
Tengo prohibido ser débil. Debo aguantar estoica todo lo que me cae encima. “Las mujeres estáis hechas de otra pasta, sois fuertes. Lo aguantáis todo”.
 
Tengo prohibido perder los papeles, gritar, pelearme en las calles pacificadas de la ciudad, donde circulan coches a toda hora y aparcan sin temor utilizando los espacios de todas, porque son más grandes, más fuertes, porque te tiran carrocería encima y porque hay muchos huevos en nuestra sociedad.
 
Y debes callarte, no sea que se molesten y al final te salga más caro. “No molestes a los ‘ocupas’, cuando te encuentres con ellos comprando en el super lo que tu no te puedes comprar, después de haberse ido 15 días de vacaciones, habiendo puesto una alarma de securitas direct, no vaya a ser cosa que después no se quieran ir y antes de hacerlo, destrocen la casa o te la vengan a destrozar después, que ya saben donde vivirás, en que cabeza cabe exigirles que se vayan si te los encuentras en el super, qué importa si te han dicho que se iban hace dos dias, tu debes respetarlos, porque claro, y si te denuncian, ¿qué?”
 
 
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Tengo prohibido llorar, gritar, sentirme mal y fracasada ante el sistema violento con mi carne y mis huesos, con mis sentimientos, con mis principios, proyectos y sueños. Con mi bienestar y felicidad.
 
No sea que alguien se moleste.
 

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Fabiola Llanos

Ecofeminista. Periodista i comunicadora social xilena / catalana. Especialitzada en imatge, arts gràfiques, producció audiovisual, neurolingüística i drets de les dones. Vaig parir La Periòdica. Co fundadora de La Independent.
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