Escrito por Montse Fernández Garrido
Siempre al lado del poder llamado “conservador” (aunque solo con la pretensión de conservar el poder y el dinero, ni los derechos de las clases desfavorecidas ni los de la madre tierra), esta Iglesia, cuando el golpe de Estado protagonizado por los militares contra el poder legítimo de la II República, decidido en las urnas, en connivencia con poderes reaccionarios diversos, la Iglesia no tuvo ninguna duda: Se colocó en el lado equivocado de la historia. Y así consiguió poder y prebendas, aunque para eso tuvieran que colaborar activamente con el fascismo, ocupándose de transmitir ideales reaccionarios y valores poco humanitarios. También encargándose de la represión de la ciudadanía, muy especialmente de las mujeres. Y su comportamiento son delitos o pecados?.

No podemos olvidar la enorme cifra de pederastia entre los curas, ocultada y protegida por la institución, el maltrato a las mujeres de la iglesia, considerándolas siempre ciudadanas de segunda, empleándolas solo para limpiar y estar al servicio de los hombres de la iglesia, el robo de bebés, primero en las cárceles de mujeres, entregando los hijos a sus adeptos, y luego vendiéndolos como mercancía por altas cifras de dinero, ocupándose de la enseñanza de nuestros niños, niñas y adolescentes, de los hospitales, y creando instituciones como el mal llamado “Patronato de Protección a la Mujer”, donde miles de jovencitas inocentes fueron torturadas, maltratadas, explotadas y humilladas por monjitas que las mantuvieron encarceladas hasta 1985. También maltratando, torturando, abusando sexualmente de niños y algunas niñas, explotando laboralmente a menores y haciendo experimentos médicos en no pocos internados (leer “Ortigas en las partes intimas”, artículo de Cristina Fallaras, en el diario digital Público, del 19.2.2018, tras el magnífico Documental de TV3, “Els Internats de la por”, investigación de Montserrat Armengou y Ricard Belis, que llevamos a Monseñor Omella, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, sin conseguir siquiera emocionarlo), y maltratando a no pocos niños en el “Circo de los muchachos”, por poner algunos ejemplos conocidos hoy por todos.
No es de extrañar que, una vez votada la Constitución del 78, (o aceptábamos esa o los “guardianes de la patria” podían volver a levantarse en armas. Y los que hoy presumen de ser “constitucionalistas” o no la votaron o lo hicieron en contra, por creerla demasiado progresista), esa Constitución que los 7 padres y ninguna madre escribieron y pactaron, para dejarla “atada y bien atada” y a pesar de escribir en ella que el país se declaraba aconfesional, no puede decirse que, en la práctica, sea así.






El Estado sigue manteniendo idénticos privilegios y prebendas a la Iglesia Católica aún hoy en día, lo que no casa nada bien con una llamada “democracia consolidada”. El último Concordato firmado por el Estado español y la Santa Sede, fue en 1979 y lo único que hizo fue confirmar el Concordato franquista de 1953. Y con eso seguimos, a pesar de los 47 años transcurridos. El Estado financia a la Iglesia Católica a través del IRPF y las cruces que ponen los ciudadanos en la declaración de renta. En 2023 fueron oficialmente 382 millones de Euros, aunque varias organizaciones laicas estiman el montante total, entre exenciones fiscales y ayudas varias, que supera los 11 mil millones de Euros anuales. La Iglesia Católica sigue con las inmatriculaciones, adjudicándose un patrimonio inmobliario que no le pertenece, eso sí, sin pagar impuestos por él siquiera.
Esta Constitución que casi obliga al bipartidismo, consigue que cuando el Partido Socialista llega al poder (y hasta lo ha tenido por mayoría), tras haber propuesto en varios de sus programas electorales, que acabaría con el Concordato, luego no lo hace.
Creo que poca gente sabe que en bastantes hospitales de nuestro país (por ejemplo el de Sant Pau, de Barcelona, un hospital concertado con financiación pública) no se practican abortos desde hace más de catorce años, ni tampoco se permite aplicar la ley para la eutanasia, para morir de forma digna. Y eso, porque la Iglesia lo impide. A pesar de que hace cinco años que tenemos la ley aprobada. Ellos, se saltan la ley, porque tienen el poder para hacerlo… También las órdenes religiosas que maltrataron a tantas muchachas jóvenes en el Patronato siguen hoy recibiendo dinero público y ocupándose de instituciones de atención a chicos y chicas vulnerables. También sigue en manos de la Iglesia Católica gran parte de la educación.
Para acabar con esta anómala y gravísima situación, más de 60 organizaciones, más de 140 personalidades y miles de ciudadanas y ciudadanos nos hemos adherido a un manifiesto para exigir la derogación de los acuerdos con la Santa Sede, demandando el fin de los privilegios de la Iglesia, ante la visita del Papa a España el próximo mes de junio, exigiendo al Gobierno socialista “que no siga manteniendo en el siglo XXI un tratado que consagra los privilegios para el catolicismo y erosiona la libertad de conciencia de la ciudadanía”.
Recordar que esa visita va a costarnos la friolera de quince millones, para que el cabeza de la Iglesia Católica visite cuatro ciudades: Madrid, Barcelona , Las Palmas de Gran Canarias y Santa Cruz de Tenerife.
El nuestro es un Estado aconfesional, y no pueden perpetuarse unas relaciones institucionales que vulneran el principio de separación entre Iglesia y Estado. Defendemos un modelo de estado LAICO, basado en la igualdad, la neutralidad institucional y el respeto a la diversidad de convicciones. Pedimos la libertad de conciencia real para todas las personas, crean lo que crean o dejen de creer
Y somos las mujeres quienes más precisamos acabar con esos privilegios, porque la Iglesia Católica nos ha maltratado más que a nadie, oponiéndose siempre al avance de nuestros derechos y también a todas las personas defensoras del colectivo LGTBI.
Acabemos con la última trinchera de los privilegios eclesiásticos. Toda trinchera puede y debe desmontarse.
Nota: en mi libro Tres generaciones rebeldes (puede pedirse prestado en bibliotecas) está mi Declaración de Apostasía, explicando las razones por las que pedir la baja de la Iglesia Católica, en mi caso por no ser creyente, pero también siendo agnóstica y hasta creyente, por no querer seguir siendo miembro de esa institución que tanto mal ha hecho a mujeres, hombres, niñas y niños.
Montse Fernández Garrido és abogada, feminista, memorialista y escritora. Autora de Tres generaciones rebeldes, biografía de su familia, cruelmente represaliada por republicana.
Fotos de Vindicación Feminista y del archivo personal de la autora.