A finales de diciembre pasado conocí a Patricia Cancelo. Fue en el acto de concesión del Premio a mi compromiso y trayectoria contra las violencias machistas (físicas, psíquicas, sexuales y económicas), entregado por el Conseller de Justicia, Ramón Espadaler. Había sido ella la artista seleccionada para realizar una figura, que me entregó, junto al Conseller, y que según nos contó en aquel emotivo acto, “representaba la resiliencia y la esperanza”.

Yo no la conocía. Es una bella mujer de 54 años, que lleva 30 trabajando con un material, el hierro, para lo que es preciso tener, además de técnica, fuerza física, porque trabaja y crea también figuras de gran tamaño. Ella es, además de escultora, pintora, periodista (había trabajado durante 12 años en radio y televisión) y galerista, que destaca por sus esculturas geométricas, destacando la influencia de Chillida y Oteiza .
Hace falta ser valiente y arriesgada para decidirse a crear, metiéndose en el mundo del metal, un mundo tan eminentemente masculino, porque al empezar, no había ni ropa de trabajo, ni guantes de su talla, ni calzado con protección para su pie. Y antes, cuando lo intentó, nadie le daba trabajo de soldadora por ser mujer.




Y como pintora abstracta, utiliza resinas, sales minerales, tierras, acrílicos, seda. Como en el hierro, que ha probado todos los materiales: madera, bronce, alabastro, hasta que llegó al hierro.
Ahora Patricia Cancelo, que es gallega, vive a caballo entre Barcelona y Dinamarca, porque allí y en Alemania, su obra es muy cotizada. Ha recibido numerosos reconocimientos a nivel nacional e internacional y su obra forma parte de las colecciones de museos y galerías de diferentes ciudades y países, como París, Irlanda, Dinamarca y Barcelona. Dice la prensa especializada que, “ su nueva Galería, (en Enrique Granados de Barcelona, que abrió en febrero de 2.023) se codea con algunas de las galerías más reconocidas a nivel nacional e internacional”.
Ella afirma que se especializó en obras contemporáneas y exposiciones temáticas que invitan a reflexionar. Y su obra enamora a coleccionistas y amantes del arte moderno. Crea esculturas geométricas, universos circulares y barcos. Y es una pintora que dice que “pretende mostrar el universo y el lugar que ocupa el ser humano en él”. Los expertos consideran que la artista gallega está revolucionando el arte.


En Dinamarca, a donde viajará de nuevo en abril, va a instalar una obra de gran formato que le han encargado y aquí tiene obras en el Monasterio de Pedralbes y en el Recinto Modernista de Sant Pau.
No obstante no es de eso lo fundamental que quiero escribir. Podéis encontrar en Internet numerosa información de su faceta de artista, pero lo que yo he conocido de ella es más íntimo… Veréis…
Ella y yo, el día en que nos conocimos, hablamos un poquito de cuestiones personales y me sorprendió y emocionó lo que me contaba. Ambas sentimos mucha empatía. Nos fotografiamos con el Conseller, era obligado, y luego juntas, orgullosas y risueñas. Lo poco que me contó de su vida lo ampliamos poco después y creo que vale la pena compartirlo con todas vosotras.
Patricia es hija de Valentín Cancelo Encisa, gallego, luchador antifranquista. Durante la dictadura su padre tuvo que huir de España, escondido en el maletero de un coche, que lo cruzó hasta Francia donde se instaló a vivir. Eran los años 70. Valentín era “rojo” y peligraba su vida. Más tarde viajó la esposa (Josefina Lorenzo Simón) con Patricia, que tenía 6 meses y allí, en Paris, nacieron sus hermanos .
Cuando Patricia tenía cuatro años, una noche llamaron a la puerta de su casa en París y entraron dos señores. Eran de la brigada político social, la temible policía secreta de la DICTADURA, que saltándose todas las normas internacionales, buscaban y ”cazaban” a luchadores antifranquistas en cualquier país. Patricia dice que es un recuerdo que le quedó para siempre. Le impactó. Querían llevarse a su padre, secuestrarlo: empujones, gritos, tensión, terror de toda la familia. Ella, Patricia no recuerda más que eso, pero sus padres le han explicado decenas de veces qué hizo ella: Corrió hasta su habitación, cogió su hucha de cerdito y se lo entregó a uno de los policías secretas, diciéndole “llévate mi hucha (que era su tesoro), todos mis ahorros, pero no te lleves a mi papá”. El policía vio sus ojos aterrorizados, su miedo, y les explicó que tenía una hija de su edad. Cosa rara, pero se compadeció, puso su mano en el hombro del padre de Patricia y le dijo “Hoy, tu hija te ha salvado la vida”. Y marcharon.
Tras saber esa historia, que me dejó el corazón helado, me dije que tenía que escribirla y compartirla, porque pienso que no hay muestra de amor más grande de una pequeñita a su padre.
Toda la familia pudo regresar al Estado español a la muerte de Franco, pero la post dictadura existía y los primeros años fueron realmente difíciles.


Ahora miro con otros ojos a la artista: escultora, pintora, periodista y galerista. Veo a una gran mujer y comprendo su lucha por lo que le apasiona.
Patricia, con sororidad, te deseo mucho éxito, en la vida personal y en la profesional… Lo mereces!
Montse Fernández Garrido es abogada defensora de mujeres. Profesora de Master de Derecho (UB). Dirigente feminista (1976-2026). Memorialista. Autora del libro “Tres generaciones rebeldes: La historia del maquis Ollafría contada por su nieta. Y, la lucha por la libertad de las mujeres”. Historia e historias (de 1900 a 2021). Dedicado a su madre y a su abuela, heroínas anónimas.