Texto y fotos por Tona Gusi y Sandra Miguez
Recibimos a Esther Barnet, la presidenta del Casal dels Països Catalans de La Plata, Argentina, en la entrada de la Llibreria Ona uno de estos días de vacaciones de Navidad. La librería está llena de gente buscando libros para regalar o para regalarse. Hay un ambiente muy festivo y amable, una cordialidad y un calor humano que también encontramos en la bienvenida que le da la directora de la librería, Iolanda Batallé, a Barnet. Las presentamos y, a continuación, hablan de la FIEC y del convenio con la librería, de la importancia de hacerles llegar los libros y, ahora que son vacaciones de Navidad y Reyes, ¿por qué no de juegos en catalán?, como el SCRABBLE, ya que hacía treinta años que no se podía jugar con la l·l, la ç y la ny.
Comenzamos la entrevista sobre el Casal de los Países Catalanes de La Plata, Argentina, hablando con su presidenta, pidiéndole que se presente a las lectoras y lectores de La Independent.

No tengo demasiado misterio... afirma.
—Pero ¿cómo le gusta definirse?
Me identifico mucho con mi profesión: soy profesora de catalán. Es decir, fundamentalmente mi compromiso es lingüístico, y la lengua explica muchas cosas. Entonces, todo lo que tenga que ver con la narrativa, con el discurso, con expresar, explicar todas las diferentes situaciones vivenciales —de los catalanes, de Argentina, de las mujeres— la literatura, porque me gusta mucho leer. Son cosas que me interpelan muchísimo.
—¿Y cómo comienza su vínculo con el casal concretamente?
Yo llegué a Argentina hace 28 años. Algo más, pero de forma estable, 28 años. Y cuando llegué le dije a mi pareja: “Mira, yo me quedaré aquí si puedo hablar en catalán. Si no, me costará mucho”. No es que no sepa hablar castellano, hablo castellano con normalidad, pero para mí era una cuestión necesaria.
Pensar en una familia —ahora tengo dos hijas—, poder expresarme en catalán, con mi lengua, y hablarla. Evidentemente, son esas cosas que se tratan en la pareja: a mí me gustaría esto, a mí me gustaría aquello… Bueno, llegamos a ese compromiso.
—¿Él es argentino, entonces?
Mi marido es argentino y ha aprendido catalán de una forma natural. Así que me casé con mi marido y tuve dos hijas.
Al principio busqué centros catalanes. En aquel momento no había internet, así que lo único que sabía era que había un centro catalán en Buenos Aires, porque tiene una trayectoria muy importante, y fui al casal de Buenos Aires. Me quedaba un poco lejos de casa, porque yo estaba en La Plata, vivo en La Plata; son unos 30 o 40 km de distancia y los transportes y las comunicaciones no son muy buenas.
Después lo dejé y empecé a dar clases en la Universidad de La Plata. Un día un alumno me dice: “¿Y tú por qué no estás en contacto con el Casal de los Países Catalanes?”. Y le digo: “No lo conocía, no sabía que existía”. Recuerdo que era casi al final del curso escolar, en noviembre. Fui al casal y me recibió Josep Agustí, que era el presidente del casal, una persona encantadora, muy buena persona, muy acogedora.
Estaba fascinado de que hubiera una catalana que hubiera llegado a La Plata. De inmediato nos entendimos y me vinculé con el casal en ese momento. Y lo he estado siempre, nunca me he desvinculado. Desde entonces siempre doy clases de catalán o colaboro en algo; siempre hago alguna actividad en relación con el casal y no lo he abandonado.
También estuve en contacto con el casal de Buenos Aires más tarde. Necesitaban formar un equipo de profesores y empezamos a hacerlo. Pero la verdad es que viajar todos los días, o tres o cuatro días a la semana, es difícil, y finalmente decidí quedarme en La Plata. Además, la pandemia cambió mucho el paradigma.
Desde entonces doy clases virtuales. Así que tengo alumnos de Salta, de Ecuador, de Entre Ríos… y estoy muy cómoda. La verdad es que el Casal de los Países Catalanes de La Plata es como la entidad que represento y que me representa.

—¿Cómo lo definiría actualmente?
Mira… el Casal de La Plata es un casal que se inauguró hace 30 años. Por lo tanto, tiene una historia diferente a la de los centros catalanes tradicionales que surgieron del exilio y como centros de acogida. Por su juventud tiene características un poco distintas.
Es un centro donde hay catalanes, pero también muchísimos argentinos, amantes del catalán, de su arquitectura, de su música… o con un vínculo emocional muy fuerte con Catalunya.
Y nosotros, de alguna manera, también estamos reclamando este papel de los centros catalanes en el exterior porque, sobre todo en América o Sudamérica, ha cambiado totalmente el paradigma del centro catalán. Es decir, hay muy pocos catalanes que vayan a Rosario, que lleguen a Buenos Aires o que se queden, no sé, en Cuba.
Eso ya no existe. Lo que sí existe es otro contexto de catalanes y catalanófilos, que además es totalmente válido.
—¿Diría que la cultura es el compromiso más fuerte, teniendo en cuenta las actividades que realizais de arquitectura, literatura…—?
Sí, claramente sí. Se trata de compartir esa cultura. Y trabajamos mucho todos esos ejes.
El Casal de La Plata cada año realiza alguna actividad en torno a la arquitectura, a la música, a la literatura, a la lengua, al feminismo. Siempre buscamos esos puntos donde vemos que hay un colectivo dentro del casal interesado.
—Seguro que también celebran y conmemoran fechas tradicionales, como Sant Jordi, 11 de septiembre…
Sí, todo eso lo hacemos. Navidad, esas cosas. Siempre.
Hablemos ahora, sobre todo, de los últimos actos que el casal ha realizado en torno al feminismo, como la Mesa de debate (conservatorio) titulada “La recuperación de los derechos sexuales postdictaduras. Una mirada a los dos lados del Atlántico”.
Este acto tuvo lugar el 19 de septiembre de 2025 en la Universidad de La Plata, en el marco de la muestra “Salir de una dictadura sexual. Disidencias y mujeres por sus derechos en la España postfranquista”.

Participaron como ponentes: Cristina Escarmis, activista feminista y anticapitalista, pionera en la investigación sobre química en un Estado español donde las ciencias estaban vetadas a las mujeres; Dori Castilla, activista ecofeminista y LGTBI, integrante del grupo de trabajo de Feminismo de la Izquierda Independentista de Cataluña; y Facu Saxe, investigador y militante de las disidencias sexuales (CInIG-UNLP-CONICET). Moderaron el acto Esther Barnet y Gisela Manzoni. También se pudo ver el ensayo audiovisual “La revolución sexual de nuestro tiempo”, realizado por Nadia Ledesma Prietto.
Esther Barnet subraya que la mayoría de los actos del Casal de los Países Catalanes de La Plata se realizan en colaboración con la Universidad. Así nos habla también de:
La exposición y actividades sobre la guerra del 36-39
También hicimos una mesa redonda sobre las mujeres en la Guerra Civil. La verdad es que lo pasamos muy bien y nos gustó mucho realizar la actividad. Hicimos una exposición de carteles de la República y una selección de mujeres catalanas, también de la República.
Después de la muestra celebramos esta mesa redonda, que fue muy interesante. Vino mucha gente y es un tema —la Guerra Civil, el feminismo, el papel de la mujer durante la guerra, todo el movimiento LGTBI— que convoca mucho.
—Ambas actividades son paralelismos entre postdictaduras, ¿verdad?
Sí, son temas que nos convocan porque tenemos muchos puntos de conexión. Cada año pensamos un proyecto y siempre lo hacemos en combinación con la universidad. Siempre está Gisela Manzoni, que es especialista; pertenece al Departamento de Historia y al Centro de Investigaciones de Género.
Llegadas a este punto de la conversación, hablamos de la actriz catalana Rosa Andreu, que desde hace dos años representa Memoria de las olvidadas, un monólogo conmovedor, lleno de sentimiento y memoria. También en Paraná hay una actriz que hace una obra sobre las mujeres que padecieron directamente la dictadura argentina. Las tres imaginamos lo interesante que sería reunirlas.
fotos grupales
—En cuanto al feminismo en concreto y dados los avances de las últimas décadas en Argentina, ¿qué le hizo sentir que era necesario vincularlo al casal de La Plata y a sus actividades?
Fundamentalmente, la mayoría de la junta actual son mujeres: diría que un 80, 85, incluso 90 %. Eso da un perfil diferente.
El otro día, en un taller de conversación, encontré un vídeo muy interesante sobre el papel de las mujeres en la sociedad, especialmente en las universidades y en los cargos de liderazgo. Hay muchas mujeres profesionales y muchas mujeres en las universidades, pero luego, por ejemplo, en España creo que solo hay tres rectoras.
El Casal de La Plata nació con un fuerte papel masculino, porque fueron tres hombres —dos de ellos hermanos— quienes lo iniciaron. Pero ahora nos encontramos con un cambio fuerte de paradigma.
Diría que en los casales tradicionales ha habido muchos hombres, con grandes excepciones como Uruguay, donde hay un fuerte matriarcado. Históricamente, en Sudamérica ha habido muchos hombres en los casales catalanes. En nuestro caso el cambio de paradigma ha sido natural.
—¿No ha habido entonces una búsqueda explícita de las mujeres o de su memoria en los 28 años de existencia del casal?
En muchos casos, nos preguntamos ¿qué hacían las mujeres en los casales? Preparaban la comida, organizaban, limpiaban, hacían trabajos artesanales como las puntillas… Eso ha pasado, y en algunos casos todavía pasa.
Pero eso no significa que no hayan sido las mujeres quienes los hayan sostenido. Hay una fuerza oculta, una tarea sostenedora. En el Casal de La Plata el cambio fue natural: se fue yendo la gente mayor y por relevo quedamos las que estábamos, que éramos mujeres.
—Nos ha explicado varias actividades feministas. ¿Qué otros proyectos tienen?
Durante años hicimos exposiciones de mujeres catalanas, un proyecto compartido con Guayaquil que nació durante la pandemia. Con Nieves Toset y Santiago compartimos muchos proyectos y aprendimos a trabajar en virtualidad.
Hicimos primero un proyecto sobre modernismo, con la ayuda de un socio arquitecto, Alejandro Pavia Mira. A partir de ahí surgió la idea de un proyecto sobre mujeres. Durante cuatro o cinco años hicimos selecciones de mujeres: nosotras seis, ellos seis.
—¿Qué nombres?
Desde Montserrat Roig hasta Francesca Bonnemaison. Buscábamos diversidad: mujeres de la ciencia, de la pedagogía, de la literatura, anarquistas… Que fuera amplio y diverso.
Después dimos el salto al proyecto sobre las mujeres en la República y este año hicimos un paralelismo con una línea del tiempo de los derechos y conquistas de la lucha feminista, desde el franquismo hasta la actualidad.

—¿Cuáles son los retos de las mujeres en la diáspora vinculadas a la cultura catalana?
Con todas las mujeres que tengan ganas de hacer algo. No hay un filtro ideológico: podemos discutir, no todo el mundo piensa igual, y eso está bien. Somos un centro cultural y social, pero también tenemos un rol en la sociedad y nos gusta ejercerlo plenamente.
—¿Los derechos de las mujeres tienen un papel fundamental en el casal?
Sí, es fundamental y queda mucho camino por recorrer. Argentina es un país con mucha violencia de género; las cifras son estremecedoras. Eso nos moviliza mucho y queremos aportar nuestra perspectiva y apoyar lo que sea necesario.
—Para terminar, ¿cuál es el mensaje para las mujeres con las que trabajan y para las lectoras y lectores de La Independent?
Que vengan a visitarnos a La Plata. El mensaje es no perder las oportunidades de transformar lo que se pueda. No somos espacios de lucha, quizá, pero sí de reivindicación, de diálogo.
Si no hablamos de estas cosas, perdemos un espacio necesario. El casal debe ser plural, abierto a todas las ideologías. Y del mismo modo que hablamos de gastronomía catalana, también debemos hablar de las mujeres, de la literatura, del feminismo, de las injusticias que afectan a las mujeres y al colectivo LGTBI.
Nosotros sentimos que somos un puente. No somos un centro de acogida de catalanes: somos un puente entre La Plata, Argentina, y Catalunya. Y como puente debemos facilitar el diálogo entre estos dos mundos.



