El congreso contó con el apoyo del general Salvador Alvarado y reunió a más de 600 delegadas, en su mayoría maestras rurales y activistas políticas, que se congregaron en el Teatro Peón Contreras de Mérida. Muchas de ellas habían participado en la oposición a las dictaduras de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta, lo que convirtió el encuentro en un auténtico laboratorio de derechos civiles.
El debate se centró en cuatro ámbitos clave, cuyas reivindicaciones siguen teniendo vigencia en la actualidad:
- Educación y profesionalización: la necesidad de que las mujeres accedieran a una formación científica y técnica más allá de las denominadas “labores del hogar”.
- Derechos políticos: los primeros debates formales sobre el sufragio femenino en México.
- Libertades civiles: propuestas para reformar el Código Civil, permitir el divorcio y otorgar mayor autonomía a las mujeres dentro del núcleo familiar.
- Educación sexual: un tema profundamente revolucionario para la época, orientado a proporcionar a las mujeres conocimiento sobre su propio cuerpo.
Figuras destacadas como Elvira Carrillo Puerto, junto con otras integrantes de las Ligas Feministas, utilizaron las conclusiones del congreso para impulsar leyes de gran trascendencia. Gracias a este precedente, Yucatán se convirtió en 1923 en el primer estado en reconocer el voto femenino a nivel local, abriendo el camino hacia la reforma federal de 1953.
Una deuda histórica con las mujeres indígenas
Durante la conmemoración de los 110 años del congreso, se puso un énfasis especial en la deuda histórica con las mujeres indígenas, cuya realidad fue muy distinta de la de las congresistas de 1916.
Las mujeres indígenas fueron excluidas del Primer Congreso Feminista, ya que la convocatoria se limitaba a mujeres con educación primaria y de “buena reputación”, un criterio que dejó fuera a la mayoría de las mujeres mayas, marcadas entonces por el analfabetismo y la explotación.
Con el paso del tiempo, el movimiento feminista evolucionó e incorporó las demandas de las mujeres rurales e indígenas. En este contexto, Elvira Carrillo Puerto fundó las Ligas Feministas Campesinas, que trabajaron directamente con comunidades mayas en cuestiones clave como la emancipación económica, los derechos sobre la tierra, el trabajo y la alfabetización como herramienta de libertad política. Estas acciones permitieron que muchas mujeres indígenas se convirtieran en lideresas con autonomía propia y referentes de identidad nacional.
Vigencia del legado feminista
Actualmente, la Secretaría de Educación Pública recupera algunas de las reivindicaciones surgidas del Primer Congreso Feminista para aplicarlas a una educación con perspectiva de género. Asimismo, durante los foros conmemorativos, la Cámara de Diputados y el Senado mexicano subrayaron que «el feminismo mexicano del siglo XXI debe ser interseccional, garantizando que los derechos conquistados hace más de un siglo lleguen efectivamente a las comunidades indígenas, respetando sus sistemas normativos y sus lenguas».
Primer Congreso Feminista, Amada Santos, Derechos de las Mujeres, Efemérides, Feminismo, México, Noemí Juárez Pérez
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