Por Montse Fernández Garrido*
Recientemente la Universidad de Barcelona ha rendido homenaje a una de las activistas y líder sindical más conocida, reconocida y querida de Barcelona, de la Barcelona periférica, humilde, pobre.
En el hermoso salón del Paraninfo, lleno hasta la bandera de ciudadanas y ciudadanos que la admiran, el Decano ha reconocido a Maruja Ruiz como la mujer que jugó un papel crucial en la lucha contra la dictadura, por las libertades y contra el fascismo, desde el movimiento sindical. Ruiz militaba ya en clandestinidad, y sigue haciéndolo, en CCOO y es una de las mujeres más importantes y valiosas del PSUC, hoy PSUC Viu.
También “es un referente revolucionario de cómo se hace la solidaridad, en silencio, con humildad y con un chaleco moral e ideológico que la acompaña siempre”. Con esas palabras se han expresado en un diario cubano, (“Cuba en resumen”) al comentar este nuevo homenaje y reconocimiento. Hasta esa isla llega la popularidad y se le expresa el cariño y admiración a Maruja Ruiz, porque desde hace ya treinta años ella acude allí, cada año, acompañada de una Brigada hermanada con Cuba, por la cultura y la solidaridad.

“Maruja”, así la conocen en su barrio, sin necesidad de apellidos, nació en Guadix (Granada) el 21 de noviembre de 1936 en una familia humilde y luchadora, republicana, cruelmente represaliados. Ella hoy tiene 88 años. Con el tren conocido aquí como “El Sevillano” y allí como “El Catalán”, llegó a Barcelona desde su Andalucía pobre en 1949 y como tantas personas de aquellas tierras vinieron huyendo de la represión franquista, del hambre y la pobreza . Y buscando un futuro mejor. Como tantos y tantos inmigrantes llegaron sin más pertenencias que sus manos para trabajar y su ilusión por tener una vida digna para ellos y sus descendientes. Esos inmigrantes que tanto han colaborado para hacer de Catalunya una tierra más prospera, progresista y solidaria. Son “els altres catalans” como los llamó el gran periodista Paco Candel, o “peatones de la historia”, como los denominó otro grande, Manuel Vazquez Montalban, ambos compañeros de lucha de Maruja Ruiz. Fueron mano de obra barata, explotada, despojada de toda protección, gentes llegadas principalmente del campo, campesinos y jornaleros, mujeres destinadas aquí a servicios de limpieza o como obreras para las fábricas… Toda la historia de “Maruja” y de su marido, el también activista y sindicalista Fernando Medialdea Cruz, se ha publicado en un magnífico trabajo de Núria Sánchez Masip, libro titulado “Cuando vengan los nuestros”, que ofrece la Fundación Cipriano García del CCOO (2019).
En los años 50 del pasado siglo llegaron a Barcelona 200.000 inmigrantes, que ante la escasez de vivienda y de dinero (era la época del racionamiento y del estraperlo), tuvieron que instalarse en chabolas y barracas.
Con su madre se quedaron en uno de los barrios nacidos del suburbio, en el extremo Norte de la ciudad, barrios que hoy están entre Collserola y la Meridiana, en total trece barrios del Distrito conocidos hoy como Nou Barris, donde, de nuevo, existe una corriente migratoria desde el año 2000, esta vez desde el extranjero. Ya son más del 12%, de ecuatorianos, hondureños, rumanos, magrebís… Con un total de unos 170 mil habitantes.
Actualmente muchísimas personas de nuestro país han descubierto o redescubierto esa durísima realidad, concretándose en Torre Baró, gracias a la película que se ha hecho famosa y que ha sido multipremiada, sobre un autobús, titulada “El 47”. Magnífica película, pero que oculta algunas realidades: Que quienes trabajaron y lucharon por mejorar y dignificar esa zona, eran activistas, militantes comunistas y sindicalistas de CCOO. Entre ellos y de los que más, “Maruja”. Ella secuestró dos autobuses en 1976, dos años antes de que lo hiciera su compañero de partido y sindicato, su gran amigo Manuel Vital, subiéndolos hasta Torre Baró y colaboró con Manuel a subir “el 47” dos años después. Esos secuestros significaron la detención de Maruja Ruiz, junto con otras compañeras y compañeros y su paso por la Comisaría de Via Laietana, ya que fueron detenidos, porque la lucha no salía gratis.
Maruja ha luchado y conseguido para Nou Barris una infinidad de servicios: alcantarillado, asfaltado e iluminación de las calles, semáforos, agua, casas, centro de salud, casal, cinturón, … y tantas y tantas mejoras. Un ejemplo de su perseverancia es cuando sin desfallecer visitaba continuamente al entonces alcalde Enric Masó, persiguiéndolo y exigiéndole una fuente. Cansado y hasta agobiado por su insistencia ordenó “Ponedle la fuente a esta señora para que no venga más”. Y ese mismo día se le pedía al alcalde Masó la mejora de los accesos al barrio de Canyelles, que únicamente tenía un puente para entrar y salir del barrio. Su lucha no cesaba ni un día. También organizó sabotajes a las grúas que iban a construir en un terreno que se ganó para un Casal… Maruja Ruiz es una activista y líder que nunca desfallece.
No sólo ha luchado “Maruja” por todas estas mejoras en la vida de sus conciudadanos, también se hizo famosa y hasta salió en la prensa Internacional por su apoyo a la lucha en la huelga que protagonizaron en 1976 los 1800 hombres en la empresa barcelonesa Motor Ibérica, despedidos por reivindicar mejoras en sus condiciones laborales. Maruja organizó a 300 mujeres de esos trabajadores, entre los que estaba también su marido, y pasaron casi un mes encerradas en la iglesia de Sant Andreu de Palomar, junto con los hijos e hijas de los obreros. Salieron a palos de allí, por la policía nacional, que entraron sin el permiso del párroco, destrozando todos los enseres y alimentos que allí tenían, y ellas pasearon sus chalecos reivindicativos por toda la ciudad. Y ganaron, porque readmitieron a los huelguistas a sus puestos de trabajo, consiguiendo mejoras importantes.




Hay infinidad de artículos, varios documentales, libros, y también está publicada su biografía de Wikipedia, donde se pueden encontrar decenas y decenas de historias sobre Maruja Ruiz. Ella hoy, con 88 años, sigue ágil, activa, militante, generosa, mostrando siempre la sororidad y ternura (a mí me ha regalado una moneda con la imagen del Che y un taper con migas que me ha cocinado, porque hacía muchísimos años que no las comía) y la solidaridad, participando en no pocas actividades, siempre acompañada de su hija, Dolores, que continúa con la estela de sus padres, pero es que “Maruja” también tiene tiempo, ganas y humor para participar en el carnaval de 2025, disfrazada de rockera, con un grupito de amigas…
Mujeres como Maruja merecen no sólo nuestro respeto y gratitud. También reconocer todo su esfuerzo en la lucha por un mundo mejor. Tenemos Marujas que nos han precedido y a las que reivindicamos y homenajeamos, porque nos han enseñado a ser agradecidas y a sentirnos felices de colaborar a que esta sociedad sea más progresista y feminista, especialmente en estos tiempos duros, donde enseñan los dientes y las garras el fascismo. ¡Felicidades y mil gracias, Maruja!.
Y como dicen nuestros compañeros, compañeras y amistades de Cuba… ¡Hasta la victoria siempre!
Montse Fernández Garrido, es abogada Feminista. Profesora de Máster de Derecho (UB). Autora de la biografía de su familia “Tres generaciones rebeldes”, dedicado a su abuela y a su madre, heroínas silenciadas.