El 2 de marzo de 2026 marca una década desde que el extractivismo criminal intentó callar la voz de Berta Cáceres. Sin embargo, diez años después, su asesinato no solo permanece como una herida abierta en la memoria de Honduras, sino como el símbolo global de una justicia que llega a cuentagotas cuando se enfrenta al poder del capital. Entrepueblos ha lanzado la campaña “Hasta la raíz”, como un acto de impugnación política contra el modelo que prioriza el beneficio empresarial sobre la vida.
El informe del GIEI: La anatomía de un crimen de Estado y mercado
No estamos ante un hecho aislado, sino ante un engranaje sistémico. El informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), bajo el auspicio de la CIDH, Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos) ha desmantelado la narrativa del “suceso fortuito”. Los hallazgos son devastadores: el crimen de Berta fue planificado, financiado y ejecutado mediante una alianza criminal entre élites empresariales, entidades financieras y estructuras estatales. Esta década de exigencia ha demostrado que el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca no solo buscaba energía, sino el disciplinamiento de un pueblo que se atrevió a decir “no”.

“Hasta la raíz”: Más allá de la conmemoración
Esta campaña no se limita a pedir justicia para el pasado; interpela directamente nuestra responsabilidad en el presente. El objetivo es claro: señalar las responsabilidades de las empresas y del Estado español en la arquitectura de la impunidad global.
La pregunta que se lanza al debate público es de una urgencia radical: ¿Cómo estamos cuidando hoy la vida y los territorios que Berta defendió con su sangre? Mientras las normativas sigan siendo tibias o insuficientes, las empresas seguirán operando en el Sur Global con una lógica neocolonial.
Un 8 de marzo de autodefensa ecofeminista
El Manifiesto del 8 de Marzo de Entrepueblos reafirma que la defensa del territorio es, intrínsecamente, una defensa del cuerpo. También denuncia la violencia específica que el patriarcado extractivo ejerce contra las mujeres defensoras, quienes se enfrentan no solo las balas, sino el estigma y la persecución comunitaria.

Berta Cáceres no fue asesinada solo por ser defensora, sino por ser mujer, indígena y lenca; por proponer un ecofeminismo práctico que cuestiona la propiedad privada de la tierra y del agua. A diez años de su muerte, su lucha nos enseña que la justicia no se solicita, se construye en red, conectando las resistencias de aquí y de allá, hasta que la vida sea el centro de toda política.

Fotos: Amnistia Internacional: Entrepueblos: https://pixabay.com/