sábado 13 julio 2024

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“Educar una mujer es educar un pais”

La autora de estas palabras, la mozambiqueña Alpódia André Manhique, lo sabe de primera mano, ella misma es un buen ejemplo de cómo invertir en la educación de las niñas en los países en vías de desarrollo es una buena apuesta que repercute sobre toda la comunidad, además de ser un derecho inalienable de todas las mujeres.

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André Manhique es ahora profesora de Filosofía, pero proviene de una familia muy humilde del ámbito rural y nunca pudo soñar ni siquiera con terminar la escuela primaria.

Su abuelo, sin embargo, ahorró para que pudiera continuar sus estudios y ahora, con 29 años, es una de las profesoras participantes en el programa ESMABANA 2011, que ofrece educación gratuita, y la manutención incluida, a más de 7000 niños y niñas en Mozambique, gracias a la colaboración de ONGs como Manos Unidas.
 

 

Por una cooperación más igualitaria en África

La mozambiqueña fue una de los cuatro expertos participantes en la mesa redonda “África: derecho a tener derechos”, que se celebró el jueves 29 de septiembre en las Cotxeres del Palau Robert, organizada por Manos Unidas como pistoletazo de salida de su campaña “África, cuestión de vida, cuestión debida”. Esta campaña pretende concienciar a la sociedad de la necesidad de ayudar a que África se desarrolle desde sus propios recursos, llevando a cabo una cooperación que respete los derechos de la población del continente y haga especial enmienda a la necesidad de incluir la perspectiva de género en esta cooperación. Y es que, como denunció otro de los ponentes, Mbuyi Kabunda, profesor de Política Africana en la Universidad de Basilea, “se está tendiendo a excluir el enfoque de género en la cooperación actual en África”.

A pesar de los esfuerzos que se están haciendo en Mozambique para ampliar el nivel de acceso a la educación y la salud de su población, “hay mucha diferencia entre lo que se planifica y lo que se ejecuta en el terreno”, explica Alpódia André, y “en la práctica el gobierno es incapaz de garantizar el acceso a la educación primaria y secundaria de los jóvenes mozambiqueños”. Así, iniciativas de la sociedad civil como el programa ESMABANA, son necesarios para paliar estas carencias. Uno de los ejes de trabajo de este programa es el incremento del número de niñas escolarizadas, que se va consiguiendo a medida que la red escolar llegando a cada vez más poblaciones.

“Después de la guerra civil, la enseñanza en las poblaciones pequeñas acababa el 5º curso de primaria y de allí en adelante, para seguir estudiando, había que ir a las ciudades, por lo que los padres no encontraban ninguna ventaja en inscribirse una niña en la escuela “, relata André. Según la mozambiqueña, “los padres tenían la mentalidad de que la mujer debe quedarse a trabajar en el campo, cuidar de la casa, realizar las tareas domésticas y ser una buena esposa y madre. Esto ha ido cambiando, pero aún se encuentran a menudo con dificultades para convencer a ellas y sus familias de las ventajas que pueden obtener a través de la escolarización. También se encuentran con problemáticas como el hecho de que el VIH-SIDA mate tanto el padre como la madre de una familia, lo que obliga a la hermana mayor a renunciar a la escuela para poder sustentar los hermanos más jóvenes.

Haciendo frente al reto de la educación y la salud de las niñas

En otros casos, el problema que lleva las niñas a no asistir a la escuela es el continuo cambio de residencia de los padres en busca de mejores condiciones de vida. Otras veces, matrimonios prematuros, a menudo obligadas por sus padres o porque ellas mismas decidexien casarse como salida para mejorar su vida. “También encontramos muchas chicas que optan por prostituirse para así tener acceso a más bienes materiales, ya que consideran que estudiante nunca tendrían la posibilidad de alcanzarlos”, explica André.

probert22Así pues, desde el programa donde ella trabaja, el profesor o profesora deben ser educadores y padres y madres al mismo tiempo e intentar sensibilizar a las chicas ya la comunidad en torno a ellas, ya que “a veces es el propio entorno de las chicas que las desvía del camino correcto y los estudios “.

“Nos encontramos con muchos retos, como que, aunque el seguimiento y tratamiento del VIH-SIDA ha mejorado en el país, nos encontramos con el crecimiento de los casos de infecciones de mujeres en edad fértil”, denuncia Alpódia André. “Hay que remarcar que en los últimos 2 años se ha conseguido evitar totalmente la transmisión vertical del virus de madres a hijos en Sofala, gracias a que hay un seguimiento de los tratamientos médicos de más de un 90% “. Precisamente, gracias al programa ESMABAMA, en la ciudad de Estaquinha, en Sofala, ya disponen de un Centro de Salud, una infraestructura de gran calidad que ofrecerá asistencia médica a las poblaciones más desfavorecidas de la región.

 

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