martes 16 julio 2024

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Enfocando a las mujeres haitianas más allá de las luces mediáticas

Para conocer cómo son y qué hacen las mujeres haitianas es preciso superar y salir de las imagenes incrustadas en nuestra imaginación que presentan a Haiti como un país en el que sólo hay miseria humana, tal como hemos visto en las noticias. Imágenes insoportables de este país del Cáribe han invadido nuestros televisores y  han quedado como únicas y exclusivas.


Sobre todo, por la devastación que causan los frecuentes huracanes, por el terremoto que golpeó el corazón de la capital en el 2010, o simplemente por su cotidianidad marcada por la pobreza, hemos sido bombardeados por imágenes que nos muestran un país con una ecología en ruinas, un sistema político corrupto e inestable que no logra satisfacer las necesidades básicas de su población y una sociedad desorganizada que vive en un «estado permanente de violencia y conflicto».

No podemos desconocer que Haití es el país que ocupa el poco honroso puesto 161 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el lugar 127 en el Índice de desigualdad de género, al tiempo que continúa siendo el país menos desarrollado del hemisferio occidental, con la mayor densidad poblacional, teniendo al 78% de sus habitantes viviendo en la pobreza absoluta y el 56% en la pobreza extrema. Pero tampoco podemos negar que la piedad o el horror nos impiden entender este país y la situación de sus mujeres. Es cierto que la miseria está presente en Haití y que las mujeres resultan mayormente afectadas por ésta. Como en muchos países del mundo, ellas soportan todo el peso de dar de comer a sus hijos, cuidarlos y educarlos. A menudo lo hacen solas con esfuerzos inmensos y con muy pocos recursos. Así por ejemplo, si bien es cierto que el índice de analfabetismo femenino es del 55%, mientras que el masculino del 47%, no se nos informa que las familias haitianas, y entre ellas numerosas madres solteras, gastan una proporción de su presupuesto familiar mucho más elevada en la escolarización que los europeos o los norteamericanos. ¿Por qué? Sencillamente porque el sistema escolar haitiano está altamente privatizado.

Un poco de historia sobre la pobreza

El estereotipo de las haitianas como actrices pasivas sobre las que se descarga la pobreza y la violencia sexual masculina contamina la información que nos llega sobre Perla de las Antillas y sus mujeres. Nos esconde en particular las raíces históricas de dicha pobreza y la valentía de las mujeres haitianas para defender sus derechos.

Se olvida que durante la colonización, Haití fue uno de los principales productores mundiales de oro, café y azúcar. Que se descapitalizó después de su independencia porque los esclavos liberados en 1804 no quisieron incorporarse de nuevo a la producción hacendera creadora de tales exportaciones. Que Francia no se contentó con haber gozado de tanta riqueza durante siglos: en 1835, apoyada por las grandes potencias mundiales, impuso a Haití una deuda de 17 billones de euros (en valor actual) para compensar el “despojo” de sus colonos. Que esa deuda se terminó de pagar hasta 1947. Y que, más recientemente, el libre comercio y la importación de enfermedades animales golpearon fuertemente la producción agrícola y ganadera haitiana, provocando a partir de 1970 importantes migraciones campesinas que, junto a otros factores como la falta de planificación urbana y la ausencia de fuentes de trabajo, han dado lugar a la bidonvilisation de Puerto Príncipe. La pobreza de muchas mujeres haitianas está ligada a esta historia.


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Por otro lado, desde los tiempos de la lucha anti-esclavista, las mujeres haitianas mantuvieron una presencia articulada e influyente, aportando numerosas heroínas al movimiento, entre ellas: Catherine Flon, Cécile Fatiman y Dédée Bazile. Pero su influencia no logró acabar con la discriminación de género en Haití. Como bien lo señala el escritor francés André Malraux: la sociedad haitiana es paradójica, pues la cultura haitiana no se encuentra restringida a las personas escolarizadas, sino que ésta pulula por las calles. Y, así mismo, existe un feminismo haitiano bien implantado que se codea con prácticas patriarcales.

Ellas son la clave de la economia

En efecto, la lucha diaria de las mujeres haitianas, incluidas las que han constituido asociaciones, permite que este país exista y que sus habitantes guarden esperanza. Ellas juegan un papel fundamental en el sostenimiento de la economía familiar en todo el país, como comerciantes en los mercados y en las plazas, por ejemplo. Su valor es inquebrantable al salir durante largas jornadas a trabajar para sostener a sus familias.

En 1930 nació la Liga Femenina para la Acción Social (Ligue féminine d’action sociale), que se caracterizó por reclamar el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de las mujeres, operando en la clandestinidad y siendo objeto de represión en muchas oportunidades. Para socializar los derechos de las mujeres la Liga creó un periódico llamado “La voz de las mujeres” (La Voix des Femmes), que se constituyó en un órgano de difusión de ideas, demandas y de educación en temas de género. En 1950 se llevó a cabo el primer Congreso Nacional de mujeres haitianas en el que participaron los delegados de 44 organizaciones de mujeres haitianas y 32 delegados de 17 organizaciones internacionales. En 1957 se aprobó el derecho al voto femenino en Haití para ser ejercido sólo en la escala municipal. Pero la dictadura de Duvalier no permitió su ejercicio continuo a las mujeres haitianas. No fue sino hasta 1987 que pudieron regresar a las urnas para votar por un referéndum constitucional. En el año 1994, el movimiento feminista obtuvo la creación del Ministerio de la Condición Femenina y de los Derechos de la Mujer (Ministère de la Condition Féminine et des Droits des Femmes). Estos avances institucionales y el reconocimiento de derechos que han adquirido las haitianas en el trascurso del siglo XX son muy significativos, pero aún existen muchas dificultades a la hora de formular y ejecutar políticas públicas para las mujeres en este país. Sea el caso de la prevención de la mortalidad femenina en el parto que, según las estimaciones del 2011, en Haití se mantenía entre las más altas del mundo: 630 muertes de mujeres por cada 100.000 nacidos vivos.

Ahora bien, es necesario recordar que existen muchos tipos de mujeres haitiana, que se mueven en diferentes ambientes socioeconómicos y sociopolíticos (la alta burguesía, la clase media y las poblaciones rurales o urbanas pobres). En el medio rural, en las bidonvilles y en los campamentos de desplazados, la vida de las mujeres es particularmente dura. Suelen ser ellas las encargadas de alimentar a los niños, encontrar y transportar el agua, conseguir un techo, todas estas son actividades que implican esfuerzos inmensos y muchas veces inalcanzables. También hay que reconocer que durante la etapa posterremoto, como suele ocurrir tras un desastre, hubo un aumento de la violencia familiar y sexual contra las mujeres en particular en las bidonvilles y los campamentos, lugares de mayor vulnerabilidad.

La violència no sólo fue ejercida por los hombres haitianos, sino como lo han señalado las redes de protección de los derechos humanos en Haití, también por los soldados de la Misión Internacional de las Naciones Unidas (MINUSTAH). Algunos practicaron violencia sexual contra mujeres y hombres haitianos y no ha habido ninguna repercusión penal por sus actuaciones, ni indemnizaciones a las víctimas. Algunos padres de familia comentan que optaron por enviar a sus hijas a vivir con un familiar fuera de los campamentos para protegerlas de este tipo de agresiones.

 

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La agresión sexual reconocida como crimen contra las personas

La violencia contra las mujeres en Haití está presente en todas las clases sociales y en todos los ambientes, aunque sus características varian. Por ello, las asociaciones de mujeres trabajan desde el fin de la dictadura de Duvalier para modificar las leyes y las prácticas jurídicas, transformar las mentalidades, ofrecer servicios a las mujeres víctimas, procesar jurídicamente a los acusados y prevenir la violencia de género. Gracias a su trabajo político y social sostenido, se organizaron conferencias de alcance internacional, tales como: el «Tribunal international contre la violence faite aux femmes haïtiennes» de 1997, la «Conférence sur la citoyenneté des femmes haïtiennes» en 2005, y la « Conférence en vue d’une politique publique de lutte contre les violences faites aux femmes et aux filles en Haïti » en 2012.

Las asociaciones haitianas de mujeres, a su vez, han conseguido que la agresión sexual se reconozca como un crimen contra la persona y no como un crimen contra el honor de su familia y que los procesos médicos para las víctimas se difundan en todo el territorio nacional. El Parlamento haitiano ha votado a favor de una ley sobre la paternidad responsable, actualmente se encuentra en curso una ley marco que penaliza la violencia de género y se realizan intervenciones preventivas en los campos de desplazados.

Todo eso fue realizado por el movimiento feminista haitiano y mucho de ello después del sismo, a pesar de las pérdidas personales de todas las militantes y de la muerte de tres de sus grandes líderes: Magalie Marcellin, Miriam Merlet y Anne-Marie Coriolan.

No obstante, este trabajo sigue siendo frágil mientras que no existan servicios públicos de base y un reconocimiento activo del papel de las mujeres en la sociedad haitiana, dejando de lado las asignaciones consuetudinarias que son socialmente reconocidas.

Existen algunos roles asignados que son difíciles de enmarcar en un tipo o clase específica de mujer, así como tampoco se pueden adjudicar de manera exclusiva a las mujeres haitianas, pues la discriminación familiar de la mujer se presenta también en muchos países de América Latina, en su cotidianidad. Por ejemplo, se acostumbra a que sea la mujer quien se traslade al lugar de residencia de su pareja, en caso de provenir de ciudades diferentes; a las niñas en casa se les enseña a llevar la carga de las labores domésticas como actividades “propias de las mujeres” y en el ámbito laboral existe discriminación salarial.

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Es así como los éxitos de las mujeres palidecen a luz de las imágenes mediáticas en circulación, las cuales enfocan principalmente la hecatombe humana y material que, es cierto, descapitalizó a las mujeres de clase media y a las aun más pobres, pero ignoran las estrategias y diversas actividades de defensa permanente de los derechos de las mujeres que adelantan las asociaciones de mujeres haitianas.

Incluso, en algunos casos, la cooperación internacional y las tropas internacionales, que se desplegaron más numerosas después del terremoto de 2010, han conseguido desestructurar estas asociaciones, las cuales deben ahora luchar para conservar sus actividades comunitarias y no quedar invadidas por el lenguaje del marco lógico y del deadline, propio de la cooperación internacional. La ayuda internacional tiende a priorizar la «entrega de resultados» sobre el conocimiento de la dinámica de las asociaciones de mujeres haitianas. Es así que las asociaciones feministas tienen que actuar en el marco de las estructuras complejas, sedimentadas y a menudo inaccesibles de carácter local, nacional e internacional.

Artículo enviado desde Haití. Podeis consulta la pàgina web del Ministerio de la condición femenina
 

 

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Julia López

Periodista, amb més 40 anys d’experiència en el món de la comunicació i com a redactora de mitjans. Co-fundadora i coordinadora de l’Associació Món Comunicació (AMC).
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