Friday 16 October 2026

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El agotamiento extremo en las mujeres

Por Amada Santos

El agotamiento extremo en las mujeres, frecuentemente estudiado bajo el concepto de “carga mental” o “síndrome de la mujer agotada”, no se limita a un simple cansancio físico; es un fenómeno sistémico impulsado por factores estructurales, sociales y emocionales.


A diferencia del trabajo físico directo, la carga mental consiste en el esfuerzo cognitivo continuo de anticipar, planificar, organizar y supervisar todas las necesidades cotidianas del hogar y de la familia (por ejemplo: recordar citas médicas, prever las compras o coordinar los horarios de los hijos). Al recaer mayoritariamente sobre las mujeres, genera un gasto de energía psicológica que nunca descansa.

A pesar de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral remunerado, las dinámicas domésticas no se han transformado al mismo ritmo. Muchas mujeres tienen que enfrentarse a una “doble jornada” al salir de sus empleos, tienen que asumir la mayor parte del trabajo de cuidados, en este caso no remunerado, debido a que las parejas masculinas a menudo actúan como “ayudantes ocasionales” en lugar de asumir una corresponsabilidad real como adultos responsables.

La sociedad suele elogiar la supuesta capacidad natural de las mujeres para hacer muchas cosas a la vez. Sin embargo, la psicología contemporánea define esto como una trampa cultural que normaliza la sobrecarga y penaliza la vulnerabilidad, obligándolas a moversebajo niveles crónicos de estrés y autoexigencia extrema, para cumplir con estándares inconseguibles en todas sus facetas (madres perfectas, profesionales impecables y parejas ideales), ya que las estructuras actuales en el mercado laboral frecuentemente carecen de mecanismos flexibles que permitan conciliar la vida laboral con la familiar de forma equitativa. Este estado de alerta permanente no es inofensivo; se traduce en un desgaste acumulativo que impacta la salud pública, se manifiesta con trastornos de ansiedad, insomnio crónico, problemas gastrointestinales y una caida del bienestar emocional general.

Mujeres Solas y Familias Monomarentales
Para las mujeres que viven solas dirigiendo un hogar de forma autónoma, el agotamiento viene dado de la falta de relevo y soporte. Ellas sostienen la economía, la logística y la toma de decisiones sin nadie con quien compartir el peso ni las crisis diarias. En estos casos se convierte el día a día en una carrera de supervivencia sin descanso.
Tambien esta la trampa de la supervivencia, para las mujeres con empleos mal pagados, temporales, el cansancio no es solo por trabajar, sino por la ansiedad crónica de la incertidumbre. El agotamiento mental se dispara al tener que calcular constantemente si llegarán a fin de mes. Suelen encadenar varias jornadas o pasar horas en el transporte público. No pueden “comprar tiempo” delegando servicios (como limpieza o cuidado de niños), lo que reduce sus horas de sueño y destroza su salud física.

Muchas mujeres mayores caen en el abuso del “cuidado continuo, rol continuo de cuidadoras. Tras toda una vida trabajando y criando, ahora cuidan a sus parejas enfermas, a sus propios padres ancianos o asumen la crianza intensiva de los nietos para que sus hijos puedan trabajar. Este esfuerzo físico en cuerpos ya cansados genera dolores crónicos y un profundo aislamiento social, ya que sus propias necesidades de salud y descanso quedan relegadas al último lugar.

Falta de apoyo institucional: La escasez de servicios públicos de cuidado (residencias accesibles, guarderías económicas, ayudas a la dependencia) hace que el peso caiga siempre sobre los hombros de las mujeres, especialmente de aquellas que no tienen recursos para pagar ayuda privada.
De la Generación de Lucha al Desahucio. El agotamiento de las mujeres mayores. Estas mujeres, que hoy superan los 80 y 90 años, pertenecen a una generación que conquistó libertades fundamentales en épocas de represión y enormes dificultades. Fueron el motor invisible que levantó los hogares, sostuvo la economía familiar y peleó en las calles por los derechos que hoy se disfruta. Sin embargo, el sistema ha respondido a ese sacrificio histórico con ingratitud y desmemoria, relegándolas a la precariedad con pensiones no contributivas o de viudedad que apenas les permiten subsistir.

Cuando ves la importancia de ciertas instituciones acerca de la soledad de las personas mayores, intentando solucionar en parte esta soledad, deberian hacer un calculo desde el inicio de estos estudios, cuanto dinero ha supuesto.. Los ancianos necesitan calidad de vida, seguridad, participar en la cultura (concietos, teatro, cine) poder desplazarse sin problemas economicos. La soledad en precario, sobreviviendo el dia a dia, y en muchas ocasiones muriendo en la mas absoluta soledad, ya que con la degradación del sistema publico de salud, no hay un seguimiento domiciliario a este colectivo concretamente..

Y para este colectivo otra crisis añadida, la crisis de la vivienda. La especulación inmobiliaria ha alcanzado niveles de crueldad extrema, ensañándose de manera directa con las mujeres más vulnerables. Casos emblemáticos como suicidio de Olga, el desgarrador dasahucio de Maricarmen, y miles de dramas mas, son el vivo reflejo de un marco legal y político que antepone el lucro y el beneficio empresarial por encima de los derechos humanos básicos.

Muchas ancianas que han vivido de alquiler durante seis o siete décadas, se encuentran con que sus contratos expiran o son extinguidos legalmente mediante resquicios de la Ley de Arrendamientos Urbanos, dejándolas totalmente desprotegidas. Expulsadas de la casa donde han construido toda su vida a los 80 o 90 años, no es solo un problema habitacional,es una forma de violencia institucional.

El estrés y el trauma emocional derivados de estos procesos judiciales provocan que muchas de ellas terminen ingresadas con cuadros de agotamiento severo, crisis de ansiedad o depresión, perdiendo su salud de manera fulminante, y en bastantes casos la vida. Si se asignara un valor monetario al trabajo de cuidados no remunerado, que estas ancianas han llevado a cabo a lo largo de su vida, este superaría el 40 por ciento del PIB de algunos países, y en algunos casos, incluso superaría a los sectores de la industria, el comercio o el transporte, por lo tanto, el Estado esta obligado a defenderlas.

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Amada Santos

Fotoperiodista i Socióloga. Activista Feminista, Defensora DDHH i Cooperant. Presidenta de la XIDPIC.Cat. Co-coordinadora i Editora de La Independent. Coordinadora Internacional a la RIPVG
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