Monday 12 October 2026

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Las hordas, la ignorancia, la izquierda fallida, la democracia y el caso chileno

Este 14 de diciembre Chile perdió contra el fascismo. Y quienes hoy se consideran perdedores, creen que la gente se equivocó. Cómo si el resultado, producto de un 58% de quienes votaron el pasado domingo, no fuese también señal evidente de que la izquierda y sus aliados se han equivocado, que hay que reflexionar y no culpabilizar al personal que escogió motivado por el odio y la ignorancia generada por el savoir faire de la ultraderecha y el fascismo moderno. Esta respuesta, más bien emocional, es muy cómoda, pero inútil.

Y no. No hay ninguna equivocación. Si le dejas, Chile es así: un país profundamente desigual, injusto y machista. Es el fruto deseado de una dictadura sangrienta y opresora como cualquier otra y de una transición continuista de la desmemoria oportunista, de las desigualdades y de la injusticia social: de la ley del más fuerte impuesta por el neoliberalismo. 

Se ha elegido a un Kast de genealogía nazi y de ultraderecha populista incapaz de dar gobernabilidad a este país, porque la derecha en Chile es un bloque fragmentado donde una derecha radical de bots y odiadores a sueldo consiguió desplazar a una derecha democrática. Esto supone el riesgo de gobiernos más autoritarios con víctimas que son -como siempre- las invisibles: mujeres y niñas y sus derechos sexuales y reproductivos, pueblos originarios, personas discapacitadas, personas LGBT, medio ambiente, personas migradas o en extrema pobreza, que hoy pueden sobrevivir precariamente gracias al estado.

Las mujeres lo venimos denunciando desde que tenemos memoria, individual y colectiva. Dejamos manifiesto en varias ocasiones las violencias estructurales, especialmente hacia las mujeres pobres, que sostienen familias y país, aisladas y agotadas. Y a las mujeres nos da mucho miedo la idea de la amenaza del presidente electo y su “estado de emergencia”. Esto significará militares y policía en aquello que es público y en la cosa privada. Significa biblias donde tendría que haber razonamiento crítico. Significa discursos de odio manifestándose abiertamente, sin vergüenza.

¿Quizás esperábamos que este Chile machista le diera la razón a las mujeres en la consecución de derechos fundamentales para todas las personas? ¿Es que quizás se pensaba que la derecha y ultraderecha manipuladora, amante aduladora de torturadores, tiranos, asesinos y ladrones iba a ceder por más tiempo el botín precioso del estado y de los recursos humanos y naturales de un país con cobre, litio, mar y naturaleza?

Fueron ellas, nosotras, las mujeres, quienes dijimos que la educación no llegaba para todas las personas, que una educación de calidad no puede ser un privilegio, que el trabajo precario es incompatible con estudiar y prepararse para tener nuevas y mejores oportunidades, con los cuidados (feminizados históricamente), con el ocio y el descanso. Con el acceso a los derechos en general.

¿Por qué el pobre vota ultradreta?

En Chile el progresismo ataca al ignorante cómo si fuera un defecto individual y personal y no como la consecuencia de un sistema que acabó con las artes, la filosofía y la ética y con cada espíritu crítico que levantaba voces y puños. Que nos permitió deshumanizar al otro, con el oligopolio de la (des) información a manos de la derecha conservadora, misógina y envenenada de fundamentalismos.

Es así como -efectivamente- al ignorante le resultó más cómodo el discurso de la derecha mafiosa, una derecha que en su mensaje falaz pero convincente, no le humilla, porque la derecha cuida a sus “herramientas” mientras le sirvan. Es una derecha que no exige a su votante ni cultura ni esfuerzo crítico, ni siquiera saber cuál es el programa de gobierno que se le propone. Una derecha que no le recuerda al ignorante lo que no es, porque a la derecha le interesa la inferioridad moral, manipulable y con ausencia total de conciencia de clase. 

Sin herramientas, sin leer un libro, el ignorante votó guiado por las mentiras de medios, de bots en las redes sociales y de personajes bufonescos que hoy son cargos electos, comprando la idea de identidad, de pertenencia a algo a lo que hoy creen pertenecer, de sentirse por fin con una opinión respetada por quienes consideran “superiores”. De este modo, el voto del ignorante cambia el curso y avance de los derechos que beneficiaban a todo el país, incluidos ellos mismos. Porque el ignorante le creerá más a quién no le exige leer un libro que a quien lo trata como el ignorante que es, que necesita mejorar. Y es que a nadie le gusta que le digan “imbécil, estás votando contra tus propios intereses, individuales, de clase y de pueblo.”

Pero la alternativa no es combatir la ignorancia con soberbia, porque la derecha sabe capitalizar la invisibilidad del ignorante, fruto del sistema patriarcal neoliberal que mantuvieron todos quienes gobernaron desde la salida del tirano. La derecha ganó con patrañas, manipulación y miedo porque la izquierda dilapidó su oportunidad o, al menos, no comunicó sus avances de manera eficaz.

Mentiras ganadoras. La no-rebelión i el Odio y miedo para la manipulación

Para manipular a la gente, hacen falta dos cosas. Primero, asustas y después desmoralizas. Un pueblo educado, saludable y confiado es más difícil de gobernar. Muchos populistas, sobre todo de extrema derecha, lo saben, porque es casi imposible tener a un pueblo educado y seguro bajo control. Como, por ejemplo, ser consciente de verdades incontestables como que el 1% de la población en el mundo es amo del 80% de toda la riqueza y recursos naturales, mientras que una gran parte de este 99% restantes son pobres, sobre todo mujeres pobres y su descendencia, pobre también, que hace falta una redistribución urgente de la riqueza, un decrecimiento y un estado que vele por el bienestar de toda la población.

En vez de aspirar a sociedades con personas curiosas y humildes, la masa se radicaliza. ¿Por qué? Porque sin este tipo de pensamiento individualista y neoliberal, la autopercepción que las personas tienen de sí mismas está muy por encima de lo que realmente se es. Con este sentimiento equívoco de superioridad pierdes el deseo de aprender y de compartir, porque crees que sabes más que el resto, que te mereces más que el resto y la curiosidad la sustituyes por un sesgo de confirmación: accedes a información que solo confirma lo que ya piensas y te relacionas con gente que tiene tus mismas aspiraciones. Los grises desaparecen y el no ser de derecha es ser “comunista”, “devorador de niños”. Traidores y traidoras de la patria.

Consumes de este modo paquetes de axiomas elaborados por quienes casualmente son los amos del discurso y el origen del miedo con datos salidos del sombrero de un mago. Deciden los contenidos y lineas editoriales de los medios de comunicación. Te ceden amorosamente y por tu bienestar una serie de etiquetas con las cuales puedes denominar, delimitar tus fronteras mentales con el miedo y el odio como centinelas, atribuyendo a los colectivos usualmente desfavorecidos o víctimas de violencias, diversas características negativas y deshumanizantes: “los migrantes son”, “los pobres son”. Incluso “las mujeres son”. Estos son discursos que no necessitan profundidad porque apelan a emociones, a lo que no es racional. Interpelan a sentimientos e ideales como “nación”, “los míos”. Es el “nosotros” contra el “vosotros”, una alteridad donde la ignorancia y la manipulación que los sistemas de poder y opresión utilizan sistemáticamente, hacen que un individuo pierda su individualidad y pertenezca a un grupo que lo desmoviliza y lobotomiza.

Parece increíble que la gente lo tolere, pero se entiende perfectamente cuando nos vamos a la raíz de esta tolerancia: la pobreza memética, heredada de factores sociales históricos y de injusticias y fuera de todo elemento de meritocracia, nueva herramienta de opresión y de autoculpa sobre una población desmoralizada y temerosa, una población que piensa que lo mejor es obedecer y esperar que la suerte les acompañe y que quién está arriba premie su lealtad ciega.

¿Y que hacen el centro y la izquierda? Tolerar. Ya lo decía Dostoyevski “La tolerancia llegará a tal nivel que a las personas inteligentes se los impedirá pensar para no ofender a los idiotas” ¿Es que acaso hemos llegado a este momento de la historia? Algunos dicen que la humanidad se divide entre buena y mala gente. Pero si es así, hay matices que son indispensables: puede haber mala gente que solo busca su propio beneficio y que son lo bastante inteligentes para trasladar la culpa de la misma pobreza al pobre: eres pobre porque quieres, porque te lo mereces o porque no te esfuerzas bastante, porque te falta ambición, etc. 

El reverso de la medalla es que también existen quienes son buena gente, capaces de empatizar con otras personas, capaces de sufrir y alegrarse por alguien que no es el o ella misma, pero que hace cosas en contra de su propio beneficio para evitar cualquier tipo de cambio, conflicto o que se generen situaciones que esta persona considere “peligrosas”, como cada lucha en la calle, cada movilización sindical, cada escrache al criminal. Este es el sistema neoliberal. Aquí no se salva quién puede. Esta es la primera mentira: solo se salvará quién tenga los medios para hacerlo. Al o la pobre se les hace creer que los ricos son ricos porque se lo merecen o por su propio esfuerzo.

Y esto no es así. El 90% de las grandes fortunas son heredadas. Igual que las grandes pobrezas. Quién nace en determinadas familias, con el pedigrí económico, social y cultural de las clases dominantes, siempre tendrá todas las posibilidades de avanzar, de equivocarse, de fracasar sin que esto le cueste el techo que cubre su cabeza, el capital social y económico con el cual volver a empezar o incluso el perdón de las iglesias, para delinquir y hacer lo que en los pobres se denominaría “pecados capitales”. Un ejemplo incontestable es Trump.

En cambio, quienes crecen dentro de familias que se han esforzado toda la vida para tener lo poco que pueden llegar a tener, y que pueden perderlo todo en un chasquido del mercado porque en realidad nunca han tenido nada, creen sinceramente que son clase media: una clase media que lucha por no caer en la pobreza y llegar justo donde están los ricos, para disfrutar del derecho a consumir, a adquirir deudas para perpetuar esta simulación y lograr una supuesta tranquilidad y reconocimiento social. Nunca te dirán que a rico nunca jugarás (al menos no sin delinquir) y que tienes que luchar para no ser lo que sí que puedes llegar a ser: pobre y de clase baja.

La mayoría de la población subsistimos y sobrevivimos. Y el sistema continúa funcionando y es estable (macroeconómicamente) a pesar de nuestro agotamiento general. ¿Por qué no nos rebelamos? ¿Qué nos liga, si no vemos las cadenas?

Ni es el final, ni tampoco es feliz

Mientras más se observa el comportamiento político de las masas, la sensación de que los ricos son los únicos con conciencia de clase, se incrementa.

América Latina, comprando el discurso neoliberal xenófobo, aporofóbico y neoliberal de los Estados Unidos, está eligiendo a bufones del capital y del neoliberalismo, la algarabía de las derechas miserables que, cuando ya tienen el voto y el estado a disposición, lanzan a la asfixiada clase media a la pobreza. Una clase media que más temprano que tarde se unirá a los pobres enarbolando banderas de unidad, de conciencia de clase, de justicia social, de derechos. Surgirán entonces gobiernos que antes podrían haber sido de izquierda, pero que no llegarian al poder por sus programas de izquierda. Entonces pactan. Venden el alma al diablo y a su vez te venden la idea de que lucharán porque todas las personas puedan ser ricas, si se esfuerzan. La meritocracia como cortina de humo ¿Cuantos gobiernos progresistas llegarán con cargas populistas de masas porque la izquierda, la de verdad, no hace los deberes, porque no hace de izquierda?

Todo este sistema pendular de la historia sería menos nefasto si las clases medias y pobres reconocieran lo que somos: elementos manipulables siempre más próximos a ser pobres que a pertenecer a las élites que gobiernen exclusivamente por su propio beneficio, una clase alta que si necesita empobrecer la clase media, lo hará, sin ningún tipo de escrúpulos. Y, sobretodo, que la clase media no quiere ser clase media. Quiere ser una cosa que no será nunca y -a su vez- tiene miedo de ser una cosa que no es, pero que puede llegar a ser, fácilmente: clase baja.

En definitiva, el triunfo del hijo de migrantes nazis no es una anomalía: es un proceso donde lo que sorprende no es que la centroizquierda pierda a pesar de trabajar por los derechos de todo el mundo, sino que la gente continua votando por miedo, por ignorancia y por costumbre. Una costumbre tozuda de necesitar sentir la manipulación y la presión del yugo del amo junto a la esperanza y quimera que algún día tú serás tú el amo del yugo y de la bota que oprime.

A pesar de todo lo anterior, hemos de ser conscientes que las derrotas electorales nunca han anulado la lucha por los derechos. Gobierne quién gobierne, los proyectos políticos de los pueblos no pueden asentarse en cargos políticos ni elecciones, sino en la organización, en la educación y en una presencia en la política con agendas reales y contundentes y no solo aparecer cada cuatro años. 

Si no, preguntadle a las mujeres. Preguntadle a las feministas.

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One Response

  1. Qué análisis más profundo y profesional has hecho Fabiola, no sé qué decir ya qué tú barrido por nuestra sociedad fue brutal y asertivo, quizás algún día podrías asesorar a las grandes mujeres qué todavía quedan en nuestra sociedad política y social de nuestro país Chile. Hoy un poco vilipendiado por nuestros hermanos latino-americanos ya qué éramos como el ejemplo para ellos qué gracias a la real democracia nuestra se podían cambiar los estándares del neoliberalismo, no lo pueden creer qué hayamos volcado a fojas cero del siglo pasado, no pueden creer qué hayamos elegido a un gobernante qué representa la dictadura opresora de los chilenos. Te admiro hija eres seca.

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Fabiola Llanos

Ecofeminista. Periodista i comunicadora social. Imatge, neurolingüística i drets de les dones. Vaig parir La Periòdica. Cofundadora de La Independent. Comunicació Fundació Surt
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