{"id":67166,"date":"2019-09-11T21:10:54","date_gmt":"2019-09-11T19:10:54","guid":{"rendered":"https:\/\/laindependent.cat\/un-bar-de-mala-fama-2\/"},"modified":"2019-09-11T21:10:54","modified_gmt":"2019-09-11T19:10:54","slug":"un-bar-de-mala-fama-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laindependent.cat\/es\/un-bar-de-mala-fama-2\/","title":{"rendered":"Un bar de mala fama"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-63879 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 199px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 199\/161;font-size: 10pt;\" data-src=\"https:\/\/laindependent.cat\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/gisella_evangelisti_ok.jpg\" alt=\"Gisella Evangelisti ok\" width=\"199\" height=\"161\" data-srcset=\"https:\/\/laindependent.cat\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/gisella_evangelisti_ok.jpg 416w, https:\/\/laindependent.cat\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/gisella_evangelisti_ok-300x242.jpg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 199px) 100vw, 199px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\"><\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Fuimos a cenar, hace unos d\u00edas, en el bar m\u00e1s famoso de Ventimiglia, peque\u00f1a ciudad en la frontera entre Italia y Francia. Para muchos, un bar mala fama, pues tiene entre sus clientes a mujeres y hombres migrantes africanos. Es el bar Hobbit, gestionado por Delia Buonomo, ex migrante italiana, que nos recibe y cuenta.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Hay que hacer una premisa. Todo comenz\u00f3 en 2015, cuando la ciudad de Ventimiglia, una estrecha faja de tierra antes de las pendientes de los Alpes Maritimos, fue alborotada por la decisi\u00f3n de Francia de cerrar su frontera con Italia, despu\u00e9s de los atentados. El tratado de Schengen y la fraternit\u00e9 se fueron al tacho. Centenares de mujeres y hombres africanos que estaban por pasar a Francia, intencionados a reunirse con parientes o amigos en el norte de Europa, con derecho a pedir asilo, se quedaron atrapados en la ciudad. Muchos ocuparon escollos, cuevas u orillas del r\u00edo, donde los ratones pod\u00edan llegar a comerles las orejas. Los 23.000 habitantes de Ventimiglia se dividieron: por un lado turistas, hoteles, padres de familia preocupados por el degrado del espacio urbano, y el peligro representado por &#8220;tantos varones negros en la noche negra&#8230;&#8221;, por el otro el presidio voluntario de la juventud &#8220;NO BORDERS&#8221; que se la ingeniaron a organizar un campamento temporal, hasta con asistencia legal y biblioteca. Pero un a\u00f1o despu\u00e9s, el 30 de junio del 2016, la polic\u00eda lo desaloj\u00f3 brutalmente. El alcalde Enrico Ioculano prohibi\u00f3 dar de comer y beber a los migrantes en la calle, el ministro de Asuntos Interiores Angelino Alfano dijo que las personas migrantes no ten\u00edan derecho a decidir d\u00f3nde ir. Fueron cargadas en buses y llevadas hacia el sur de Italia, donde hay escasas posibilidades de inserci\u00f3n. Por eso las que han evitado las deportaciones tratan de llegar a Francia pagando unos passeurs que las gu\u00edan a trav\u00e9s de rutas peligrosas como el Paso de la Muerte, (un sendero r\u00e1pido desde Grimaldi a Ment\u00f3n usado anteriormente tambi\u00e9n por exiliados republicanos espa\u00f1oles, jud\u00edos etc\u00e9tera), o por las monta\u00f1as m\u00e1s altas de Bardonecchia, donde son cazadas con perros y perseguidas con helic\u00f3pteros por los franceses. Hay quienes, en estas rutas clandestinas, caen de los viaductos de la autopista de Las Flores, o son embestidas por camiones, o por trenes si se aventuran de noche en las v\u00edas del ferrocarril. En lo que va del a\u00f1o hubo 47 fallecimientos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Esto el trasfondo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">&#8220;Un d\u00eda&#8221;, nos cuenta Delia, &#8220;vi a una madre africana con su beb\u00e9 acostada en la acera en el suelo frente a mi bar, exhausta. Le dije: &#8220;Puedes entrar, no te preocupes por pagar, \u00bfquieres beber o comer algo?&#8221; Desde ese d\u00eda llegaron otras mujeres, y les daba la bienvenida. Llegaban en pleno invierno con chancletas, se quedaban sin dinero para pagar a los passeurs, y los esperan bajo la lluvia. Muchas estaban embarazadas, debido a las violaciones sufridas en Libia. Puedo distinguir qui\u00e9n dice mentiras y qui\u00e9n sufre realmente. Puedo verlo en sus ojos. As\u00ed que recog\u00eda a veces carritos para que no tuvieran que cargar los ni\u00f1os en su espalda, alguna ropa de abrigo, juguetes para los ni\u00f1os. Me las arregl\u00e9 para salvar a tres chicas de la trata, una me la trajeron molida a palos porque no quer\u00eda prostituirse, y tampoco ir a Emergencias por miedo a la expulsi\u00f3n. Movimos cielo y tierra hasta darles una oportunidad mejor en su vida. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Desafortunadamente, la gente no tiene idea de cu\u00e1nta historia, cu\u00e1nto dolor hay detr\u00e1s de estas personas. La polic\u00eda francesa golpea a hombres y mujeres por igual, deteniendo irregularmente hasta menores. Antes de que se arriesguen en el Paso de la Muerte, sobre todo si son mujeres, les doy unos bocadillos, y les digo que si pueden llamarme cuando est\u00e9n a salvo, ser\u00eda contenta. La sonrisa de los ni\u00f1os y ni\u00f1as a los que les doy un rotulador o un juguete es algo extraordinario, est\u00e1n felices con nada. Pero desde entonces mis clientes habituales, que trabajan en el consulado franc\u00e9s o una escuela cercana, se han esfumado. Recib\u00ed escupitajos en mi cara. &#8220;Puta, vas con estos negrazos, ah? &#8220;, Me escribieron en la tienda. Y tengo chequeos interminables de la polic\u00eda financiera en el bar, hasta dos veces por semana. Por supuesto, despu\u00e9s de esta persecuci\u00f3n, mi bar se ha convertido en un punto de referencia para las asociaciones de solidaridad, y tambi\u00e9n periodistas internacionales. Pero al final del a\u00f1o, si no hay milagros, tendr\u00e9 que cerrar, pues pago una renta alta, y si no tengo suficientes clientes, las cuentas no cuadran. La verdad, me siento cansada y amargada por esta persecuci\u00f3n. Yo tambi\u00e9n soy hija de immigrantes de Calabria que se mudaron a Australia, donde crec\u00ed, y cuando llegu\u00e9 aqu\u00ed, hace 33 a\u00f1os, me cost\u00f3 adaptarme y ser aceptada. Sin embargo, Ventimiglia es una ciudad de inmigrantes. Recuerdo cuando en los a\u00f1os &#8217;80 llegaban los marroqu\u00edes en autom\u00f3vil, desde el puerto de G\u00e9nova, algunos incluso con la ba\u00f1era en el puertaequipaje, luego, en los a\u00f1os &#8217;90 y 2000, la gente del Este Europa. En los a\u00f1os &#8217;80-&#8217;90 cambi\u00e1bamos coche cada tres a\u00f1os, ten\u00edamos un mes de vacaciones al a\u00f1o, ahora mantenemos el coche hasta que jala, y una semana de vacaciones es mucho. El deterioro de las condiciones de vida seg\u00fan los pol\u00edticos m\u00e1s gritones se debe a los y las migrantes africanos que &#8220;vienen a hospedarse en hoteles a nuestras costas&#8221; y &#8220;nos quitan el trabajo&#8221;. En realidad, al comienzo tambi\u00e9n la gente proveniente del Este dorm\u00eda debajo de los puentes, pero ahora se vuelve \u00fatil en el cuidado de la tercera edad, en el trabajo agr\u00edcola, o en la construcci\u00f3n, y nadie se queja, al contrario, \u00a1pero &#8220;los negros no!&#8221; Pensemos en ello: \u00bfno seremos racistas?&#8221;\u00a0<\/span><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Delia nos saluda ofreci\u00e9ndonos un excelente licor de pistacho, y una sonrisa cansada. No puede, no tiene que terminar as\u00ed. Nos vamos con el coraz\u00f3n estrecho.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: 'trebuchet ms', geneva; font-size: 10pt;\">Mientras tanto, en la Biblioteca Comunal de Ventimiglia, (y seguramente en miles de otros lugares en el mundo) hierven las ideas, y las iniciativas de la juventud y personas adultas que quieren enfrentan seriamente el tema de las migraciones, sin facilismos ni quedarse encerrados en &#8220;sovranismos&#8221; claustrof\u00f3bicos. Por lo pronto, en Italia, despu\u00e9s de que el gobierno de Matteo Salvini cay\u00f3 (milagrosamente) por autogol, nos queda el enorme trabajo de limpiar el aire envenenado por una avalancha de fake news y mensajes de odio, con que se ha alimentado el racismo, y volver a defender la idea que todos los humanos tenemos los mismos derechos.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuimos a cenar, hace unos d\u00edas, en el bar m\u00e1s famoso de Ventimiglia, peque\u00f1a ciudad en la frontera entre Italia y Francia. Para muchos, un bar mala fama, pues tiene entre sus clientes a mujeres y hombres migrantes africanos. 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