Un abuso, mil niñas, mil mujeres, mil muñecas

Escrito por Melina Fit. Fotos Cecilia Maletti. Neuquén, Patagonia, Argentina. La Independent/ www.8300.com.ar Jueves, 30 de Mayo de 2013 13:16

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Violencias - Violencia sexual

En Neuquén Capital una niña de siete años fue abusada por su dentista, durante las consultas donde él debería atender su salud bucal, ejerció el peor de los poderes del patriarcado: se apropió de su cuerpo, lo dominó por completo y dejó sus huellas de violencia. El abusador fue condenado a 6 años de prisión


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El hecho ocurrió hace dos años en el barrio Cumelén de la ciudad, en el consultorio ubicado en Roca y Catriel. El odontólogo David Narváez fue encontrado culpable del delito de “abuso sexual gravemente ultrajante” y condenado por la Cámara Criminal Primera a 6 años de prisión efectiva. El testimonio de la niña víctima en la Cámara Gesell y los informes de las psicólogas y profesionales de la salud fueron las pruebas claves a la hora de dar probado el hecho y considerar a Narváez como culpable.

 

La pena otorgada es importante ya que el máximo estipulado para este delito es de 10 años, la fiscalía pidió 5 años de prisión, la querella 7 años y la defensa la absolución. Narváez habló en la primera jornada y en la última, se declaró inocente “de culpa y cargo”. Todo esto pasó en una de las salas de la Cámara Criminal Primera, a puertas cerradas, sin público, por el tipo de delito que se juzgada.


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Pero afuera sucedían otras cosas, afuera estaban las “mil muñecas combativas”.


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No eran mil, pero eran muchas. El número era simbólico, pero reflejaba el acompañamiento. El “no estás solas”. La frase que ha recorrido marchas y encuentros “feministas, las niñas las necesitamos”, cobró más sentido que nunca. Cuando la madre de la niña abusada se enteró de lo que sucedía acudió a Las Revueltas. Comenzó allí un proceso de reparación diferente y en simultáneo con el judicial, aunque seguro que con efectos distintos. Las revueltas organizaron escraches en el consultorio y gracias a uno de ellos una joven que pasaba por el lugar denunció que ella también había sido víctima de Narváez, pero hacía unos diez años. La visibilidad del caso hizo que se animara a contar lo que le había pasado, pero como su delito no podría juzgarse porque ya había “prescripto”, resolvió ser testigo de la causa actual.

 

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Estas mujeres no solo acompañaron a la niña y a la madre en una situación dolorosa, sino que inventaron modos de visibilización de ese dolor genuinos y originales. La instalación de las “mil muñecas combativas” en las calles de Neuquén, hizo que los y las transeúntes preguntaran, se acercaran a leer la historia del caso, a mirar las muñecas (que fueron confeccionadas de manera colectiva), y hasta a denunciar más abusos (durante el armado de las muñecas una joven se acercó para colaborar y contó que ella había sido abusada en su niñez y que ayudar a esta niña era un modo de reparar para ella también). Ellas –las Revueltas- definen esto como “pedagogías reparadoras”, una cadena que ayuda a una y a miles.


 

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“Se ha creído en la palabra de las niñas, de las víctimas, de los y las profesionales de salud. Las sentencias judiciales son mensajes sociales para las víctimas, para la sociedad, para los abusadores y para los violadores”, destacó Ruth Zurbriggen, de la Revuelta al conocer el fallo.

 

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