Edad de Sensación

Escrito por Isabel Franc, escriptora i còmica de la ploma. La Independent Jueves, 12 de Diciembre de 2019 17:11

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Opinión - Opinión: Identidades de Género

  

Isabel Franc

OPINIÓN

El futuro de las personas LGBTI... preocupa a muchos colectivos que, a la hora de proponer alternativas, se plantean qué necesita la gente mayor. Como yo lo soy desde hace ya rato, me piden opinión y a mí lo primero que se me ocurre es decir: pues quizás lo que necesita es no ser considerada gente mayor.

Las sociedades imponen unos límites por franjas de edad: la infancia va de tal a tal, la adolescencia a partir de tal, la madurez, la vejez... y a la caja. Pero todas estas fronteras son culturales. En algunas sociedades una niña ya es adulta cuando le viene la menstruación y la menarquia establece la edad legal para contraer matrimonio. En la nuestra, en cambio, todavía es una púber a la que hay que proteger.

Las características asignadas a cada edad varían también con los tiempos. Cuando yo era pequeña, estar en la sesentena era ser longeva. Recuerdo perfectamente haber oído que se había muerto "una anciana de 60 años"; ahora, en cambio, morirse a esa edad es irse demasiado joven.

Estos límites o líneas divisorias que imponen las sociedades —o la nuestra en concreto— son claramente capitalistas, tienen que ver con la productividad. A partir de los 60 tienes descuentos en el cine y el transporte público, tarjeta dorada y no sé cuántas ventajas más (tendría que mirarlo, seguro que le saco rendimiento), y todo esto es gracias a que ya no eres productiva, ya no eres fértil, ya no eres activa. A los 65 te jubilas (al menos, hasta ahora; que la cosa está cada vez más chunga) y, de un día para otro, pasas a ser "Tercera Edad", un concepto que denota la falta de competencias para ejercer el trabajo que has hecho hasta el momento y que, por tanto, hace necesaria tu retirada.

A mucha gente, esto le genera desánimo, sentimiento de incapacidad y de rechazo. Y, en muchísimos casos, limita los objetivos de la persona en cuestión: si no lo has conseguido hasta ahora... ya no tienes edad... ni la misma energía... ¡cómo se te ocurre! Pero, aunque sea por llevar la contraria, resulta que hay mucha, muchísima gente, y en especial mujeres, que aprovechan a partir de la jubilación para dedicarse a todo aquello que la actividad laboral y la doble jornada (dentro y fuera de casa) no les permitió; y no solo leer, también estudiar, escribir, pintar, hacer talleres de todo tipo, ir al gimnasio, viajar o hacer activismo social, intelectual y político. Y aún me dejo cosas, mis amigas jubiladas llevan una agenda tan apretada que son más caras de ver ahora que cuando trabajaban.

Las fronteras relativas a la edad te limitan también en les relaciones, sobre todo, cuando estas son intergeneracionales. ¿Cómo vas a tener amistad con una persona de quien podrías ser su madre o su abuela? Y, espérate, que aún te acusarán de pederastia per tener amistades jovencitas. ¡¡Quita, quita!!

La terminología senectud, vejez, tercera edad, gente mayor... facilita la discriminación, define lo que puede y no puede hacer una persona de una cierta edad, dónde, cómo y con quién. Pero resulta que el termino Tercera Edad surgió con la intención de celebrar una etapa de la vida bien fructífera. Lo inventó un médico francés, el doctor J. A. Huet, que decía: "La primera edad es la del estudio, la segunda de la realización y la tercera del desarrollo personal y la transmisión de experiencias". Lo encuentro bien visto. Además, el término jubilación viene del latín iubilare que significa gritar de alegría. I eso está mucho más cerca de la realidad o, al menos, de mi realidad más cercana.

Si una cosa necesitamos las personas mayores es precisamente romper esas barreras, esos límites, fronteras marcadas por la cronología. Por ello, propongo utilizar el termino "edad de sensación", como cuando anuncian el tiempo en la tele y dan tanto la temperatura real como la de sensación, marcada por el grado de humedad ambiental.

—¿Tú cuántos años tienes?
—Yo 65
—¿Edad de sensación?
—Alrededor de 40.

I hala, a seguir, porque si tu no quieres, la edad no te limitará para continuar creciendo, aprendiendo, amando y, en definitiva, avanzando.

Por otro lado, ya que estamos, me gustaría reivindicar el rango de respeto que la gente de edad avanzada tiene en otras sociedades y tenía, en determinado momento, también en la nuestra. El valor de la sabiduría y de la experiencia, en contraposición al de la productividad. Aunque tener juicio y ser productiva, a menudo no tiene nada que ver con la edad, un cierto respeto por las canas siempre es de agradecer.

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