"Vivimos en un país donde luchar o, simplemente sobrevivir, ya es un milagro"

Escrito por Anna Castillo. La Independent. Argentina Jueves, 10 de Marzo de 2016 13:45

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Desarrollo - Derechos de los Pueblos

 

Bertha Caceres 2

"En Honduras vivimos una carnicerihumana. No son casos aislados, está planificado"

El pasado 3 de marzo una referente de la lucha por los derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres y de la naturaleza fue asesinada. 

 Bertha Cáceres Flores, Coordinadora General del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

Fue baleada a la madrugada en la casa donde vivía, mientras supuestamente era custodiada desde que en 2013 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitara esta protección debido a las constantes amenazas de muerte que recibía.

 

 

Bertha Caceres 1

 


Bertha Cáceres fue cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) el año 1993. Esta organización lucha por el reconocimiento de los derechos políticos, sociales, culturales y económicos del campesinado y de las comunidades indígenas en Honduras. Además después del golpe de Estado de junio del 2009, el COPINH se convirtió en una organización destacada que formó parte de la resistencia al golpe.

Un logro de la tenacidad de Berta y la lucha del COPINH fue frenar en 2013 la construcción de la represa de Agua Zarca en manos de la mayor empresa hidroeléctrica china, Sinohydro Corporation. Con ello se preservó al río Gualcarque de su privatización y se evitó el desplazamiento de las comunidades de su entrono. El pueblo milenario lenca se considera custodio de la naturaleza, y según su tradición, en los ríos residen los espíritus femeninos y por ello las mujeres son sus principales guardianas. Berta, como líder de ese pueblo, puso toda su energía revolucionaria al fin de preservar la vida de sus ríos y con ella la de sus comunidades, cumpliendo así con la tradición lenca y convirtiéndose en ejemplo de luchadora por los territorios y los derechos humanos. En reconocimiento a este activismo por el medio ambiente, el año pasado recibió el premio Goldman Environmental. En el certamen dijo:"Me siguen. Amenazan con matarme, secuestrarme. Amenazan a mi familia. Eso es a lo que nos enfrentamos".

 

El mundo se hizo eco de su muerte. En distintos continentes se realizaron, al día siguiente del crimen, protestas frente a las embajadas de Honduras exigiendo esclarecimiento, justicia y protección inmediata al testigo presencial del asesinato, el mexicano Gustavo Castro Soto, coordinador de Coordinador de Otros Mundos/Amigos de la Tierra México. Con esta pérdida desaparece el cuerpo de una mujer ejemplar pero sus ideales y convicciones difícilmente podrán acallarse. Al día siguiente a su asesinato, una de sus hijas declaraba: "Pase lo que pase esa represa no se va a permitir, porque esa fue su lucha por el territorio y no la vamos a dejar". Actualmente la empresa DESA está tratando de construir la represa hidroeléctrica que la compañía china no pudo. Los miembros de COPINH consideran que DESA puede estar detrás del asesinato de la líder nacional y ahora exigen que el Estado Hondureño firme un convenio con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que envíe expertos independientes para conducir una investigación imparcial y transparente.


A continuación reproducimos la entrevista que le realizó La Independent.cat la última vez que Berta Cáceres estuvo en Argentina el año pasado.

 

 

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La Independent: ¿Cómo es el contexto que se vive en Honduras años después del golpe de Estado? ¿Y cómo logra sostenerse lo que algunos movimientos sociales llaman el narco-Estado?

Bertha: Nosotros ya dijimos hace tiempo que caminábamos a la entronización del proyecto de dominación de Honduras después del golpe de Estado, que no sólo se ha expandido sino que se ha consolidado. Y esa consolidación es a través de la implantación de un nivel de entregar la soberanía, el territorio y los bienes comunes y de la naturaleza a empresas trasnacionales, mineras, al sector energético, a la gran industria turística, toda la explotación forestal, la explotación de mano de obra barata. Estamos en un país donde la injusticia social es terrible, las desigualdades son abismales. El país más violento del mundo. Con las tasas más altas en la región de femicidio y de una intensa militarización que acompaña a todo ese proyecto de dominación que afecta muchísimo a las mujeres porque al reforzarse toda la militarización significa mayor agresión para las mujeres.

Vivimos en un país donde nos han repartido en lo que popularmente se conoce como Ciudades Modelo, que implican la conformación de enclaves coloniales que van a tener sus propios gobiernos, su propia legislación, sus propias medidas migratorias, su propio ejército, sus propios tribunales y sus mecanismos propios para firmar Tratados de Libre Comercio sin que todo esto pase por el Congreso Nacional. Es una tercerización de la justicia de Honduras. Sus gobernantes van a ser extranjeros, incluso escogidos ya algunos. Esto va implicar el desquebrajamiento total de lo que se llama Estado de Honduras, porque nos convierte en republiquetas. Donde desde el golpe de Estado, desde hace mucho, del neoliberalismo que viene preparando con una maquinaria legislativa para dar "seguridad jurídica" a todas esas grandes inversiones, a través de la privatización, la militarización. Se han aprobado medidas, además de las Ciudad Modelo, incentivos a la inversión minera, forestal, turística, y energética y además de eso, la criminalización de los movimientos sociales, a través de leyes como la de inteligencia, la de la intervención de la comunicación pública o privada, que es copia de la Colombia. También las figuras jurídicas con las que se nos acusa han cambiado para de tal manera garantizar que los luchadores y luchadoras sociales se vean enfrentados a estas situaciones donde hay un Estado que no funciona para el pueblo, con niveles de impunidad y de indefensión total y de violación de derechos humanos. Se han aprobado también leyes como la ley de pesca de apicultura, que concesiona plataformas marítimas en Honduras. Algo impresionante que nunca se había dado. Y estas plataformas marítimas se le van a entregar a las petroleras, como ya se hizo en el caso de la Mosquitia a la British Gas Group, una gran trasnacional inglesa. Y en el caso de esta ley también se le va a entregar a la industria camaronera desplazando a los pescadores y pescadoras artesanales. Las ciudades modelo están diseñadas bajo un modelo igual que hace 500 años. Así como nos repartieron a unos para extraer oro, a otros para plata, a otros para añil... fueron reconvirtiendo en enclaves bananeros, fruteros... Esto es lo mismo ahora. El pueblo lenca y los pueblos indígenas somos los que recibimos la mayor agresión porque precisamente es donde hay mayor riqueza. En una situación económica dramática, donde más del 80% de la población vive en niveles de pobreza, de indigencia, según datos del mismo Banco Mundial, de la ONU.

En Honduras vivimos una carnicería humana. Y eso no es aislado, eso es planificado. Y es producto de la enorme injusticia social, política, económica... Uno de los mayores afectados, de esa carnicería son jóvenes. Un informe de agencias serias en la defensa de los derechos de la niñez ha demostrado que en Honduras se han asesinado casi 400 niños y niñas menores de 18 años en lo que va de este año. Los niveles de femicidio, de asesinatos políticos, a la diversidad sexual son brutales. Entonces vivimos en un país donde ser luchadora o luchador o, simplemente sobrevivir, ya de por sí es un milagro.

 

Y en ese marco, ante ese sistema de opresión que ustedes visualizan, patriarcal, colonial, capitalista, a través de la militarización, del narcotráfico y del extractivismo, ¿cuáles son las estrategias o alternativas que están pudiendo construir desde el campo popular?

En este momento es un desafío enorme el que tiene el campo popular de Honduras porque venimos de un nivel de desmoralización bastante fuerte después de un golpe de Estado que no se pudo revertir, y de la pérdida en elecciones de un partido en que la gente de alguna manera había puesto sus esperanzas de tener algo distinto. Pero que con el fraude, las presiones y las manipulaciones de los Estados Unidos y de la derecha, y también con los desaciertos de la misma izquierda, se perdieron esas elecciones. Esos niveles de pobreza y violencia junto a la desmoralización del movimiento social es una combinación dramática. Entonces ¿en qué estamos en este periodo? Primero, en luchar por sobrevivir, luchar por mantenernos como organización ante los ataques que se generan desde el poder, que es pura contrainsurgencia. Es mentira que en Centroamérica se desmontó la estrategia contrainsurgente contra los movimientos de resistencia. Sigue viva, sostenida y financiada. Han cambiado de modalidades, hoy es más peligroso. Entonces sostener nuestra organización, existir como organización, como COPINH, es un logro de por sí. Lo otro es que estamos teniendo resistencias desde la base, levantamientos territoriales comunitarios, de ejercicio directo de autonomía y de control territorial. Y eso implica que las comunidades hacen un esfuerzo extraordinario para reafirmar, reconocer, y recuperar sus territorios.

 

Como el caso de Río Blanco.

Sí. El caso de Río Blanco, el sector norte, en la zona fronteriza, que estamos en una lucha tenaz, frontal contra las transnacionales y las empresas de la oligarquía hondureña. Entonces, eso implica también que se elevan los riesgos, se eleva ese nivel de indefensión que implica ataques a las comunidades, a los pueblos indígenas, a organizaciones y la criminalización en general. Estamos también en un proceso de auto-reflexión crítica de estos desaciertos que hemos tenido de sólo haber encausado el movimiento social, en su mayoría, en un proceso electoral. Y creo que debe de profundizarse más. Falta todavía madurar eso pero estamos ahora en una situación de luchas territoriales distintas. Hay mucha lucha comunitaria muy fuerte que ha implicado mucha represión también, mucho asesinato. Y el gran desafío que tenemos también es volvernos a articular a nivel nacional, ya no sólo en el Frente Nacional de Resistencia Popular sino que a través de otro espacio igualmente legítimo que estamos desarrollando. Y yo creo que el refrescamiento y encausar la esperanza, la convicción de que tenemos razones para seguir luchando por una Honduras distinta, una Honduras refundada, va a ser precisamente intensificando la movilización, la resistencia, de manera articulada a nivel nacional.

 

¿Abandonando la apuesta por lo electoral?

Bueno nosotros como COPINH hemos tenido una postura crítica a eso como organización. No nos vinculamos ni nos quisimos adherir a ningún partido político, ni siquiera LIBRE, que es producto de la resistencia, sino mantenernos como movimiento autónomo e independiente apostando a la lucha anticapitalista, antirracista, antipatriarcal. Pero también no consideramos que sea un error haber creado un partido. O sea, es necesario también dar esa batalla. Sólo que, no plegar, no convertir al movimiento social en apéndice de los partidos políticos y de la lucha partidaria. Y no abandonar tampoco la lucha social que tiene propuestas emancipatorias. Entonces, si logramos engarzar los objetivos, los fines de una apuesta partidaria electoral claramente definida por la refundación del país y no por reformas, y que tenga posturas como los mandatos de las Asambleas del Frente Nacional de Resistencias Populares, (ser un frente anticapitalista, antipatriarcal y antirracista, que fue una lucha dura que hicimos desde adentro), y realmente hay una voluntad política para avanzar a desarrollar esa propuesta, sí podremos coincidir. Pero no quiere decir que nos tengamos que casar, sino mantenernos de manera autónoma coordinando de forma estratégica, pero también entendiendo que somos distintos y que podemos coincidir si tenemos un proyecto emancipador.

 

¿En estos momentos hay agrupaciones que se estén planteando construir esa propuesta de partido?

En el partido LIBRE, LIBERTAD Y REFUNDACIÓN, que es producto de la resistencia, está habiendo grupos de compañeros y compañeras y de organizaciones que están repensando todo este tema. Pero claramente tenemos muchos desafíos. Desapegar las dirigencias de las prácticas políticas partidarias conservadoras que están en el mismo partido a los que cuestionamos siempre es muy difícil. Implica una revolución dentro de todo este proceso y de la conformación de una fuerza social fresca, vitalizada, con un planteamiento real para el pueblo hondureño que toque todas estas injusticias de las que hemos hablado y con nuevas prácticas políticas éticas que comprendan la diversidad y la complejidad de lo que somos. Y ahí está la clave para avanzar. Que no sea una debilidad, sino que la diversidad sea la riqueza. Pero no una de diversidad cualquiera, acéfala sin objetivos políticos claros, sino que converja claramente en un horizonte de desmontar la triple dominación en la que vivimos.

 

Respecto a la doble dominación que las mujeres de los movimientos vienen denunciando, pero en particular en Honduras, que ustedes han caracterizado en aquél momento con el "Ni golpe de Estado ni contra las mujeres", ¿cómo se mantiene actualmente? ¿cuál es el rol de las mujeres en los movimientos populares?

Bueno yo le agregaría una triple violencia histórica, que es la del racismo y el colonialismo. Y eso tenemos que enfrentarlo las mujeres indígenas y negras que estamos en este proceso abordando y debatiendo sobre todo esta múltiple forma de dominación. Yo creo que las organizaciones, la lucha de las mujeres feministas y de mujeres en cualquier espacio, sea del mundo rural o urbano, hemos pasado a un momento distinto, pero que no deja de tener el hilo de lo que construimos después de la resistencia al golpe. Y hay un movimiento feminista más comprometido con las luchas territoriales, contra la militarización, que tiene una mirada de análisis de la situación, de la injusticia, de la dominación estructural en todos los sentidos y de organizaciones que estamos haciendo esfuerzos, aunque seamos mixtas, de juntarnos como mujeres y seguir dando esa lucha en contra del patriarcado, primero adentro de nuestras mismas organizaciones, del movimiento social, que de alguna manera lo hemos emplazado. Pero eso, claro, ha sido muy duro. Y yo creo que tenemos un largo camino por recorrer todavía. Como mujeres ahora estamos en una lucha principalmente en el tema de derechos humanos, porque pesan. La violación de los derechos humanos y la criminalización de las mujeres ha crecido en Honduras fuertemente. Ahora hay más asesinatos de mujeres por ser luchadoras sociales. Y ya se hace de una manera muy cínica. Entonces, ahorita estamos cerrando filas por defender nuestras vidas, por estar tratando de acompañarnos en todos los procesos de criminalización, de asedio, de hostigamiento, de amenazas constantes... y también haciendo trabajo a nivel internacional. Creo que a inicios del próximo año estaremos retomando muy fuertemente toda esa propuesta de refundación de una mirada antipatrial y creo que nuevamente las organizaciones como el COPINH o las que estamos participando de pueblos indígenas, de negros, de mujeres y feministas, nos vamos a encontrar otra vez y tenemos muchas coincidencias. Y vamos a tratar de empujar al resto del movimiento social, primero para alimentarnos de esperanza nuevamente, de contrarrestar un poco esa desmoralización que ha habido, de tratar de refrescar nuestra lucha, nuestra convicción en lo que hacemos. El tratar de reimpulsar otra vez con una mirada más actualizada y después de la lectura de lo que hemos vivido y de los desaciertos, hacer un planteamiento nuevamente retomando el proyecto de vida que planteamos de nuestras luchas.

 

En ese sentido, los primeros años tras el golpe, hubo un avance muy fuerte en lo que fue la potencia del movimiento feminista dentro de la Resistencia y la extensión hacia otros sectores del campo popular. Después de tantos años resistiendo, ¿se mantiene este avance de la lucha feminista dentro del campo popular o están en una etapa de repliegue?

Bueno, la Resistencia en muchos aspectos no comenzó con el golpe de Estado. Tenemos siglos de estar en esa resistencia, mujeres, pueblos indígenas y negros. Como mujeres y feministas, pueblos indígenas y negros tuvimos una coincidencia política en este debate dentro del Frente Nacional que Resistencia. Como pudimos coincidir en la lucha antipatriarcal creo que se sigue sosteniendo esta articulación. Aun así, ha habido un poco de desaliento en las organizaciones feministas.

Mi valoración es que hay miedo. Esa desesperanza también golpeó al movimiento de mujeres y feministas. Hubo diferencias también de posiciones en cuanto al tema electoral. Y creo que hay algún sector que ahora está volviendo a entrar a las discusiones institucionales. Puede ser que algunas sean interesantes, importantes, por ejemplo, en el tema de la ley de protección a defensores y defensoras que se impulsa junto a instituciones del gobierno, que se corre el riesgo de algunas ser absorbidas por esa dinámica institucional.

Desde la institucionalidad oficial se pretende definir quiénes somos defensoras y quiénes no. ¡Es muy peligroso! Tenemos fuertes debates al respecto, porque ya antes del golpe de Estado hubo una experiencia de acercamiento a la institucionalidad. Yo considero que en sí misma no es negativa, pero en el contexto hondureño es muy difícil aunque entendemos también que hay una desesperación por el nivel de violencia, de agresión, de criminalización. Pero se corre el riesgo que dentro de esas definiciones por ciertas instituciones de quiénes van a ser los defensores y defensoras, los que no nos asumimos así porque nos consideramos luchadoras y luchadores, indígenas, territoriales o de otras maneras, ¿cómo nos van a catalogar? o ¿qué vamos a ser? ¿Vamos a ser entonces terroristas? Son discusiones que se dan y no dejan de crear algunas fricciones. Pero yo creo que, con la experiencia vivida en la lucha contra el golpe y teniendo esas posiciones claras contra las múltiples dominaciones, vamos a coincidir. Tenemos más cosas en que coincidir que en las diferencias.

 

 

 

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