Si te resistes malo, si no te resistes peor

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Opinión - Opinión: Derechos Humanos - Derechos de las Mujeres

  

Periodista y escritora

 

OPINIÓN

Imagine que va por la calle una noche, alguien se sitúa detrás y le pone una navaja en el cuello para que le entregue la cartera, el reloj, o cualquier cosa de valor que lleve.

¿Qué haría usted? Estoy segura de que el 99% de las personas le darían al atacante sus pertenencias sin resistirse. En el hipotético caso que este atraco llegara a juicio, ningún fiscal, juez o abogado le haría preguntas tales como: ¿Por qué iba usted por esa calle? ¿Por qué estaba en la calle a esa hora? ¿Había bebido o tomado drogas? ¿Está usted seguro de que era un chuchillo y no una navaja? ¿Intentó cambiar de acera al oír pasos? ¿Por qué no lo hizo? ¿Qué estatura tenía el agresor? ¿Era más fuerte que usted? ¿Intentó resistirse?

Cualquier persona sensata encontraría estas preguntas humillantes, inadecuadas, fuera de lugar porque lo que se estaría juzgando sería el asalto que una persona sufrió, independientemente de cual fuera su comportamiento. El hecho es que alguien le puso una navaja en el cuello a la víctima del atraco de la que se espera que no oponga resistencia.

Pues bien, la agresión sexual, o para ser más precisos, la violación, es el único delito en el que se pone en cuestión el comportamiento de la víctima. Lo hemos visto en multitud de ocasiones: aún recuerdo las hirientes preguntas de una juez a una víctima de violación a la que se llegó a preguntar si había cerrado bien las piernas. En el reciente caso de la violación de la joven de Sabadell hemos vuelto a asistir a preguntas insidiosas que si bien los expertos consideran que son necesarias para fundamentar la sentencia, y que las preguntas fueron hechas con respeto, no dejan de arrojar un haz de duda sobre el comportamiento de la víctima.

¿Está segura de eso? ¿Intentó huir de la habitación? ¿Recuerda la iluminación de la sala? Qué tendrá que ver la iluminación de la sala donde la joven estaba siendo violada, qué responsabilidad tenía ella si estaba o no iluminada, qué posibilidades tenía de huir si estaba siendo sostenida por tres individuos que la violaron por turnos.

Y luego nos enteramos de que en otro caso de violación ocurrido en Valencia en 2016, la sentencia recoge que como la víctima se resistió no se encontraba en situación de extrema vulnerabilidad, y por tanto es razón suficiente para rebajar la pena al acusado de 12 a 6 años. Es decir, si te resistes porque te resistes, y entonces es que de alguna manera no has perdido tu capacidad de intentar impedir que te violen. Si no te resistes porque es posible que estuvieras consintiendo, porque si no consentías te hubieras podido resistir. ¿En qué quedamos? ¿Es que no ven la perversión del sistema?

¿Se resistiría el juez, el fiscal o el abogado a entregar su cartera al individuo que le pusiera la navaja en el cuello en el ejemplo del principio? Seguro que no, porque hubiera estado en peligro su integridad. ¿Tan difícil es entender que una persona que está siendo agredida sexualmente, tanto si ha bebido como si no, se halla en una situación de intimidación y vulnerabilidad que hacen imposible cualquier respuesta? ¿Por qué se juzga la actitud de la víctima en lugar de centrarse en el comportamiento de los agresores? ¿Por qué se espera que una víctima de violación tenga que resistirse, y si lo hace sirve de atenuante para rebajar la pena del agresor? ¿Hasta qué punto tiene que resistirse? ¿Tendría que resistirse hasta morir? ¿Tan difícil es aceptar que esa persona está paralizada ante lo que está ocurriendo y cree que una vez iniciada la agresión puede pasarle cualquier cosa, desde ser golpeada hasta ser asesinada?

¿Cuándo la justicia dejará de sospechar de si las mujeres mienten, provocaron, consintieron o se resistieron ante ataques de los que ellas no son responsables? ¿Cuándo empezarán a tratarlas como víctimas y no como culpables? ¿Habrá que empezar a ponerle una navaja en el cuello a jueces, fiscales y abogados para que lo entiendan de una vez?

 

Publicado en Publico