Be mediàtic, my friend

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Opinión - Opinión: Cultura

 

Isabel Franc 

OPINIÓN

¿Recordáis la famosa frase de Bruce Lee? "Be water, my friend" hacía referencia a nuestra capacidad de ser flexibles y adaptables como el agua a un mundo en constante cambio.

 

Una serie de experiencias, llámale anécdotas, me han llevado a preguntarme si este lema funciona igual en todos los ámbitos y diría que en el mundo artístico y de la creación los fluidos son otros.
Va una compañía de teatro a ofrecer su montaje por diferentes salas en las que podría encajar. El proyecto es muy interesante, le dicen, la temática es actual, el enfoque atrevido, hay sentido del humor, la puesta en escena es ágil y versátil (mira por donde) y, además, el equipo técnico y artístico es tan profesional como
potente, pero... no lleva ninguna figura mediática. Eso hace que su capacidad de adaptarse como el agua a cualquier escenario se diluya completamente.

La directora del proyecto me lo explica y yo, haciendo intercambio de cromos, le retorno esta: una determinada institución artística (no diré nombres porque no se trata de criticar a nadie sino de constatar un hecho) me pide hacer mi curso sobre el humor. Ha sido una conversación de pasillo, pero yo me la he creído (de otra manera jamás habría osado presentarla) i he de confesar que me hace ilusión. Sin embargo, una vez estudiada la propuesta, el responsable de los cursos me dice que el contenido es muy interesante, pero... que no lo puede programar porque no tiene claro mi poder de convocatoria y, menos todavía, durante las fechas que propongo, dado que están reservadas a gente mediática.

¡Ups! Me avergüenzo de mi pretensión. Como nunca vienen solas, ambas peripecias coinciden en el tiempo con un programa de radio de esos que escucho en podcast cuando no puedo dormir. Va sobre la envidia y han invitado a un psicólogo de tres al cuarto, pero mediático.

Secundado por el presentador (agárrate), responde a les críticas que le hace un colega de profesión, argumentando que todo lo que se dice sobre él es envidia pura y dura. ¡Ostras! Me ha abierto los ojos. Ahora entiendo aquella ira que me asalta cuando veo que uno de los autores que más ha vendido y firmado el día de St. Jordi ha sido Mario Baquerizo. En realidad, lo que me pasa es que me muero de envidia.
Me avergüenzo más todavía.

Diría que son otros valores, muy alejados de la bruceliana adaptación acuífera, los que hacen, per ejemplo, que un cocinero —tanto da si es bueno o no; sale en la tele—, tenga un éxito arrollador promoviendo un concurso que da más valor a la mala baba entre contrincantes que a la excelencia gastronómica. Ay, Franc, que se te ve el plumero, en realidad, lo que tú querrías es que tus fideuás y tus arroces salieran en Canal Cocina.

Nunca me ha quedado claro si la propuesta vital de Bruce (dejadme que lo llame por el nombre, es como de la familia) se hizo viral porque a la gente le dio un deseo irrefrenable de ser agua y adaptarse a lo que la vida buenamente otorga o porque fue eslogan de una campaña de BMW. Lo que sí me queda tan claro como
el agua —mira tú—, es que hay que poner mucho más interés y mucha más energía; invertir más tiempo y, si es menester, unos buenos dineritos en ser mediática que en hacer lo mejor posible tu trabajo.

¡Ostras, ostras! Que esto está sonando a pataleta, a envidia desbocada, a intolerancia a la frustración... No sé que pinto redactando este artículo si lo que tendría que estar haciendo es buscar la fórmula de  convertirme en mediática, de salir en todas partes para poder vivir de rentas. Me voy que ya llego tarde.
¡Ah, por cierto! Parece que solo he nombrado a hombres, ¿verdad? Pues no os
hagáis ilusiones, otra top ventas, con colas quilométricas para firmar en St. Jordi, cuando saca libro, es la mismísima Belén Esteban. ¡Qué envidia!