La ‘revolución feminista’ en Kosmopolis 2019

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Cultura - Literatura

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La ‘revolución feminista’ fue uno de los ejes del Kosmopolis 2019, que se clausuró el domingo 24. La periodista egipcia Mona Eltahawy y la escritora catalano-marroquí Najat El Hachmi protagonizaron uno de los diálogos más interesantes en torno a la libertad y la emancipación real de las mujeres musulmanas en Europa y el mundo. 

 

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Najat El Hachmi y Mona Eltahawy en el Hall del CCCB

 

Como mujeres que “ya hemos tomado conciencia de nuestras vidas”, comenzó Najat El Hachmi y sabemos cuáles son los ‘mecanismos que nos han condicionado’, gracias a antecesoras como  Fatima Mernisi y  Nawal El Saadawi,  “asumo el sentido del ‘momento doloroso’ de descubrir el ‘gran machismo’ como indicaba la filósofa Amelia Valcárcel” y le preguntó a la periodista Mona Eltahawy   por su itinerario personal y geográfico, que circula por Escocia, Londres, Arabia Saudí y diferentes países hasta Estados Unidos.

Pero El Hachmi puso el foco en “nuestro cuerpo, que está en el centro de todo y es el origen de todos los desastres porque los hombres no son capaces de controlar sus impulsos”; de modo que en nuestras sociedades “somos nosotras las que no debemos provocar el deseo. Es un sistema muy complejo, proseguía la escritora, porque nos expone de forma individual y colectiva”. Es como el título de tu libro: El himen y el hijab, dos elementos del mismo sistema de represión sexual, uno interno y misterioso y el otro un signo externo” Así que la pregunta es ¿por qué el mundo árabe necesita una revolución sexual?, cómo dice tu libro, le espetó a Eltahawy.

 

La tríada misógina: el Estado, la calle y el hogar

“Porque hay que derrumbar el patriarcado”, le respondió Mona Eltahawy, recordando que en las primaveras árabes (Egipto, Libia, Túnez, Siria, Yemen…) las mujeres salieron a la calle como los hombres. Pero ellos sólo hicieron la revolución en la calle y en el trabajo, pero no en las casas”. En ese punto, le recordó que la anarquista y combatiente Lola Iturbe ya escribía en 1939 que “los compañeros dejan en la puerta de la casa la liberación de la mujer y en dentro se comportan como vulgares maridos”.

La periodista repasó las violencias sexuales y torturas (en el Museo egipcio y la cárcel) a que fueron expuestas las mujeres, incluso ella misma en El Cairo y recordó que “diferenciaban entre casadas y solteras por la virginidad, que era comprobada por los doctores”. En consecuencia “17 mujeres fueron asaltadas sexualmente como test de virginidad”, afirmó. Eltahawy, tras lamentar que “aún no es el momento” de la emancipación, resumió que “al patriarcado todavía hay que derrumbarlo en el palacio presidencial, en las esquinas de las calles y en la habitación matrimonial”, lo que ella llama en su libro ‘la tríada misógina’: el estado, la calle y el hogar.

 

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Najat El Hachmi y Mona Eltahawy en un momento de la charla

 

Cuerpo y sexualidad de la mujer, obsesion de los fundamentalismos

El Hachmi le indicó, en este sentido, que en Marruecos ahora es obligatorio el servicio militar para hombres y mujeres pero que a ellas, “por si pierden la virginidad” en el trabajo, se les hará el test y se les dará un certificado previo. “El cuerpo y la sexualidad de las mujeres, se ha convertido en la obsesion de los fundamentalismos” y afirmó, además, que “hay un movimiento reaccionario contra los cambios”. La escritora catalana puso como ejemplo una charla que mantuvo con “unas mujeres mayores en Tetuán que le indicaban, con mucha sorpresa, que las chicas jóvenes abrazaban el islam más riguroso y las corrientes más fundamentalistas y ello crea mucha confusión en el mundo musulmán”.

Mona Eltahawy le recordó que desde 1920 los Hermanos Musulmanes de Egipto no tienen lideresas femeninas y que en 2005, seis años antes de la revolución¡¡¡ ella ya entrevistó a su ‘guía supremo’ para saber qué cambiaría si llegaban algún día al poder. Sólo le dijo que creían en los derechos humanos. Pero cuando Mohamed Morsi (ahora en la cárcel desde 2013, tras el golpe de estado del general Abdul Fatah al-Sisi) ganó las elecciones en 2012, “mantuvo la mutilación genital femenina (MGF) y no se opuso a las bodas de niñas menores” explicó. Y es que “así actúan todos los fundamentalismos, los evangélicos y ‘los hermanos cristianos’: todos están contra el aborto y a todos los quiero fuera de mi vagina”, alegó.

Cualquier religión es misógina, mantuvo Eltahawy, “en especial las de ‘raíz abrahámica’, porque estuve en Jerusalén y era lo mismo”; quizás las religiones de cosmogonía africana, lo son menos”… Pero “yo sigo con mi absoluta revolución sexual y proclamo que mi cuerpo es mío –no del estado, ni del hombre- y declaro que yo decido sobre mi cuerpo. Y no soy monogámica” añadió, ese es un invento del hombre, con el apoyo de las religiones, para apropiarse de las mujeres”. Y la obsesión por la vagina es porque es de las mujeres y en las relaciones heterosexuales. No afecta a las homosexuales, a las lesbianas o a las trans, afirmó.

 

Relativismo de la izquierda con el velo de la mujer

Najat El Hachmi se intereso por su opinión sobre el denominado ‘feminismo islamista’. No puede ser sólo feminismo? Preguntó, porque “cuando las instituciones de aquí dicen ‘feminismo islamista’ asumen acríticamente las ideas conservadoras con sus elementos discriminatorios y aceptan la desigualdad en los términos acotados por la religión; es una trampa a la que se abrazan para resistir en el ámbito identitario”, mantenía la escritora. Yo lo llamo ‘relativismo de la izquierda’, porque la imagen de “una mujer con velo en una lista electoral es volver atrás”. De modo que “decimos fuera tus rosarios de mis ovarios pero no fuera el velo? Es que ahora tengo que aceptar como fantástica la discriminación que he vivido de pequeña”, le preguntó a Mona Eltahawy.

“Yo soy una feminista secular” respondió tajante Eltahawy. Estuve en 2009 en Kuala Lumpur (Malasia) que, como en Irán, Paquistán o en Estados Unidos (ahora con dos congresistas una somalí con velo y una palestina) hay mujeres musulmanas que buscan la igualdad en la familia y la justicia y tratan de modificar las legislaciones, pero siempre les dirán que ‘es la palabra de dios’ y creo, mantuvo, que puede dar pie a “reinterpretaciones para hacerlo más grande y decir que tienen razón”. Yo estoy fuera de todo eso afirmó la escritora egipcia y “como las mujeres argelinas y tunecinas, (que ahora batallan por su derecho a la herencia contrariamente al código musulmán), mantengo que hemos luchado contra lo que ellos proclaman y dicen”. Y concluyó “yo quiero la igualdad entre niños y niñas y mi objetivo es destruir el patriarcado”.

 

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Desde la izquierda, Laura Huerga, Luna Miguel y Llucia Ramis

 

Cambio climático, ecofeminismo y relaciones de poder

Pero la potencia del feminismo y sus relatos, además de la lucha por la igualdad, se centró también en otros vectores como el papel de las mujeres en la lucha contra el cambio climático y la práctica de la sororidad. Bajo las primeras coordenadas, la editora Laura Huerga confrontó en la Sala Raval las ideas ecofeministas de la periodista Llucia Ramis y la escritora y poeta Luna Miguel en la presentación del libro de diversas autoras: Por què las mujeres salvaran el planeta .

Vandana Shiva, Christiana Figueres, Zandile Gumede y Yayo Herrero, entre otras ecofeministas del Sur global, exponen en ese libro sus argumentos en defensa de la justicia social y cómo es posible aunar las voluntades transformadoras para influir en el medio ambiente, pero sobretodo, como se comentaba en el debate, desde la educación y para cambiar las relaciones de poder en las sociedades.

Bajo un formato de diálogo y en la sala Teatro departieron la británica Laura Bates (fundadora del portal Everyday Sexism Project  y autora del libro 'Sexismo cotidiano'), con la norteamericana Shaina Machlus (autora de La palabra más sexy es sí), una guía pionera sobre el consentimiento y la cultura de la violación. Bates considera que la educación y el lenguaje son esenciales para combatir el sexismo y la violencia que genera. Machlus por su parte, defiende un feminismo diverso y  plural que supera la igualdad. Ella entiende que la lucha feminista debe combatir simultáneamente el patriarcado, el capitalismo, el colonialismo y la supremacía blanca. Es decir, como feminista blanca, ella debe cuestionar su posición privilegiada y revisar su discurso para ver a quien excluye.

 

 

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Laura Pinyol,Tina Vallès, Marta Orriols y Eva Baltasar, de izquierda a derecha

 

Habitaciones propias y espacios de libertad

En el mismo espacio del Teatro y en una mesa redonda también con la editora Laura Huergacompartieron sus tesis sobre ‘el éxito de sus primeras novelas’ las escritoras Eva Baltasar (Permagel), Marta Orriols (Aprender a hablar con las plantas), Tina Vallès (La memoria del árbol)y Laura Pinyol (El risc més gran). Desde sus ‘habitaciones propias’, como reivindicaba Virginia Woolf y a través de susvivencias profesionales y creativas, desfilaron maestras de las novelistas como Doris Lessing, Alice Munro y Mercè Rodoreda y algunas de sus referentes como escritoras: Antònia Carré-Pons, Mercè Ibarz, Irene Solà Maria Antònia Oliver y Anna Gual, además de Calvino, Ginzburg y Zweig.

Las conferencias de Natza Farré (El machismo titula), Paula Bonet (Cuerpo de embarazada sin embrión) y un diálogo entre Susan Orlean y Bel Olid, estaban en el menú de otros de los escenarios feministas en la jornada de cierre de esta X Edición de la “fiesta de la literatura amplificada”. Por el Kosmopolis 2019 han pasado 13.325 personas para ver, oír y compartir con más de 150 más participantes en las 56 actividades, según los datos del propio Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), la entidad organizadora.