Los cuernos del cruasánt (o de la ensaimada)

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Opinión - Opinión: Cultura

Eulalia Lledo 2

 

OPINIÓN

Es preocupante constatar el poco interés que hay por parte de las y los lectores castellanohablantes del Estado español por la literatura escrita en alguna de las otras lenguas peninsulares que no sea el castellano.

Es desmoralizante comprobar, por ejemplo, que el señuelo para que leyeran traducido al castellano de Pedra de tartera de Maria Barbal no fue el éxito que cosechó en su propia lengua sino los muchos ejemplares que vendió su traducción alemana.

Creo que fue la escritora y Nobel Toni Morrison (quizás lo dijo Maya Angelou, no estoy muy segura) que no se puede respetar lo que no se conoce. Así es y me propongo demostrar que leer en catalán no es tan difícil y es una buena manera de conocer esta literatura. Para ello presentaré tal cual tres poesías y media del último volumen —Les banyes del croissant, 2018— de la poeta mallorquina Antonina Canyelles (Palma, 1942), una de las voces más lúcidas y más originales de la poesía catalana contemporánea y una excelente rapsoda.

Como la poeta yanqui Marianne Moore, que a fuerza de pulir y limar, de recortar y condensar, redujo los ventinueve versos de su famosa composición «Poesía» a tan sólo los esenciales, o sea a tres, opera Canyelles obteniendo destilados poemas que parecen aforismos, la mínima expresión de una idea, de una imagen.

 

Para los vinos y los perfumes,

vestidos de cristal

 

A veces se permite una seria broma, perfectamente entendible/traducible al castellano.

 

De los tres Mágicos de Oriente

mi preferido

se

lo que lleva la birra.

 

Otras veces, también en tres versos, se la juega con el amor y sus trampas a punta seca, y de paso nos recuerda el don de la maternidad.

 

Hija, me dijo la madre,

si te juran amor eterno,

lánzate de cabeza en la trinchera.

 

Algunas inciden en la vejez más mecánica y utilitaria.

 

Ya no tenemos ruedas,

ni manillar ni timbre.

Y pensar que un día fuimos

alegres bicicletas.

 

Antonina Canyelles es autora de una obra notable que se inició con Quadern de conseqüències (1980) y Patchwork (1981). Después de más de veinte años de silencio (que en esto también es una clásica), le siguieron —afortunadamente ya a un buen ritmo— Piercing (2005) y D'estructura circular (2007). El año 2011 fue fértil puesto que se editó la antología Putes i consentits. Antologia poètica y Tasta'm. 34 poemes inèdits. De 2013 es La duna i la cascada i de 2015, Nus baixant una escala. Panoptik (2017) —que tiene versión castellana— es de momento su penúltimo libro. En internet hay al menos una dirección donde pueden hallarse algunas de sus poesías en edición bilingüe.

Su poesía contundente pero matizada, en muchas ocasiones sobrecogedoramente punzante, despierta la sensibilidad, propicia el juego y aguza el ingenio.