La bruja Butler

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Opinión - Opinión: Violencias

Isabel Franc

OPINIÓN

Judith Butler y su compañera, Wendy Brown, fueron insultadas y agredidas en el aeropuerto de Congonhas, Sao Paolo. No ha salido en ningún sitio, que yo sepa, exceptuando algunos diarios digitales, y porque en Internet está todo.

 

Butler Brasil

 

Tal vez, a los medios informativos se les pasó mencionarlo. Claro: que si ora el procés, ora la declaración, ora la suspensión, ora el 155, etc. etc., tienen demasiada faena para comentar otras noticias. Sin embargo, a mí, que debo de andar siempre por otros vericuetos, me parece gravísimo.

El pasado 7 de noviembre, Judith Butler fue a Sao Paolo a dar una conferencia sobre "Los fines de la democracia" (organizada por la Universidad de Sao Paolo y la Berkeley, donde ella enseña). El contenido de su discurso se centraba en los retos de la democracia contemporánea contaminada por los populismos y el autoritarismo, pero a los grupos ultraconservadores tanto les daba lo que dijera o dejara de decir, su foco (siempre con esa amplitud de miras que les caracteriza) estaba puesto en las teorías de género.

Butler, como sabéis, propone que la identidad hombre o mujer no es una consecuencia biológica, sino una construcción social con implicaciones políticas. Y eso es atacable, denunciable y execrable tanto si ha ido a decirlo como si no; con que lo piense ya es suficiente, pero es que, además, ¡¡lo ha escrito!! Muera la bruja.
Sí, sí, no se me escandalicen que esa fue una de las proclamas que le gritaron a ella y a su compañera.

Por cierto... esta gente tan cegada lo está tanto que no sabe ni a quién grita. En Internet encontraréis un vídeo doméstico con toda la secuencia del acoso en el aeropuerto. Veréis que Butler sale pronto de escena y los insultos e improperios van a parar a su pareja, Wendy Brown, teórica política y también profesora en Berkeley.

La confusión, de hecho, no tiene relevancia alguna, lo importante era escupir consignas del tipo: "Fuera Judith", "Asesina de criaturas" o "Quemen a la bruja". Incluso, pegaron fuego a una muñeca que representaba a la filósofa, al tiempo que gritaban (porque siempre gritan) lemas a favor de la familia i la tradición, rezaban el Padre Nuestro y mostraban cruces, rosarios, biblias y banderas de Brasil, con el fin, supongo, de hacer más efectivo el sortilegio. Yo, de Butler, me cambiaría ahora mismo la cocina de gas por una de inducción.

Buscando, buscando, encontraréis también la foto de una mujer rubia con un lazo rosa en la cabeza y un cartel que dice: "El sueño de Judith Butler, destruir la identidad sexual de nuestros hijos". Y, por desgracia, la imagen incluye a las hijas.

Antes de la agresión, los grupos ultraderechistas ya se habían manifestado para que la conferencia de Butler fuera prohibida, tal como pasó en Porto Alegre con la exposición Queermuseo: cartografía de las diferencias en el arte brasileño. Aquí sí que lo consiguieron, la exposición se canceló por "difundir zoofilia, pornografía, pedofilia y faltar al respeto a los símbolos religiosos". ¡Ole tú!

En paralelo, claro está, hay grupos progresistas que apoyan a la filósofa y estos, mira por dónde, mostraban carteles en los que se leía: "Yo amo a quien quiera" y reclamaban "Más amor y menos odio".

A ver, yo... ya sé que bajo de una higuera, pero no puedo dejar de preguntarme si es lícito utilizar la libertad de expresión para difundir el discurso del odio. Claro que si en Calalunya darle una estaladita a una criatura es incitar a la hispanofobia, todo cuela. Sin embargo, en mi infinita ingenuidad pienso que no se puede hablar de paz y amor mientras se quema simbólicamente a una mujer por sus ideas ni se puede enarbolar una Biblia al tiempo que se acosa, insulta y agrede a una semejante.

"Me siento muy triste con todo esto —declaró Butler—, ya que la postura de odio y censura está basada en el miedo, miedo del cambio, miedo de dejar a los otros vivir de una manera diferente de la tuya. Pero es esa habilidad de vivir con la diferencia lo que va a sustentarnos a largo plazo".

Parece, mismamente, una historia de buenos y malos. ¡Qué miedo da cómo está el mundo! Porque si nos asomamos al Mediterráneo o a Oriente Medio o a Corea o a los USA o a Europa mismo, ya podemos salir corriendo. Y aquí, ya hemos visto resurgir las dos Españas. ¡Nos guarde Dios!

Lo que me angustia más de todo esto es que episodios como la agresión a Judith y a Wendy tengan lugar poco antes de que lleguen las Fiestas (con mayúscula) más familiares y entrañables del calendario, cuando todo el mundo es bueno y solidario, recaba alimentos para la gente que lo necesita y ama al prójimo como a sí mismo o misma. Estas cosas las tendrían que prohibir, como mínimo, tres meses antes de Navidad y dejarlo para finales de enero, cuando estamos más cerca del carnaval. ¿No os parece?