Feminismos autóctonos frescos e irónicos (y 2)*

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Empoderamiento y Liderazgo - Movimientos Sociales

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Las escritoras y activistas feministas Bel Olid y Natza Farré, han publicado dos libros sobre el feminismo. 

 

Ambas son de la década de los 70, la misma que la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y coinciden en muchas críticas: la interesada imagen negativa del feminismo, la ‘naturalización’ de actitudes sexistas o agresiones machistas, la ‘subalternidad’ de las mujeres y, sobre todo en la necesidad de una educación diferente para un futuro más igualitario.

 “En la actualidad el feminismo es más vivo y necesario que nunca porque la discriminación hacia las mujeres se ha vuelto más sutil y difícil de detectar, pero mantiene su poder paralizante”, dice Bel Olid, Presidenta de la Asociación de Escritores i Escritoras en Lengua Catalana, en el libro Feminisme de butxaca’ Ella opina que las mujeres de su generación, “tenemos la sensación de estafa total” porque “en la escuela nos explicaban que éramos iguales a nuestros compañeros” y la realidad ha demostrado que no es verdad.

El de la periodista Natza Farré, ‘Curs de feminisme per microones señala que “lo peor que nos puede pasar no es que se nos corra el rimel o se nos rompa un tacón justo cuando salimos de casa. Lo peor que nos puede pasar es continuar como estamos, como mujeres”. Natza Farré confirma también que, “pese a que esta sea la mejor época, no estamos en igualdad de condiciones” con los hombres. De ambas destacamos algunos aspectos de sus respectivos libros.

 

 

La condena por la ‘cajita’ del género

Bel Olid señala que al nacer y, sin preguntártelo, se te aplica la ‘cajita del género’ que solo permite dos opciones: ser hombre (te toca color azul y barba) o ser mujer (color rosa y pechos). Son las dos únicas posibilidades: “es un imperativo legal ya desde el registro civil y la sociedad tampoco permite otras formas” aunque sepamos que hay más posibilidades para definirse como persona.

Esa bipolaridad niño/niña, supone, además, una ‘condena a cadena perpetua’ con una ‘sentencia y un listado de normas’ que “nada tienen que ver con las habilidades y las preferencias de las personas” y que ‘según la etiqueta que te ha tocado’, para unos (hombres) suponen privilegios a disfrutar y para las otras (mujeres) discriminaciones que sufrirán: exclusiva carga del cuidado familiar, hasta un 25% menos en la retribución salarial y la subrepresentación en las áreas de poder.

La también profesora y traductoratiene ‘una fantasía de autodefensa, aspiracional y subversiva’, “si algún desconocido te grita por la calle, el político de turno hace un comentario machista, el obispo comenta en la prensa cómo no queremos que nos violen, si pedimos el aborto libre y gratuito, cuando te despiden del trabajo porque estás embarazada o cuando, en la escuela, valoran hasta el infinito que el padre de las criaturas vaya a las reuniones y se da por descontado que las madres deben asistir”. “Mi fantasía es una metralleta” explica Bel Olid.

 

 

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Foto Casa del Libro

 

Defensa ante la narrativa de ‘la niña buena’

Esa fantasía puede parecer violenta, explica la escritora, pero “no lo es porque es de autodefensa”. No tiene metralleta, ni la quiere, pero sí “quiero tener el derecho a imaginarla” porque “es un derecho que siempre se me ha negado”. Todo han sido “llamadas a ceder, a callar, o a quitarle importancia”, cuando los niños te molestan en la escuela, cuando gritan obscenidades o cuando te acorralaban en alguna calle. “Nadie me dijo jamás defiéndete”, sólo “no pases más por ahí... evita el conflicto o peor aún”, critíca, “que tolerase la agresión y la asumiera como natural”. Eso es, afirma ‘la narrativa de la niña buena’: aceptar como naturales agresiones que, cometidas contra hombres, son inaceptables.”.

Porque “ellos no están acostumbrados a ser interpelados sexualmente por la calle por desconocidos, afirma, tampoco a ser tratados como objetos y que no se tenga en cuenta su deseo”. Así que cuando se encuentran “confrontados a un deseo que no comparten, se ponen violentos” porque se podría interpretar que son homosexuales y “la masculinidad es uno de los pilares de la heterosexualidad obligatoria”. Pero “los lindes de la tolerancia… que se nos impone a las mujeres son tan altos que se necesitan campañas para explicar que no sólo nos maltratan cuando nos pegan”.

Es la forma como las mujeres “hemos naturalizado las faltas de respeto y las agresiones”, explica Olid. Como mujer “no me toca soñar con metralletas, sino con abrazos que curan, el poder transformador del amor...y si, por el camino sufro, mejor, porque será más redentor” Y de ahí viene su fantasía aspiracional.

 

 

Subvertir el orden hablando en lugar de callar

La vertiente subversiva resulta de “asegurarme que, como mínimo este (interlocutor) en concreto, no volverá a molestar” porque “responderé con sus armas”. Aquí la escritora aclara que su fantasía no es convertirse en Lara Croft, sino silenciar para siempre a un machista”. Como también afirma que, en su fantasía, su metralleta no pesa, porque el machista no es una persona, “igual que yo tampoco soy una persona ante sus ojos”.

La metralleta particular de Olid es “hablar cuando no me toca... incluso, uso palabrotas”. Y es cuando acaba la fantasía que comienza la incomodidad parael hombre. Que una mujer diga “no me interrumpas que no he terminado, no es un disparo a la cabeza pero sí sienta como un jarro de agua fría sobre los machos condescendientes” mantiene; o si les inquieres “y a tí quien te ha preguntado qué te parece mi cuerpo? Quieres que opine sobre tu calva?, cuando te dicen tía buena, quizás no resuelva nada, pero rompe el patrón establecido. Remuevesla idea de “puedo decir lo que quiera a una mujer, sin consecuencias”. Porque “estamos subvirtiendo el orden establecido cuando hablamos en lugar de callar”.  Conclusión: “una metralleta es mi tesoro. Es mi manera de decir ‘esta mente es mía’ y gracias a ella ‘no me veréis sometida”.

 

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Bel Olid a la derecha, al lado de la doctora Patricia Soley-Beltran, en el Borne

 

La’ jaula’ del patriarcado y la subalternidad

La ‘jaula del patriarcado’ permite confirmar cómo de efectivo es este aprendizaje, desarrolla la traductora. “Afirmar que  nunca te has sentido discriminada” significa que “tienes mucha tolerancia a la opresión y que has naturalizado las agresiones habituales”, además de ‘no gastar energía’ o ‘conseguir validación’ de los hombres que te consideran “mas igual”, por el simple hecho de “negar una desigualdad que muchos no quieren ver”.

Esa es la idea de la ‘subalternidad’ que han asumido algunas mujeres, para quienes la división en dos géneros con valores, derechos y deberes, totalmente diferentes, es natural. Por las ‘ventajas’ que eso supone a los hombres se entiende que hay muchas más mujeres feministas, afirma, aunque “suponga un coste personal muy alto” no asumir el ‘rol que te toca’ y renunciar a la aprobación familiar y social.

“Las ‘guardianas de la igualdad’ somos nosotras porque a ellos no les sale a cuenta” asegura Olid. “Se nos educa para ser amables, sumisas y obedientes” y “que haya mujeres que rechacen esta obligación es inquietante para los guardianes del sistema”. De ahí vienen “los insultos que se aprenden desde la escuela”.

Insultos como muestra de las exigencias

Ya en la época adulta, que los ‘primeros insultos’ que se les ocurren a los hombres sean ‘fea, maljodida y puta’ son para esta escritora  “3 muestras de las exigencias del patriarcado hacia las mujeres: ser atractivas y deseables para los hombres, pero restrictivas con la práctica de su sexualidad”. Es el ‘mercado de la carne’ o ‘la guerra sobre el aspecto’ de las mujeres, cuyos “beneficios económicos de la devastación de su autoestima van a parar, irónicamente, a los bolsillos de grandes empresarios, calvos, panzones y arrugados”, subraya.

Precisamente para Olid, esos mismos “insultos ya justifican la existencia del feminismo”. También opina que “la palabra feminista está asociada a las ideas de antipatía, rabia y frustración” pero lo considera lógico porque “la desigualdad sistémica genera rabia y frustración” y no hay feministas satisfechas en el mundo. Es la misma rabia que dice sentir Chimamanda Ngozi Adichie ante el mismo tipo de situaciones.

 

La mística de la maternidad y la familia normativa

Bel Olid critica también en el libro las listas cremallera en las elecciones porque sitúan a las mujeres como ‘comparsas’: son el 46% de las candidatas pero solo están en el 25% de las jefaturas; por tanto se sigue con una escasa representación política. Repasa asimismo, ‘la mística de la maternidad’ o la ‘predestinación de ser madres’ frente a la opción profesional; la elección entre la realización personal o la familia heterosexual normativa, con la monogamia obligatoria. Reprocha, además, la falta de modelos de mujeres en la escuela, que aún tiene contenidos androcéntricos. Y al final facilita un Kid básico de lecturas y un minivocabulario de 25 palabras imprescindibles para nombrar a realidad, tal como es desde el punto de vista feminista.

 

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Foto Amazon.es

 

El también irónico libro de  Natza Farrédiagnostica pero también plantea ideas a desarrollar para modificar esas malas praxis de la sociedad que afectan a las mujeres. “El problema – mantiene -es que aún hay muchas familias que perpetuán esa manera de hacer y están educando a sus hijos e hijas con unos valores que nuestra generación tiene la obligación de romper”. Para cambiarlo, Farré ha escrito ese ‘Manual de instrucciones’ que recorre los pasos educativos desde el Nivel básico, el medio y el alto hasta el Certificado y propone, en sus distintos capítulos, ejemplos y pruebas a modo de examen para saber si superamos la prueba.

 

Prejuicios y estigmas del ‘sentido común’

En el nivel básico ya encontramos también que los dos sexos determinan ‘prejuicios y estigmas’ y ser mujer significa “formar parte del grupo más numerosa de segunda clase del mundo”. La  utilización de un ‘lenguaje tramposo’ da como resultado representaciones engañosas; por eso el ‘sentido común’, que es el papel en el que nos coloca la ‘sociedad patriarcal’, “no nos lo merecemos... eso debe terminarse: es la revolución”, afirma la escritora. “No se trata que los hombres nos ayuden como hasta ahora… se trata que actúen. Que se mojen. Que críen a sus criaturas de manera diferente a cómo los han criado a ellos”. Por ejemplo, si ellos “se quejasen que en los lavabos públicos de hombres no hay cambiadores de bebés, seguro que habría”. Como también, “si ellos pudieran quedarse embarazados, el mundo sería más divertido y mucho más fácil”.

El segundo punto del nivel básico es la educación. Para ella “hay que arrancar las reglas de raíz y desde la infancia” porque las “mujeres están silenciadas de las clases de historia, de filosofía”… los cuentos son demasiado tradicionales” (Caperucita, Cenicienta, Blancanieves…) y los juguetes son la marca más evidente del sexismo: a las mujeres “nos envían a hacer de cuidadores desde el principio” de la vida y, en cambio, “los que triunfan en el mundo de la gastronomía son los hombres”; ellos “son fuertes y mañosos” y ellas “madres abnegadas y princesas estúpidas”, y “nos educan para funcionar en el espacio privado y a ellos para el espacio público”, recuerda.

 

Jóvenes posesivos, controladores y violentos

Para cambiarlo, Natza Farré propone ‘talleres de feminismo’ y de ‘evaluación del machismo’ en las propias aulas porque “el machismo se perpetua impunemente y se le ríen las gracias”. Recuerda que ha aumentado la violencia entre las parejas jóvenes y que “los chicos jóvenes sacan el peor ejemplo social: la posesión, el control y la violencia”. Una educción menos sexista, opina esta escritora, “daría la posibilidad de crear un nuevo tipo de relación entre hombres y mujeres”. Y ahí explica que en Suecia, el libro de Chimamanda Ngozi Adichie Todos deberíamos ser feministas’ es obligatorio para las y los jóvenes de 16 años y luego se debate en clase.

También recuerda que hay un vídeo donde se hace un experimento en una clase de primaria en el que se solicita un ejercicio a los niños y niñas ue dibujen las profesiones de bombero, médico y piloto militar. Al terminar entran 3 mujeres que representan a esas profesiones. 61 los dibujaron como hombres y en sólo 5 aparecían mujeres. Y es que “los estereotipos de género se definen entre los 5 y los 6 años” afirma Farré. 

 

 

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Bel Olid  n medio, en el debate del Borne, 'Mordazas', que moderó

 

En el nivel elemental ya aparece la crítica a la ‘cosificación’ de la mujer que significa por un lado, la inexistencia de infancia y otras veces, la pérdida de la autoestima que puede desembocar en enfermedades (anorexia o bulimia) o la propia muerte. Un ejemplo es lo que ella denomina la ‘operación biquini’ que comienza ya en febrero, según afirmó en una charla, precisamente con Bel Olid en el Born, a finales de mayo, Mordasses. Las ‘malas’ conductas. El cuerpo condenado, el cuerpo disidente. Y en el libro recuerda que la muñeca Barbie nació en Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, “como modelo de ama de casa perfecta porque convenía que las mujeres abandonaran la vida pública y regresaran a casa” después de su esfuerzo laboral en la guerra.

 

 

Explotación de la imagen femenina en los media

Y en este nivel y, como periodista, destaca el papel protagonista los medios de comunicación de los que opina que a las mujeres “quieren aniquilarnos como seres pensantes a través de la explotación de la imagen”. Y si no, recordaba en el debate del Born, “miren la insistencia en ‘la obligación de las mujeres de alzarse en unos tacones interminables y nada saludables”. Porque “es en la televisión donde más se evidencia que las mujeres somos atributos físicos que conviene explotar”… a pesar de que “los hombres pueden ser altos, bajos, gordos, delgados, espantosamente feos, con cero atractivo emocional”. También en las imágenes de la prensa escrita se encuentran ‘gazapos’ sexistas. Ahí Farré recuerda los pies de foto de El Periódico (11.01.2016) que destacaba de las intervenciones masculinas el carácter y de las diputadas, las playeras o ropa que llevaban en el Parlamento de Catalunya.

Por otro lado, en el libro critica las conocidas como  ‘revistas femeninas’ porque “fomentan una sociedad dividida en funciones”, según el sexo. En ellas, sugiere Natza Farré, “debería preguntarse a un hombre cómo consigue combinar trabajo y paternidad” y, de esta manera, muchos “deberían reconocer que no se han ocupado lo suficiente de los hijos y sentirse culpables”. Así también podríamos saber “a cuantas cosas han tenido que renunciar para hacerse cargo de su prole”. De modo que “o lo preguntan a todo el mundo o no lo pregunten a nadie” escribe porque “las mujeres somos tratadas como hechos excepcionales”.

“No queremos las mismas oportunidades. Queremos todas las oportunidades”, exige. Y esto va a examen, bromea. Como periodista, en este apartado, afina las 3 preguntas: 1. Los medios de comunicación nos tratan como a noticias sólo por el hecho de ser mujeres; 2. Los medios de comunicación son esencialmente machistas; 3. Los medios de comunicación han de ponerse las pilas. Ahora. Ya.”

 

 

 

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Natza Farré al lado del doctor Adolf Tobeña en el Borne

 

‘Discriminatorios relevos en la CCRTV’

“Lo que pasa en los medios de comunicación explica en buena medida los contenidos” mantiene. Las mujeres son el 60% del estudiantado; en las redacciones ellas superan a los hombres; “en la sección de deportes ganan ellos, en las tareas de producción ellas”. Si vamos “mas allá de la redacción, las mujeres desaparecen”. Sólo una directora de diario en Catalunya y ninguna en otro medio de comunicación señala y critica que “los últimos relevos de los medios públicos de la CCRTV (Corporación Catalana de Radio y Televisión) fueron escandalosamente discriminatorios: ni una sola mujer de 7 nombramientos. Ni para disimular”, lamenta. “La radio líder también es machista” mantiene y en los recientes diarios digitales ‘misma receta’: “mujeres escribiendo, hombres mandando”.  Por supuesto hay muy poca paridad en los espais d’opinióY de las críticas tampoco se libra el programa de TV3 Polonia: “el machismo está muy presente en el humor”.

En cuanto a los diarios deportivos el sarcasmo es mayúsculo: “son los más leídos entre una población que lee poquísimo, lo que sea”. Eso sí “utilizan mujeres en bragas y sujetadores para atraer a más lectores” y no entiende que no pongan “también fotos de hombres con o sin ropa interior”.

La publicidad también sale muy malparada pues queda claro que “somos evaluadas desde una mirada masculina”; y si se trata de vender productos farmacéuticos o de higiene peor; ahí resalta un artículo de Mónica Planas en el que señala que en esos anuncios aparecen “mujeres inseguras… problemáticas, defectuosas y desorientadas”.

El análisis de las profesiones y trabajos también están incluidos en este nivel Elemental. En el Medio, Natza Farré repasa la Política, la maternidad y la familia y en el apartado Superior desbroza la Cultura, las canciones, el lenguaje, los diccionarios más la violencia y la prostitución. Los ‘hechos para memorizar’ y las ‘evaluaciones’ en cada sección sirven para llegar hasta el Certificado, para quienes leen el libro. Anímense porque es muy pedagógico.

Natza Farré participará el día 6 de julio en el debate de la Universidad Progresista de Verano en Catalunya (UPECLos feminismos de ahora’, junto con la abogada  Laia Serra y la filósofa Fina Birulés, en una mesa que moderará la periodista Laia Soldevila.

 

 

(*) Link al articulo (1)* ‘Todos (hombres y mujeres) deberíamos ser feministas’ (1)*