Mujeres, Paz y Seguridad. 15 años de la Resolución 1325

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Empoderamiento y Liderazgo - Paz y Resolución de conflictos

Tica Font ICIP

Tica Font


"Las mujeres somos víctimas de las guerras y queremos protagonismo en la lucha contra ellas"

Este año se cumplen quince de la aprobación por parte de Naciones Unidas de la resolución 1325, que incorporaba la perspectiva de género en los procesos de paz y consolidación de la seguridad.

 

Rectificaba así el olvido de esta cuestión en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948.

 

Coincidiendo con este aniversario, el Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) organizó, el martes 3 de noviembre, con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, una jornada internacional sobre "Mujeres, Paz y Seguridad".

 

La conferencia inaugural corrió a cargo de la activista libia Alaa Murabit, de la organización "La voz de las mujeres libias" y participaron en la jornada destacadas activistas de nuestro país y de otros como Colombia, Uganda o Bosnia Herzegovina.

 

Tica Font es la directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz.

 

Si nos tuviera que ofrecer, de comentar unas conclusiones de la jornada "Mujeres, Paz y Seguridad" ¿qué nos diría, qué nos explicaría?

 

Tuvimos sentimientos contrapuestos. Cuando se aprobó la resolución 1325, en 2000, la mayoría de organizaciones de mujeres tuvieron una gran alegría, porque consideraron que, por primera vez, los problemas de las mujeres, la agenda de las mujeres, se reconocía a nivel internacional. Fue un reconocimiento no sólo del

 

papel de víctimas de las guerras sino del protagonismo que tenemos al intentar superarlas.

 

Pasada esta alegría y después de quince años, tenemos que lamentar la escasa implementación de la resolución. Algunos países han hecho planes de acción pero no los dotan presupuestariamente y no actúan. Y, a veces, cuando actúan no han cambiado el chip. Siguen siendo planes donde son los hombres los que se desplazan o deciden cómo actuar en los países en guerra. Muchas mujeres se quejaban en la Jornada de que la resolución la leen diferente los hombres y las mujeres. Esto genera insatisfacción en el resultado de su aplicación durante estos 15 años.

 

Los únicos que se lo han tomado en serio han sido los militares y los ejércitos. Hay más mujeres militares y más mujeres participando en las misiones internacionales. Entre un 9% y un 10% de mujeres participan en estas misiones militares. La experiencia nos dice, sin embargo, que en las mesas de negociación de paz desde el 2000 hasta ahora las mujeres siguen sin participar.

 

En esas negociaciones de paz vemos muy pocas mujeres

 

De esto se quejan. En la realidad, cuando hay una guerra, suelen las mujeres quienes, a nivel local, juegan un papel importante en la prevención y la negociación. Cuando se trabaja en el campo para buscar alimentos, para sobrevivir, son ellas las que piden a los grupos armados que no las agredan. Y son ellas las que se enfrentan a estos grupos para que no se lleven a sus hijos, ya que son los únicos que pueden hacer que la familia salga adelante. Todo el mundo reconoce que la esencia de la construcción de paz a nivel local la tienen ellas, pero cuando se trata de hablar, de negociar, los hombres ya no las consideran. Como si no tuvieran elementos a aportar, experiencia o necesidades. Ellas saben lo que quieren, tienen su mesa de reivindicación de la paz, pero no son escuchadas, no participan. Siguen siendo espacios sólo para hombres.

 

¿Destacaría alguna de las aportaciones a la Jornada?

 

Me impresionó la juventud y la energía de la libia Alaa Murabit, pero quizás destacaría la intervención de la ugandesa Ruth Ochieng. Lleva media vida trabajando con las mujeres. Considera que se tiene que abandonar el lenguaje internacional de Naciones Unidas y volver al lenguaje de las mujeres que piden lo que necesitan en los momentos de guerra. Que si los estados hacen una mesa de negociación de la paz, las mujeres tienen que hacer cien, mil mesas de negociación de la paz, a partir de las comunidades de base e ir construyendo la paz que quieren.

 

En el documento de presentación de la Jornada se lee que, tras 15 años de aprobación de la resolución 1325, se han hecho avances pero queda mucho trabajo por hacer. ¿Con qué parte del análisis nos tenemos que quedar? ¿Satisfacción por el camino recorrido o insatisfacción por el que aún queda pendiente?

 

En la Jornada había insatisfacción, pero no paralizante. La sensación es que hace 15 años reaccionamos de forma demasiado eufóric. Lo celebramos demasiado, pensando que enseguida tendríamos un protagonismo importante. Nos hemos dado cuenta de que no ha sido así. Hay que seguir trabajando sin perder el espíritu combativo que las mujeres han tenido siempre. Debemos continuar aplicando nuevas estrategias. Si hemos comprobado que la mayoría de estamentos están regidos por hombres y no dejan espacios a las mujeres, vamos nosotras a crear nuestros propios espacios y conseguiremos que nuestras propuestas sean escuchadas.

 

Una de las conclusiones de la Jornada es que las mujeres llevan muchos años luchando contra la guerra y por lo que no estamos es por adoptar una visión de género de la guerra.