"El tiempo que te quede libre (dedícalo a mi)"* (II)

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Opinión - Opinión: Vida Cotidiana

 

patricia martinez


OPINIÓN (segunda parte)

Las mujeres llevamos muchos años tratando de encajar primero, y de sobrevivir después, en lógicas de vida que nos son ajenas; nos incorporaron a la participación de una democracia que habían inventado otros y en la que cuatro años se deciden en un acto y en un día.

Nos pautaron la aparición en la escena pública a partir de las necesidades que creyeron que debíamos cubrir en la escena doméstica; nos enseñaron a las mujeres que querer de verdad es estar pendiente y nos han incorporado a un sentido de lo profesional y de lo laboral que nosotras no hemos diseñado, en el que se nos calcula a partir de una lógica de estar, de entrega y de permanencia que nada tienen que ver con nuestro sentido de la vida. Se nos quita el tiempo para llenárnoslo de sentidos que nos hacen entrar en crisis porque no son nuestros y luego, con el poco tiempo que nos queda, entramos en contradicción permanente.

A las mujeres se nos incluye muchas veces con cargos y responsabilidades que no nos dejan ejercer para que sintamos la obligación de obedecer a quien nos los otorga. Se nos pide confidencialidad, silencio y se nos exige que no cuestionemos nada. A veces, incluso, nos convencen para que pongamos mala cara a otras mujeres que reivindican libertad para ser y en ocasiones se nos cede poder para que lo ejerzamos sobre ellas. La que se va más tarde de la oficina es mejor profesional que la que se va a buscar a sus criaturas al colegio.

Las mujeres que no nos sentimos bien con la pre-significación de nuestro tiempo, con el lidiar con la presión social sobre el momento adecuado para ser madres, o el no serlo, con la presión sobre el buen sentido de lo profesional que nos arrebata los tiempos en los que necesitamos estar hablando o sintiendo en vez de mirando el reloj para que llegue el momento de fichar -porque el trabajo ya lo hemos hecho- ,  con el jefe que nos ningunea porque no nos entregamos a sus causas de lealtad y de renuncia, las mujeres que no queremos otra cosa que producir a nuestra manera, nos reunimos los fines de semana y dejamos escapar continuamente un "¿montamos algo?" que nos permite soñar, pero también nos enredamos continuamente en la planificación de nuestros sentimientos y en la distribución de nuestras emociones. 

La idea tradicional de "el tiempo lo cura todo" significa, en realidad, que las cosas las llegamos a vivir bien cuando nuestro tiempo está en armonía con ellas. en algún momento llega la conjugación, por eso esperamos “la cura”, pero entonces usamos el tiempo como transcurso hacia el momento vital ideal mientras en el día a día nos vamos viendo absorbidas, vaciadas, agotadas y despojadas de energías. 

Al jefe no le decimos nunca "¡esto no es prioritario ahora, qué impaciente e irracional que eres!", pero a la pareja sí.

El móvil del trabajo lo miramos antes de irnos a dormir “por si ha llegado algún correo urgente”, pero la gestión que hacemos del móvil personal para conjugar sentimientos o emociones con otras personas es bastante más fría.

Nos agobian los mensajes en el móvil cuando llegan a destiempo: podemos hasta entretenernos en hacer el amor por mensajería instantánea cuando nos apetece, pero si llega un mensaje que no queremos vivir elaboramos discursos sobre el derecho a responder "cuando tenemos el momento apropiado" y defendemos nuestro reparto del tiempo alegando que "he respondido ocho horas después porque estaba ocupada, ¿cómo es posible que no entiendas algo tan básico?"

Defendemos nuestro derecho a la autogestión, a la defensiva, en aquellos espacios vitales en los que no se abusa de nosotras y podemos respirar, pero lo tenemos mal para defenderlo en los que no existe el aire y para sobrevivir hemos incorporado las estrategias de otros. 

Parece que lo hemos desordenado todo mucho: a quien nos roba el tiempo y nos hace sentir, entonces, poco vivas, le damos las gracias imitando sus propios gestos y a quien queremos le administramos el tiempo que nos queda libre porque si no, no nos sentimos dueñas de nosotras mismas.

 

*He dado este titulo al texto recordando una canción que siempre escuché de la voz de María Dolores Pradera.